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El escandaloso silencio de los que saben

Ayer apareció en Expansión un artí­culo mí­o bajo el tí­tulo ¿Qué hacemos? Un toque de Heterodoxia y que dentro de unos dí­as aparecerá colgado en este blog. Era un intento de poner orden en el pensamiento económico sobre la situación económica actual y no era nada original para los que hayan seguido algunos posts recientes de este blog.

Me gustó leer el mismo dí­a el artí­culo semanal de Martin Woolf en el FT en el que, desde una perspectiva muy distinta, alcanzaba algunas conclusiones no opuestas a las muy generales a las que yo llegaba. Mi preocupación era el diagnóstico de la situación y la suya era, más bien, cómo incorporara las lecciones aprendidas en los últimos meses a la regulación financiera. A pesar del distinto enfoque en ambos artí­culos se decí­a o se insinuaba la posible reordenación internacional del sector.

Pero no es de estos posibles paralelismos de lo que quiero hablar, sino de la necesidad de que no dejemos estas discusiones públicas sobre la situación a los polí­ticos, pocos de los cuales están preparados para encararlas con conocimiento suficiente. Por eso es maravilloso que Michele Boldrin escriba con su natural facilidad y su desparpajo sobre qué está pasando en el último número del BIAM del Instituto Flores de Lemus de la Carlos III.

Por mi parte, y aunque no es gran cosa lo que escribí­ en Expansión ni yo soy una gran autoridad en macroeconomí­a aplicada, he tratado de compartir con quien quiera alguna idea, aunque sea heterodoxa, que fuera más allá de las vulgaridades que los políticos en campaña nos ofrecen en este frente económico que se ha abierto con seis meses de retraso.

No hay derecho ni motivo para que gente capaz, joven, brillante, con conocimientos teóricos y cuantitativos y sin posibles ocultos intereses privados relacionados con la banca de inversiones para la que trabajan, callen y nos priven de sus comentarios disciplinados.

Ya sé que sus incentivos profesionales están en otros lugares. También sé que sus comentarios inteligentes serí­an ahogados en en el estruendo de la vulgaridad circundante y, a pesar de todo, creo que la profesión deberí­a poder orden en el discurso económico preelectoral.

Como ejemplo de lo que como profesión deberí­amos ofrecer a la sociedad en estos momentos sirva el reciente artí­culo de Gilles Saint- Paul que apareció en Vox ese intento on line de abrir la ciencia a la discusión general e inteligente.

Pienso pues de los economistas lo mismo que he pensado hace años y sigo pensando hoy sobre los catedráticos de derecho procesal, que deberí­an aclararnos a los legos. Bien de algunas de las insufribles fases de alguno procesos, bien de los intrincados funcionamientos de un sistema económica moderno.

Los silencios de los economistas y de los procesalistas son dos silencios escandalosos que revelan la desestructuración de nuestro sistema universitario y también de nuestra sociedad que no quiere saber de nada y prefiere bailar hasta el amanecer al son de un bombo.

«El escandaloso silencio de los que saben» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 7 de Febrero de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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