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El giro performativo de la realidad económica

En el libro de Fabián Muniesa se mezclan las dos culturas entre las que nos debatimos en España: la anglo y la franca. Esta primera afirmación explica cómo el libro es difícil para un anglo como yo.

Fundacion lui vuitonThe Provoked Economy, el ultimo libro de Fabiän Muniesa, que ayer sirvió como pretexto para mantener una interesante tertulia sobre nada más y nada menos que la realidad. Para que tengan una idea de su autor y de la variedad de sus conocimientos copio aquí una parte de lo que dice la wikipedia sobre él.

Fabián Muniesa: Fabian Muniesa is a senior researcher (professor) at Mines ParisTech (the Ecole des Mines de Paris). Originally trained as a sociologist, he has developped expertise in fields such as science and technology studies, economic sociology, economic anthropology and organization studies. His current areas of interest and research projects include: the sociology of finance, the anthropology of capitalism, the history of experimental methods in the social sciences, the pragmatics of calculation, and the politics of innovation. He is the direction of the Observatory of Responsible Innovation and the holder of an ERC Starting Grant

Todas estas facetas están presentes en «Provoked Economy. Economic reality and the performative turn». Yo creí haber batido un récord cuando en la publicación de Puzzles and Problems titulé: E(S(SK)) en donde E quiere decir Economía, S significa ciencia y SK quiere decir conocimiento científico en general y económico en particular. Es decir que me interesaba en aquel momento la economía del estudio científico del conocimiento científico. Yo entendía por semejante cosa la manera que un economista puede tener de entender cómo se decide científicamente lo que es cierto o no es cierto en los resultados que se pretenden científicos. En resumidas cuentas que ese título muestra que siempre me ha interesado la Metaeconomía y que sigo creyendo que esta cosa sería útil hoy cuando dudamos no sólo de la utilidad de la Economía, sino también de cualquier forma de distinguir entre unos y otros de sus resultados. Los campos de estudio de Fabián que he citado pueden ser una gran ayuda para sacarnos a los economistas de un pozo que pocos niegan. Todas esas líneas de estudio junto con la idea de reflexividad en general y la de retórica en particular acabarán siendo bienvenidas en un mundo, como es el de los economistas, que se encuentra un tanto mortecino.

Algo diré de todo esto tomando como pretexto este giro performativo del que escribe Fabián desde hace años pero, de momento, comienzo con una anécdota que pone en la línea de salida. Durante las vacaciones y con el libro de Fabián en la mochila hice, con un grupo de amigos, una escapada a París. Aprovechamos la ocasión para ir a visitar las exposiciones permanentes y las temporales de la Fundación Louis Vuiton localizada en el edificio de Frank Gehry en el Bois de Boulogne. No teníamos entradas compradas on line e hicimos una cola no muy larga que, en cualquier caso me hizo pensar algo a lo que me he referido en el blog después de la vuelta a casa. Escribí lo siguiente:

Mientras hacíamos cola para sacar entradas me percaté de que había otra cola por la que accedían aquellas personas que ya venían con la entrada sacada por internet. Esta cola era mucho más corta que la que yo estaba haciendo, un hecho este que me pareció incomprensible. En efecto, en el mundo de hoy en el que cualquiera puede acceder a internet la decisión de si sacar la entrada por la red o llegar al museo sin entrada parece ser un problema de decisión que depende de lo que pensamos que harán los demás que se plantean el mismo problema. Y como tengo que pensar que todos piensan como yo lo sensato es pensar que, dado que todos dudarán lo mismo que yo dudo, nos encontraremos que como media, las dos colas serán de la mismo longitud. Por si no se entiende este razonamiento piensese en el caso en que todos utilizaran internet con el resultado de que la otra cola estaría disponible para el primer despistado que llegara de forma que, ante esa evidencia, una vez conocida, nadie sacaría entrada on line. Pero entonces ocurriría lo contrario con el resultado ya indicado, de que esperaríamos encontrar dos colas de longitud similar hiciéramos lo que hiciéramos nosotros. Me pareció que este era un ejemplo de constructo social basado en la información y la racionalidad.¿Por qué no ocurría eso hace unos días? Solo se me ocurren dos explicaciones. Una, que todavía no ha pasado el tiempo suficiente como para que todo el mundo sepa que todo el mundo lo sabe. Otra, que los costes salariales totales de los porteros en una u otra solución sean distintos. No me puedo decantar por una u otra de estas dos posibles causas de la diversidad de colas pues me faltan datos. Me temo que tendré que volver dentro de un tiempo para saber si las cosas han cambiado.

