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El existencialismo. En la muerte de Mosterín

Quiero vivir en la epoché.

Jesus MosterinEspero que nadie espere de mí un trabajo serio sobre las posibles relaciones entre J.P. Sartre u otros existencialistas por un lado y Jesús Mosterín por otro. Seguro que este último escribió sobre existencialismo pero no estoy al tanto de toda su obra pues no era un filósofo para aficionados. Sin embargo Jesús Mosterín es alguien que siempre ha estado en mi mente pues le conozco desde tiempo inmemorial.

Al leer el in memoriam de Mosterín escrito por Sádaba (otro filósofo bilbaino) recordé que siendo un poco mayor que yo en el colegio bilbaino al que asistimos se hizo famoso en mi círculo de amigos porque se contaba que un verano había ido a París y había contactado con con nada menos que Sartre en alguno de esos cafés de la Place Saint Germain que he seguido visitando con unción tratando de residir siempre en un hotel cercano no lejos del cementerio donde descansan los restos de Sartre y de Simone de Beauvoir.

Hace unos días, antes del fallecimiento de Mosterín, mi amigo JRC contó en una cena y como de pasada, que ya casi fuera de la Universidad, se dedicaba a leer y que acababa de leer un ensayo interesante sobre el existencialismo. Le pedí que me enviara la referencia para comprarlo y rejuvenecer mi pensamiento leyéndolo. Sin embargo al día siguiente y con ocasión de la presentación del último libro de J.Zamora, encontré su traducción en la librería Meta: En el Café de los existencialistas de Sarah Bakewell y me hice con él inmediatamente. Estoy embebido en su lectura pues mi manera de pensar y mi forma de ser son el resultado, veo ahora, de todas esas lecturas que cruzan el pensamiento alemán fenomenológico de principios del siglo XX (Husserl e incluso Heidegger) así como de la posterior escuela de Frankfurt, de mis citados”amigos” parisinos cuya obra adquiría de extranjis en Biarritz, de algunos ejemplares de un autor perdido británico (por ejemplo el Colin Wilson que descubrí en Oxford antes de ir a hacer el doctorado en los USA) y no pocos americanos que fui descubriendo in situ incluyendo el frankfurtiano emigrado Marcuse. Además de mis amigos con los que permanecí en contacto a pesar de que recorrimos separados los numerosos acontecimientos de la revolución del 68, el gran acontecimiento de nuestras vidas que nos llegó a aquella España cerrada y que, en cualquier caso, subyace a todo el siglo XX.

Estos días del puente de la hispanidad me han enseñado algo que creo poder relacionar con este existencialismo en el que he vivido más o menos conscientemente. Hasta esta ocasión mis paseos diarios resultaban centrados en los recuerdos de lugares, personas o acontecimientos del pasado que permanecen en mi memoria. Recuerdo casas elegantes que ya existían en mi infancia y de donde salieron chicos de mi edad que recuerdo bien y de los que me han hablado estos días. También recuerdo bien esas otras casas más modernas que se fueron construyendo durante todos estos años o aquella ocasión en la comenzó mi conocimiento de la humildad al ser derrotado en una prueba oficial de velocidad. Todo esta memoria me envejece y está en el origen de mis malas vibraciones con este lugar y sus gentes.

Todas estas influencias existencialistas han renacido estos últimos años y creo que algo tienen que ver con las lecturas mencionadas así como que debo aplicarlas a algo de mi momento. Por ejemplo ¿dónde vivir?. En Bilbao hay muchos barrios nuevos; pero todo lo de esta mi Ciudad me parece de toda la vida, o algo así. ¿En Madrid? Lo pateo sistemáticamente pero no haría falta pues todo me parece siempre nuevo. Ante la soledad de la jubilación quiero decidirme y cambiarme a ese lugar donde pueda yo cambiar y reconciliarme con el lugar y sus gentes.

Quiero pasar del dasein o estar en el mundo a la consideración de un mundo en sí mismo sin contenido variado. Es decir quiero vivir en la epoché. Para ello no tengo más remedio que rascar mi memoria con papel de lija y fijarme solo en la situación externa hoy de cosas y personas como ya empecé a hacer cuando decidí que LA no es La sino Gales, o mejor Cornualles.

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