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El hacerse de Europa

Las elecciones francesas, una vez que se sepa quien es el ganador de la segunda vuelta, serán como el pistoletazo de salida de la nueva discusión sobre la Constitución Europea.

Quisiera hacer unos comentarios al efecto a partir de una visita a Oxford sigiuiendo el programa de mi nuevo trabajo.

Hací­a mucho tiempo que no habí­a estado en ese lugar privilegiado y visité a toda velocidad muchos lugares llemnos de recuerdos. Y volví­ a mirar a los billetes de las libras esterlinas. El gran Newton está el el billete de una libra y Darwin en el de diez libras.

La diferencia me pareció significativa. El subcinsciente colectivo se refleja en el diseño de los billetes de curso legal: los británicos prefieren realmente a Darwin que a Newton y eso explica sus reticencias a cualquier cosa que suene a Constituciñon europea.

La suya, no escrita, es un ejemplo de conjunto normativo generado de forma evolutiva sin ningún a priori análí­tico. De ahí­ que se resistan a expesar por escrito las normas de la convivencia en un texto que una vez fijado es difí­cil de cambiar. Sobre todo porque no hay garantí­a alguna de que su fijación se haga mediante algún procedeimiento a prueba de errores.

Los continentales somos Kantianos y los británicos Humeanos. He ahí­ la diferencia.

Es conveniente no olvidarla a efectos de la construcción europea. Con Constitución o sin ella Europa se irá haciendo mediante un procedimiento de trial and error que repele a los cartesianos y kantianos en general que creen en el conocimiento a priori. Para los Humeanos esto no tiene sentido: las normas de convivencia serí­an el sedimento de un proceso evolutivo.

Si enfreatamos a un continental con un británico lo más probable es que el primero malinterprete la intención del segundo considerándola como una estrategia estática que pretende paralizar la entrada en vigor de una normativa racional y óptima en algún sentido. Puede que haya algo de eso; pero no deja de ser razonable la posición británica que huye de lo que no sea una evolución que ha de probar su mérito a medida que se desarolla.

Pensemos en Europa como un barco que sigue su rumbo después de una tormenta que lo ha desarbolado. Un continental pensarí­a en el puerto más cercano para reponer el mastil doblado y hacerse de nuevo a la mar con el mismo aparejo que tení­an y que conocen bien. Un británico no cambiará el rumbo y procurará improvisar una reparación in situ con los materiales que hay y siempre abiertos a inventar algo que, unque no sea óptimo es mejor, según ellos, que comenzar de nuevo.

La actitud británica me parece más abierta a la innovación y las posibilidades de la imaginación creativa.

«El hacerse de Europa» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 28 de Abril de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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