Esta anécdota no es sino un pequeño ejemplo de cómo es la manera de pensar de un economista, una manera que tiene mucho de reflexivo y que, a través de esta reflexividad, puede llegar a hacer de su teoría algo performativo. Es decir algo que acaba conformando una realidad en algún sentido. Ya no es un misterio esa idea de la que escribí un post titulado John Austin: How to do Things with Words, especialmente cuando, siguiendo a Bruno Latour, creo, nos dejamos enseñar sobre la distinción entre Things and Objects, algo relacionado con la concepción de la ciencia en general como una forma, la única conocida, de transformar los enigmas (puzzles) en problemas o en otros puzzles que abren nuevos frentes.

Ahora bien, si he querido comenzar con esta anécdota es para enfatizar que en el libro de Fabián Muniesa se mezclan las dos culturas entre las que nos debatimos en España: la anglo y la franca. Esta primera afirmación explica cómo el libro es difícil para un anglo como yo. Y, sin embargo, sumamente retador pues se trata de una extensión (sin duda) y de una extensión en varias diferentes direcciones de la idea de Performatividad sin reducirla a la dirección Metaeconómica. El reciente libro de Muniesa tiene una vocación «inspiracional» y se desempeña muy bien en esa dirección en lo que respecta al mundo de los business compuesto por todo lo que se enseñan las business schools cada día más numerosas e internacionalizadas.Pero un economista se siente un poco extraño en ese mundo poblado de «cosas» como el back stage de un Banco de Inversiones, la presentación de un modelo de negocio para una firma cliente, la valoración de las cotizaciones en un mercado bursátil, el examen experimental de las preferencias de los consumidores, la realización de una campaña de publicidad como esas que tanto hemos disfrutado en Mad Men o el estudio de cómo manejar la administración pública. Estos no son sino casos prácticos del fenómeno que filosóficamente o sociológicamente nos tiene cautivados: el del status de la realidad.

¿Es esta realidad algo independiente de todo y que está ahí fuera esperando a ser encontrada y explicada por distintos instrumentos o es algo «construido» por esos mismo instrumentos de análisis que se utilizan para comprender?

Desde que François Lyotard nos complicó la vida con esto del posmodernismo no hemos podido librarnos de estos puzzles intelectuales en los que los francos son expertos; pero también los anglos, por simplificar, han hecho lo posible para arruinarnos la alegría de vivir de los economistas que creíamos que nuestra presencia en el mundo era similar a la de un científico natural ante un mundo externo prácticamente imposible de modificar.Pero ya hace tiempo que hemos perdido la inocencia y que nos hemos planteado problemas de performatividad cuyo examen quizá sirva para enriquecer la conversación entre sociólogos, antropólogos, etc. y economistas, esa conversación que tanto necesitamos los economistas en estas épocas en las que hemos perdido confianza en nosotros mismos. Una conversación que muy bien podría tener hoy su línea de salida. Yo traté de iniciarla hace años en un pequeño ensayo que en su día escribí para la Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía y dentro el volumen dedicado a La Economía y sus Métodos sobre la entrada Reflexividad.

