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El dueño de los timbales: y II

Termino el primer borrador de entradilla a la gran novela de Bilbao con un párrafo, el segundo, que introduce otro tema que estará presente en toda la saga. Este párrafo y el anterior constituyen conjuntamente ese comienzo a una obra de ficción que basta y sobra para saber si el autor es alguien con quien querrí­amos conversar o más bien alguien a evitar. Sobre primeros párrafos ya escribí­ hace tiempo y ahora se trata de aplicarme el cuento a la búsqueda de una comunidad desterritorializada

En una percha ahorcada sobre la puerta abierta del armario cuelga su smoking de solapas brillantes redondeadas y, toque personal, una abertura trasera que lo hace similar a una americana pero que es tan larga que parecerí­a que desea dejar entrever lo que hay que ocultar. Ella está vuelta hacia la cama sentada sobre la silla del tocador con el brazo derecho apoyado en el frí­o cristal que lo cubre y con la mano del izquierdo sostiene un cigarrillo que se quema solo. Yo me abrigo bajo la manta y siento el vací­o en las ingles que nunca dejará de proporcionarme su desnudez inconsciente aunque duramente trabajada como provocación casta y que hoy se manifiesta en un escorzo de muslo ensombrecido por un chaquetón de piel de cordero que deja al descubierto sus largas piernas, esas piernas que, años más tarde y enfundadas en unos pantalones de raso muy a lo Greta Garbo, sostendrán sus éxitos musicales. Ahí­ están, pero la presión con la que se cruzan me hace saber que mejor renuncio a exacerbar el deseo; enciendo yo también un cigarrillo y me dispongo a escuchar una vez más esa historia que he oí­do cien. Yo no sabí­a en ese momento que esta era nuestra última noche juntos, que mañana, después del concierto, ya no habrí­a ocasión de acariciar la suave seda gris de su sexo.

A partir de este punto y como un flash back surgen las vidas paralelas de ella y de él y de sus familias alrededor del Arenal con incursiones a la Parte Vieja y al Ensanche más antiguo. Solo al final volveremos al Barrio obrero y a esa casa que ella heredó y en donde empieza a clarear. Ella se probará su extaño smoking y el contará el desenlace que ocurre justo en ese concierto en el que el abuelo vuelve a ser el dueño de los timbales bajo la batuta de su nieta.

Pero todo eso tendrá que esperar.

«El dueño de los timbales: y II» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 15 de Diciembre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Empiezo la mañana nervioso y desazonado. Un año más me va a ser imposible terminar todos los proyectos comprometidos. Tampoco tengo la certeza de que vaya a terminar al menos uno. Me doy una vuelta por el Blog del Cartógrafo Bilbaíno buscando inspiración y me encuentro con esta entrada. Sigo el hilo y descubro que no contento con planear y plantearnos una novela, el autor en ciernes planea una trilogía nostálgica con tres personajes principales. Bilbao, que no necesita presentación y que como no habla no nos puede provocar con un “llamadme Bilbao”, la chica sedosa del púbis gris de la que cuenta demasiado poco en las primeras cuarenta líneas y a la que, para llenarle de misterio le escamotea el nombre y el narrador, para mi gusto quizás u poco demasiado barroco, que nos va a entretener (?) con sus recuerdos y que, o mucho me equivoco, o terminará conduciendo un Mustang verde lejía por Sunset Boulevard al amanecer buscando una alpargata. Yo quiero que nos lo sigas contando y para hacerte más llevaderos los desvelos del autor, me apuesto contigo seis botellas de la mejor reserva de la Viuda a que no terminas las primeras doscientas páginas (y nos las dejas leer a los amigos) antes de un año empezado a contar desde este día. Naturalmente, no hará falta que te recuerde que tu honor de bilbaíno te obliga a contestar en público si aceptas o no el desafío.

  2. Juan Urrutia dice:

    Me temo que no puedo aceptar el reto por razones por ahora misteriosas, pero que te serán explicadas con todo detalle mañana por la noche en el Hotel Palace, gorro navideño mediante.

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