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El impostado ensalzamiento del servicio público

Muchas de las notas necrológcas que se han escrito in memoriam de L.A. Rojo (o de A.Madroñero) destacan con admiración, y sobre todo respeto, su vocación de servivio público. Realmente su carrera fue un ejemplo de servicio público, incluso como profesor.

Añado esto último pues la mala prensa con la que últimamente se premia a los profesores numerarios o no numerarios de las universidaes públicas parecen olvidar que su labor como servidores del Estado merece un reconocimiento más allá de las dicusiones sobre su dedicación o calidad.

Me ha parecido sin embargo chocante que casi todos los autores de esas necrológicas sean a su vez servidores públicos, funcionarios, que en casi su totalidad se han pasado al sector privado, generalmente financiero. Esto no quiere decir que no fueran buenos servidores públicos mientras lo fueron, pero sí creo que esa circunstancia pone en duda la llamada “vocación” hacia el servicio público.

No hay en la mayoría de las carreras funcionariales nada que exija “vocación”. Los cuerpos de élite como notarios, registradores, etc. ingresan lo suficiente, mediante el expediente de regular la oferta, que no creo que haya que buscar incentivos específicos para justificar el exceso de oferta potencial evidenciada por los resultaodos de las opisiciones. Los otros cuerpos menos destacados, entre los que se encuentran los profesores, de universidad o de enseñanza media, así como economistas o abogados del Estado,quizá exijan un poco más de “vocación”, docente y/o investigadora o intelectual en general, pero siguen siendo una manera de ganarse la vida más que dignamente.

Sin embargo no creo que se pueda discutir que el ingreso por oposición en casi todos los cuerpos a los que se ha hecho referencia puede entenderse como un escalón hacia el paso a “la privada” y en puestos muy destacados y con ingresos abultados. Cosa ésta que me parece inteligente por ambas partes, las empresas que los incitan a pedir la excedencia y el funcionario que ve multiplicada su renta por un factor significativo y, en general, con reserva de plaza.

Pienso que este no era el caso de Madroñero y tampoco el de Rojo, a pesar de la pertenencia de este último al Consejo del Banco De Santander. Aunque también es verdad que en su época el coste de opotunidad de un funcionario del Estado era mucho más pequeño que lo que ha sido en los últimos años.

Por todo esto pienso que el aprovechamiento de un obituario para impostar la virtud o algunos rasgos de caracter del finado es una labor delicada que debe ser hecha con cuidado. Aunque solo fuera para que los futuros histriadores cuenten con un material veraz.

«El impostado ensalzamiento del servicio público» recibió 0 desde que se publicó el martes 7 de junio de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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