Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

El Individualismo Tocado

Publicado en Expansión, martes 4 de abril de 2006

La teoría económica convencional sigue siendo individualista valorativa y metodológicamente. El liberalismo en general no encuentra problema alguno en la noción de individuo y éste, a diferencia de la colectividad, es la medida de todas las cosas. Ambas corrientes, la económica y la sociopolítica, coinciden por lo tanto en este asunto del individualismo.

Pues bien, pretendo argüir que liberalismo y teoría económica van a tener que replantearse su individualismo en la medida en que hay ya ciertas ideas en el aire que permiten pensar que el agente individual no es necesariamente la partícula elemental más apropiada para el análisis de las relaciones humanas.

La reciente rama de la economía relacionada con la neurología, y denominada “neuronomics“, sigue la exitosa senda recorrida por la aplicación de la psicología a las decisiones individuales. Considera el cerebro como un conjunto de sistemas diferentes, y más elementales que el individuo, y se pregunta si el análisis del juego en el que se ven envueltos estos sistemas no podría explicar fenómenos que hasta ahora se escapan al análisis ortodoxo.

Por otro lado la politología se plantea el análisis del “dilema del discurso“. Antes de decir en qué consiste este dilema quiero hacer notar que la decisión que la democracia deliberativa toma respecto frente a él lleva, creo yo, a considerar la posibilidad de que un grupo pueda ser dotado de algunas características que creíamos asociadas sólo al agente individual.

Empecemos por el dilema discursivo. Se puede presentar de muchas maneras, pero yo voy a plantearlo mediante un ejemplo muy simplificado. Pensemos en un Gobierno formado por tres individuos, A, B y C, un presidente y dos ministros. Este grupo tiene que decidir por mayoría si da vía libre a una OPA determinada.

Cada miembros de este gobierno considera dos argumentos: si la OPA mejora la competencia o la empeora y si resulta o no en un campeón nacional. Cada miembro del Gobierno razona de manera tal que un juicio afirmativo sobre cualquiera de los dos argumentos, o sobre ambos, le lleva a emitir un juicio positivo sobre la admisión de la OPA, siendo este juicio suyo negativo sólo en el caso en el que piense que ni se mejora la competencia ni se crea un campeón nacional. En esas circunstancias puede darse la configuración de opiniones reflejada en la matriz adjunta.

El dilema es evidente cuando se utiliza la mayoría como decisión del grupo. Si el Gobierno vota directamente sobre si admitir o no la OPA, la tercera columna nos dice que la van a admitir. El individualismo a ultranza genera una respuesta positiva.

Pero pensemos que el Gobierno procede en dos pasos. En el primero decide si la OPA mejora o no la competencia. La primera columna nos dice que el Gobierno piensa, por mayoría, que ese no es el caso. En el segundo paso el Gobierno decide, también por mayoría, que la OPA tampoco consigue un campeón nacional. En esta situación el Presidente utiliza la forma de decisión supuesta para cada individuo y el Gobierno rechaza la OPA.

Un individualismo no tan directo como el anterior; pero individualismo al fin, nos lleva pues al rechazo de la OPA. En este segundo tipo de individualismo más matizado el grupo ha sido considerado como un individuo a efectos de que el Presidente decida según el procedimiento previsto.

Desde un punto de vista formal podríamos quizá afirmar que el grupo es “irracional” porque agrega proposiciones de manera contradictoria. Sin embargo les puedo asegurar que J.C. García Bermejo ha mostrado que la irracionalidad no aparece si reconocemos que la aceptación de cada premisa no implica la aceptación de su conjunción y relajamos de manera natural el requisito de consistencia implícito en la idea de racionalidad.

Pero, a mi juicio, ese brillante resultado no debilita la idea de Pettit (“Deliberative Democracy and the Discursive Dilema“, Philosophical Issues, supp. Nous, vol.11, 2001) de que este segundo tipo de individualismo menos radical que opera sobre premisas debería ser el preferido. A grandes rasgos su argumento es que una decisión tomada de la segunda manera expuesta (que refleja un individualismo matizado y reconoce al grupo como tal) es más contestable que la alternativa y se puede discutir con mayor conocimiento de causa y que, por lo tanto, es preferible para quién defiende una democracia deliberativa que no sólo se fíe del voto; sino que pretenda guiarse por razonamientos.

