Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

El ensayo

Tenía un poco de tiempo para llegar al hotel y acompañar luego a Machalen al ensayo con todo en el teatro; pero su subconsciente le retuvo distrayéndose por las calles entre la estación de ferrocarril y el hotel pensando que no quería ver de fente a esta directora a la que quería desde hace muchos años sin pasar previamente por la música pues ella le habría preguntado por Mercedes y no deseaba verse obligado a mentir o a ocultar parte de la verdad. Quería comentar sus sospechas sobre los dineros de Mercedes y Ramón y sopesar la conveniencia de imitarles en caso de que esas sospechas se confirmaran; pero algo tan poco espiritual debería esperar al día siguiente del concierto. Así que esperó a estar seguro de que ella habría salido ya para el teatro y pasó por el hotel para cambiarse y afeitarse cosa que no pudo hacer en Basilea pues no debía haber pasado la noche allí y no contaba con los adminículos necesarios.

Ya era un conocido para los porteros del teatro y de su director con el que se topó justo al llegar a ese centro musical casi mítico y que le acompañó hasta el palco izquierdo desde donde Juan divisaba con toda claridad los timbales y los juegos de manos del timbalero. Nadie, a excepción Machalen, sabía por qué esa manía, pero él sí que lo sabía y no estaba dispuesto a renunciar a ella pues le devolvía a la época que llamaba la del Dueño de los timbales. Además, esa posición le permitía retrasarse hacia la parte oscura del palco y seguir viendo los timbales mientras nadie podía verle a él y lo que él miraba. Y así podía distraerse y, una vez imaginados y memorizados sus comentarios sobre el ensayo, pasear su mente por sus preocupaciones propias siempre relacionadas con el por qué y el cómo del ejercicio de su profesión investigadora.

Había llegado a Lucerna con una idea rara que quería desarrollar antes de comentarla con Ramón y plasmarla en su pequeño nuevo cuadro que reflejaba su producción más reciente y que acabaría influyendo en el tono del lienzo de fondo. Los dos últimos años que llevaba en Madrid había comentado muchas veces con Ramón la presunta naturaleza de la investigación que uno y otro creían practicar. Decían perseguir el conocimiento en el campo de la Economía aunque Ramón se especializaba en lo que genéricamente llamaba microeconomía mientras que Juan había sido contratado por sus aportaciones sobrela macroeconomía aunque realmente él perseguía la unificación de ambas ramas hasta construir toda una historia mítica de esa relación entre las personas que se denominba Economía y que no podía cicunscribirse a, por ejemplo, esa rama especializada en Comercio internacional porque la exsitencia de Estados era un añadido espúreo que empobrecería lo mítico de la historia que perseguía. Esta necesidad de creer posible su conversión en el Shakespeare de la ciencia social era su secreto y nadie la hubiera podido descubrir por mucho que estudiare su C.V. plástico que podía explicar de mil falsas maneras.

Es posible que Ramón también ocultara segundas o terceras intenciones en su investigación; pero de momento parecía como si ambos se encontraran satifechos hablando de información y de conocimiento del sistema económico y de su organización. O todavía con mayor precisión dándole vueltas a la manera de conocer todo lo que se había escrito sobre los detalles del sistema bien por las autoridades nacionales de uno u otro país, bien por los científicos qque perseguían su explicación a fin de crear conocimiento sobre el cual, ellos mismos u otros colegas, podían continuar con su exploración. Resultaba que se complementaban pues Ramón era un ratón de bilioteca y sabía todos los datos publicados aquí o allí e incluso los creaba a partir de su investigación o de los experimentos que se deleitaba en montar mientras que Juan decía tratar de poner orden en esos datos y convertir esa masa informe en un cierto todo ordenado a través de una manera de pensar especial a la que él pertendía aportar algo. A veces se reían de sí mismos declarando que Ramón era un técnico y Juan un filósofo. Sin embargo ninguno de ellos había confesado nunca explícitamente su deseo de ser un artista, un verdadro creador que no estudiaba nada sino que creaba novedades más o menos materiales.