En ese pequeño ensayo hay algunos ejemplo de Performatividad. 1) La curva de Phillips con expectativas racionales que en la medida que permiten que los agentes económicos sepan lo mismo que el economista no pueden permitir que se les engañe por la política económica que querría aumentar la inflación para reducir la tasa de desempleo. Ese engaño no es posible y, diría Lucas, la curva de Philips es vertical y por lo tanto inútil a efectos de Política económica. En la medida en que la política monetaria se ha revelado poco eficaz en la solución del problema del desempleo quizá podríamos decir que Lucas ha creado realidad, que la Teoría, en este caso económica, es performativa. 2) Otra área que sin duda se presta a seguir pensando sobre performatividad es la de las burbujas especulativas, un tema muy de actualidad tanto en la economía real como en la financiera (que no deja de ser real como bien nos recuerda Muniesa). Si todos supiéramos que no pueden existir en un mundo racional ejemplificado por el modelo standard de equilibrio general, pues quizá no existirían (salvo casos excepcionales) tal como nos mostró Tirol ya en el 82. Sin embargo, sabemos que en horizontes finitos o en situaciones en las que hay activos varios y diferenciados alternativos sí que pueden existir. Es decir que la performatividad en economía no es algo automático. 3) Unos cuantos años más tarde se podrían hacer ejercicios similares en el mundo de las finanzas tratando de sugerir que, una vez conocida la fórmula de Black and Scholes por parte de todo el mundo y en la medida en que todos sabemos que todos saben esa fórmula, no hay manera de ganar algo arbitrando de forma que el precio de los activos será el que es. En esta dirección se puede ir muy lejos tratando de entender cómo la performatividad genera incentivos al cambiar detalles de las formas de hacer las cosas para dar ocasión a la posibilidad de ganar dinero arbitrando en un mundo en el que existe el High Frequency Trading, algo de lo que se hablaba en este mismo escenario hace no mucho tiempo.

Y de estas novedades financieras, además de de la generalización de su extensiones se habla, entre otras cosas, en el libro de Fabián que, insisto, es una rica generalización de la performatividad hacia la Provoked Economy. Una generalización que se detiene en asuntos de los que los economistas deberíamos aprender como son la descripción, la simulación casi teatral o la «eficacia» en el sentido de «effect» o traer al mundo de la realidad a la antigua. Pero una generalización que no entra explícitamente en el mundo de la Metaeconomía o de la Metasociología quizá, en este último caso, porque la sociología siempre ha estado en ello. En la medida en que los economistas o algunos economistas se han planteado estas cuestiones me parece oportuno acabar mi contribución inicial a esta presentación llamando una vez más a la conversación entre economistas y sociólogos.

Un primer punto de interés de esta conversación consistiría en juntar fuerzas a efectos de avanzar en la discusión sobre la performatividad de esa Meteconomía (o Metasociología) en el sentido de saber si esas ideas meta generan instrumentos metateóricos como ocurría, por ejemplo, en el caso de la Teoría Financiera que generaba nuevos activos financieros. He aquí una idea que copio del ensayo citado y que se refiere a una forma de separar las ideas buenas de las malas mediante un mercado de ideas tal como sugería hace años Jesús Zamora

Si, por ejemplo, la metateoría que llamamos “mercado de ideas” se impusiera parece evidente que algunos metateóricos se considerarían llamados a instrumentar ese enfoque diseñando algunas formas de publicación de las ideas que permitieran el conocimiento suficiente de sus características como para que el mercado funcionara. De la misma forma que se puede pensar sobre la propiedad intelectual y su influencia en la innovación, se puede también pensar sobre ciertas formas alternativas de publicación que por cierto ya apuntan. En el primer caso cabe llegar a cambios legislativos. En el segundo a cambios en la manera de comunicar ideas. En el primer caso las nuevas formas de propiedad intelectual o su desaparición son el resultado de una teoría económica determinada, en el segundo caso las nuevas formas de circulación de las ideas pueden ser el resultado de una metateoría determinada: la que entiendo el quehacer económico como un mercado.

Un segundo punto de interés de la conversación que sugiero es crucial para los economistas que, como resultado de la crisis, se han dado cuenta (aunque no todos) de que necesitan abandonar su orgullosa independencia y acercarse a otras ramas del conocimiento sobre la realidad social, sea este la historia o, desde luego, la sociología del quehacer teórico-económico.

Podría añadir, como tercer punto de interés, lo que sería mi contribución a este inicio de conversación. Se trataría de lo que en su día denominé la Potencia semántica de la Retorica. Hay dos ideas que recuerdo. La moda como una forma de performatividad y, en segundo lugar, las diversas formas de filtrar las ideas, en paralelo o en batería que resultan, cuando los filtros no son perfectos y estamos en presencia de sesgos confirmatorios, en beneficios epistémicos diferentes dependiendo de la arquitectura del filtraje y de la riqueza ideética inicial.

Y termino reiterando mi deseo de comenzar esa conversación entre culturas que puede ser tan enriquecedora.

«El giro performativo de la realidad económica» recibió 2 desde que se publicó el jueves 30 de abril de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Pues menos mal @juan que según decías al principio del post, eras más anglo que franco…

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