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El gesto más radical

El Jueves 17 asistí como ponente al Maratón sobre Ciencia y Dinero organizado por Aurelia Modrergo para el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Me tocó hablar el primero y ceñí mi exposición a lo prometido:

El científico tiene una elación perversa con el dinero que escinde su subjetividad. Quiere ganar dinero para sentirse equivalente a los demás sin que sus huellas se noten. Pero también quiere dejar huella diferenciándose así de los demás.

Si escribo mi intervención con un poco de cuidadado utilizando mis notas escritas como siempre en diferentes colores de rotulador, prometo reseñar aquí lo que de ello resulte.

Pero no es de eso de lo que quería hablar, sino de la intervención de María LM que leyó con una cierta pasión unas notas pulcramente escritas a máquina según podía yo ver desde mi posición en la mesa. El resumen que presentó era prometedor:

Por más que en terminología económica Las Letras supongan en principio, promesa de dinero, y el papel moneda, realidad fantasmática y semiótica del mismo, el mundo universitario de Las Letras parece reacio a inscribirse en ese discurso por el que discurre la comunicación intersubjetiva. Empeñados a menudo en una labor “monumental” de rescate y recuperación de un pasado humanista al que no conseguimos despertar, olvidamos que niestro objetivo debe ser no la transmisión del saber sino la creación del mismo, y que los cambios de paradigma radicales han venido siempre precedidos por la pregunta clave del pensador,, filósofo y hombre/mujer de “letras”. Ni capitalismo sin Calvino, ni imperialismo sin mapa, ni ilustración sin Kant, ni revolución sin Marx. Ni digitalización sin filosofía del lenguaje. Trataré de poner en circulación algún mapa contemporáneo que pueda encontrar en las letras una libre circulación de capitales no solo humanos.

Y no defraudó a una audiencia hipnotizada por el angel de la muerte de Bejamín anunciando el futuro aunque siempre mirando para atrás, por un maravilloso poema de Baudelaire y, sobre todo, por la historia de los monjes medievales copiando un libro sobre vitela o piel de ternera extraída a vacas que acabaron cambiando el régimen alimanticio de los franceses. Ese único libro, inmensamente caro en términos de rebaños, era un capital que circulaba sin posiblidades de reprodución.

Pero el punto álgido de la velada llegó con su gesto radical de rasgar sus folios a medida que los recitaba. No sé si tenía copias de los mismos en su ordenador; pero el efecto era tan situacionista que no me pude refrenar y llamé la atención sobre ese gesto a voz en grito.

Sin inmutarse María prosiguió su lectura al tiempo que rasgaba aun más finamente aquellas hojas de papel (obsoleta ya la vitela) que contenían el resultado de un esfuerzo personal perceptible. Esta falta de codicia me sumió en un estado de perplejidad que dificultó mi seguimiento de sus preciosas ideas sobre cambios de paradigma, circulación de conocimiento, la triple virtualidad del eros, maniefestada en saber ( asociado a los mapas), poder ( asociado a las cartas) y deseo erótico propiamente dicho, así como sus inteligentes alusiones a la modernidad líquida asociada a un continuo fluir inasible y dibujado en una especie de panóptico inverso donde nos movemos sin parar y nuestros controladores no mutan su posición.

Todas estas figuras desfilaban delante de mí sin que yo pudiera agarrarme a ellas fijada mi visión en una multitud cada vez más desordenada de trocitos de papel ya para siempre imposibles de recomponer en el texto regalado a una audiencia silenciosa como un pez en la profundidad del mar.

Y de repente se me abrió la mante y pensé que aquí estaba, en un improbable lugar del Madrid castizo, lo que Sadie Plant buscaba con ahinco: el gesto más radical., algo sobre lo que ya he escrito en alguna ocasión

Discurría brillante un discurso que ya atacaba al corazón de nustra terrible experiencia de migrar desde la ciudadanía hacia la dolorosa subjetivación que utiliza la coartada de la identidad para evitar la horrible soledad de producir nuestra propio individuo e iba terminando regalándonos la figura del nómada como figura de nuestro tiempo.

Efectivamente el nómada no cargará con el peso de sus ideas en papel sino que las olvidará para que puedan ser reemplazadas por otras cada vez más brillantes y sugerentes. No hay límites a la capacidad de creación.

El gesto más radical converge, en efecto, con la lógica de la abundancia. Prero de esto hablaremos otro día.

«El gesto más radical» recibió 5 desde que se publicó el Domingo 20 de Diciembre de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  3. […] Me encuentro rodeado de conservadurismo de viejo en todos los órdenes de mi vida. Nos estamos convirtiendo en pensionistas irritados, en rentistas malhumorados. Seguro que se debe a que peligran nustras pensiones y el sustento diario. Pero podrí­amos reaccionar contra los que hacen las cosas que producen las dificultades y rebelarnos contra todo en algún gesto radical. […]

  4. […] ésta parezca llevar a algún sitio. No se puede no estar dimitiendo todo el tiempo. Esto sí es el gesto más radical, algo totalmente incomprensible para la implícita y enraizada cultura dominante entre nosotros. […]

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