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El Discurso de la Academia se enreda

Javier nunca supo mirar a las cosas en el límite y esta imposibilidad acabó con su mutua comprensión.

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Ya falta menos de medio mes para cumplir con la obligación que Ramón no sabe todavía si satisfacer o no. Por si acaso trabaja duro para pergeñar no uno, sino dos borradores de discurso, el de aceptación y el de rechazo. Le atrae sobre todo el segundo dado su carácter rompedor, pero la edad le tiene un poco tristón y piensa, equivocadamente cree él,que asentarse en el que fue el sillón de Javier en la Academia de XXXX, le puede permitir engañarse lo suficiente como para no fijarse en cómo el mundo pierde interés en los que, como él, van haciéndose ancianos.

En cualquier cosa hay días como, por ejemplo el de hoy, en los que se olvida de estos pensamientos melancólicos y aprovechando la ocasión que tiene de pensar mirando al retrovisor recuerda algunos hitos de la relación que tuvo durante años con Javier. Por ejemplo recuerda cómo Javier se ejercitaba cada mañana, entre libros y papeles por el suelo en ese despacho alargado que le permitía mejorar no solo la fortaleza de su abdomen sino además su equilibrio en el andar y en el que tantas veces trabajaron juntos. Caminaba, contaba él, lentamente elevando alternativamente una y otra pierna y también iba y venía alternando el ir de puntillas y el volver de tacones.

Solía contar la aventura intelectual de un día de otoño cuando caminando hacia la librería su mirada se fija en el canto de un DVD que exhibe descaradamente en mayúsculas la palabra ETA (que yo le expliqué es la conjunción y en euskera y que Javier confirmó que aparecía en el título de una memorable película – «Asier ETA biok» que se traduciría como «Asier y yo») y, cuando se vuelve para seguir haciendo ese ejercicio que le machaca tanto los gemelos como los cuadriceps ve, ahora que el otoño ya se hace notar, una especie de pene tieso cuyo prepucio ha sido cortado como con un cuchillo de carnicero. Entre la barbarie sin paliativos y la burda crueldad profiláctica de la circuncisión transcurre media hora del tiempo de Javier cada mañana. Pero en esta ocasión particular esta comparación le duró todo el resto del día. No porque tuviera dudas sobre lo que constituye un mayor ataque carnal, siempre fue Javier muy correcto políticamente piensa Ramón, sino porque estuvo a punto de volverse loco contrastando la imposibilidad de dar por finiquitado un holocausto y la obvia descripción total y final de una fimosis.

Aunque hablan de este tipo de cosas también es verdad que conversan de otras en las que están en desacuerdo. Ya ha quedado claro, por ejemplo, que Javier está tocado por la frustración de una madre siempre insatisfecha por el silencio y la soledad de un padre extremadamente trabajador mientras Ramón se mueve entre la vagancia del padre, miembro asiduo de cualquier tertulia literaria, y una madre compulsivamente trabajadora. Así que cuando discuten sobre el psicoanálisis, al que ambos se someten con intensidad diferente en cada caso, uno cree que está siguiendo una terapia médica contra una enfermedad orgánica y el otro se piensa como un tartamudo de una lengua, la suya, que no marcha a la velocidad que debería y entiende sus neurosis como un trabalenguas esencial.

Esta discusión les lleva a menudo a la lingüística y a Sassure distinguiendo dentro del lenguaje lo que es el habla y lo que es la lengua, una distinción que les enfrenta pues mientras Javier es totalmente diacrónico en su visión de la ciencia que ellos practican,Ramón es todo lo contrario: totalmente sincrónico. Una diferencia esta que Ramón relaciona en silencio con la concepción del tiempo en Economía. Si este es finito uno puede ser diacrónico; pero si lo miramos como infinito estamos autorizados para ser sincrónicos y mirar al mundo en el límite. Javier nunca supo mirar a las cosas en el límite y esta imposibilidad acabó con su mutua comprensión.

«El Discurso de la Academia se enreda» recibió 2 desde que se publicó el viernes 16 de octubre de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. @juan «Una jugada superior usa el infinito (ko). Una jugada inferior lo teme». Una vez más, leyendo sobre !go http://www.badukaires.com/2015/10/16/jugada-superior-jugada-inferior-2/ encuentro inspiración para disfrutar de la Economía.

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