Juan había venido a Lucerna para explorar más profundamente la posibilidad de ser un creador pasando de la información y el conocimiento a esa sabiduría que transformaba la naturaleza del pensamiento. Era eso lo que Moisés tenía sobre Aaron, algo que ha hecho de él el fundador de un algo que ni siquiera llegó a conocer pues murió en el intento. La sabiduría puede no ser práctica, pero es extremadamente bella. Como la música. y Juan estaba convencido, aunque no podía todavía entrelazar los mimbres de una explicación de lo que era esa belleza y se entía obligado a tratar de lograrlo si finalmente buscaba la verdad, una búsqueda que creía saber no tenía fin, era imposible,pero cuya pesecución era algo parecido a la felicidad. Lo dificil será-creía saber Juan- escribir bien y de manera convincente que la música es el albornoz de la verdad, la que la cubre para que no enseñe sus vergüezas (que tenerlas las tiene) y, por esa misma razón, hace imposible conocerla aunque te indica indirectamente si vas por el buen camino. Esta idea debería presidir su obra si quería ser conocido como alguien con obra o si, aunque quizá anónimo,pudiera mirarse en el espejo con cierto orgullo.

Fuera cual fuera la pieza corta con la que Machalen hubiera decidido comenzar el ensayo-y por lo tanto el concierto- y cualquiera que fuera la propina si se la pedían, el corazón de este acontecimiento musical estaba en Brahms y Ravel, ua extraña pareja según le habían reprochado a Machalen; pero Juan creía entender el porqué da las decisiones de Machalen:nada más y nada menos que su deseo de resonar en la misma frecuencia que él, un deseo que siempre lograba alcanzar sin ninguna necesidad de que él se lo explicitara a priori pero que reconocía a posteriori subrayando su sempiterno acierto en genral y el agradecimiento que él sentía por el ojo clínico de ella en particular.

Brahs sería como siempre el abrigo de la verdad, un abrigo suave y ligero, como de ante, que sin descubrir nada dejaba intuir con precisón las formas de la verdad. Pero para Juan esas formas eran también un disfraz pues conseguía hacernos creer que eran suaves y sin accidentes de ningún tipo:la verdad no tenía sorpresas y bajo ese abrigo alcanzaba Juan una especie de seguridad dificil de comunicar o de reflejar en su C.V. plástico. Pero bien sabía que la música podía ser tambien como una bata de cama de algodón vasco que se cruzaba sobre accidentes raros resaltándolos como si fueran los granos de un pobre soriático. Y aquí entraba Ravel, extraño compañero de concierto en Lucerna que, sin embargo, Juan creía entender. De la dirección de Machalen dependía si la verdad se cubría primero con el abrigo y sobre él con la bata o lo hacía al revés. La verdad, le estaba diciendo Machalen a él y solo a él, no era nunca única y con esta certeza o sospecha poderosa había que vivir imaginándosela de una u otra manera.

Juan hubiera querido esta tarde-noche contrarrestar las ideas geométricas que Mercedes le dibujó la noche anterior para hacerse perdonar su escapada, pero entendía que si Machalen quería esa noche que se filtraran ideas musicales casi folklóricas a fin de dar la oportunidad a esta audiencia rica y de bienpensantes que creían que la belleza era universal, de reconocer esta segunda faceta de la verdad, eso también le venía bien a él pues por nada del mundo quería convertirse en un suave burguesito bienpensante. Ramón nunca sabría apreciar los pliegues de la bata de Ravel y esto le proporcionaba una ventaja crucial pues estaba en su mano revelársela o no. Esa era la superioridad de la sabiduría sobre el simple conocimiento, la certeza de la ambivalencia de la verdad. Con esta arma podría tumbar a Ramón; pero no era esto lo que esta noche tendría que musitar a Machalen, tendría que arrullarla con una de las facetas de la verdad, aquella que ella hubiera elgido para el concieto de mañana y que habría revelado en el ensayo.

«El ensayo» recibió 1 desde que se publicó el domingo 5 de junio de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.