Como estos últimos argumentos de Pettit me convencen, me veo abocado, ante mi sorpresa, a admitir que algunos grupos (no necesariamente cualquiera) como el Gobierno en el ejemplo, son algo más que una colección de individuos. Cuando esto es así el individualismo metodológico queda tocado, a pesar de la precisión sobre racionalidad de la me hecho eco.

Pensemos a continuación en un problema de decisión individual convencional como puede ser el de la elección entre consumo y ocio (o trabajo). Podemos imaginar, siguiendo a Brocas y Carrillo (“The bain as a hierarchical organization“, CEPR discusión papers,nº 5168, 2005), que el cerebro del individuo, o de la persona, está compuesto por un agente (el cortex paralímbico) que es caliente (impulsivo e impaciente) y el único que sabe lo que quiere y un principal (el cortex prefrontal) que es frío (“cerebral” y paciente), pero no sabe lo que quiere.

Estas dos “partículas elementales” entran en un juego o relación de agencia en la que el agente tiene más información. Por lo tanto el óptimo de primer orden no es alcanzable. El óptimo de segundo orden se alcanza haciendo que el principal proponga un abanico de pares, cada uno formado por cantidades de consumo y trabajo, y permitiendo que el agente elija uno de ellos.

Un análisis teórico convencional lleva a demostrar la emergencia de pautas de conducta sobre el consumo y el trabajo, diferentes de las habituales y que ahora no nos interesan como tales. Lo que sí nos interesa es preguntarnos qué podemos decir del individuo cuyo funcionamiento cerebral estamos modelando. Quizá podríamos decir que es como un grupo de “partículas elementales” que, por razones exclusivamente tecnológicas, hemos creído era el elemento primitivo del análisis hasta que hemos descubierto su estructura interna.

Estos dos ejemplos de desarrollos científicos ponen en jaque al individualismo y por lo tanto a la teoría económica y al liberalismo. Pero lo hacen de manera desigual. Ambos relativizan el sacrosanto individualismo metodológico. De acuerdo con las ideas neurológicas el elemento primitivo del análisis puede no ser la persona; sino el cortex prefrontal, digamos, que actúa con las restricciones que le impone el cortex paralímbico. Las opiniones de aquel no son extraíbles a la luz por lo que no parece que vaya ser sujeto de deberes u obligaciones.

Sin embargo, de acuerdo con las ideas del ideario republicano, el mayor elemento agregado permitido en el análisis politológico puede no ser la persona; sino que cabe, en ciertas circunstancias, que sea un grupo. Sus opiniones son visibles y puede ser sujeto de derechos y obligaciones.

Pero y ¿el individualismo valorativo?. Hecho añicos. No por la “neuronomics” todavía; pero sí por las exigencias de la democracia deliberativa. En este estadio de la aventura intelectual creo que los liberales y los economistas convencionales tenemos un problema para el que no tenemos respuesta.

¿Y qué? dirán los demás, todos lo que no se dedican a la teoría económica o no van de liberales. Pues que no pueden encogerse de hombros porque, en el estadio actual de estas ideas, podemos estar ayunos de respuestas a problemas delicados que pueden presentarse.

En una dirección podríamos pensar, por ejemplo, que hay algunas decisiones que deberían ser tomadas exclusivamente por el cortex prefrontal; pero que como no podemos extraer su opinión, es posible que el individuo de cuyo cerebro estamos hablando nos pidiera, o que estemos legitimados a pensar que nos pide, a pesar de lo que creemos que diría, que hagamos las pensiones obligatorias o que le prohibamos fumar. Esto me parece, como mínimo, peligroso, aunque no tiene por qué parecerse a la eugenesia.

En la otra dirección parecería que si queremos una democracia con argumentos, debemos estar dispuestos a admitir que algunos grupos sean aceptados como relevantes en sí mismos a efectos de tomar decisiones. En un Parlamento, por ejemplo, tomando a cada grupo como un individuo es posible que se decida una cosa y que en un referéndum se decida la contraria. A mí también me suena esto último y me tranquilizo pensando que la mayoría de las Constituciones tasan los referenda admisibles. Los mínimos para no caer en una democracia sin argumentos.

«El Individualismo Tocado» recibió 0 desde que se publicó el Martes 4 de Abril de 2006 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.