Desde mi sillón

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El discurso de graduación

Magnífico Sr. Rector, autoridades académicas, queridos diplomados, familiares, señoras y señores.

Vaya por delante mi agradecimiento a las autoridades académicas por la invitación a dirigirles unas palabras en esta ceremonia de graduación como padrino de la promoción del 2011.No es tarea fácil pues hay poco espacio para padrinos distintos a don Corleone . Entre el posible sustituto del padre y el abuelo con sus batallitas queda, en efecto, poco espacio, justo el que podría ocupar un cruce de mentor y de coach que es el que pretendo ocupar hoy con un descaro que debe ser fruto de mi juventud recién adquirida pues no poseo autoridad alguna en ninguna de estas dos actividades. Nada en mi vida me permitiría acompañarles en el mundo del trabajo como haría un mentor. Tampoco podría orientarles en el proceloso mar de sus psiques, como haría un coach, para hacerles confrontar sus virtudes así como sus limitaciones tratando de prepararles para un mundo turbulento. Precisamente porque el futuro inmediato está lleno de incertidumbre me permitiré un tono jovial y hasta un poco incorrecto por aquello de poner buena cara a los malos tiempos. Miren ustedes, lo único que puedo hacer para serles de alguna utilidad es decantar las enseñanzas con las que mis propias experiencias me han golpeado y que he tardado en admitir como tales enseñanzas. Mi vida y mi carrera han sido bastante diversificadas de forma que sí, como se temían, voy a contarles mi vida como corresponde a un señor de mi edad.

Lo primero que quiero contarles es que, con toda tranquilidad, renuncié a la facilidad que mi época me proporcionaba de saltar directamente del aula a la oficina de una empresa en la que pasarías probablemente casi toda tu vida productiva. Bueno, trabajé brevemente en una empresa de aquellas centradas en la línea de montaje y huí pitando pues sí que tenía jefes, largándome a otro país a seguir estudiando y molestando e incordiando así a mis progenitores que pensaban que esto de estudiar aun más, y además fuera de Bilbao, era un capricho de niño mimado. Pues bien, no dejen de frustrar a sus padres, es la única forma de pagarles lo que han hecho por ustedes ya que les toca enseñarles para que se mantengan jóvenes. Y a ello les animo con todo descaro en presencia de sus progenitores pues ellos, aunque jóvenes, son el pasado o el presente y vosotros ( y paso a tutearos) sois el futuro y esto, siempre cierto, lo es más ahora que estamos posiblemente en un momento de cambio social y económico sin precedentes cercanos y nada trivial en muchos aspectos. Nada va a ser igual ahora que realmente estamos en un mundo globalizado, en una sociedad del conocimiento y en una economía en la que la TIC son cruciales.
Rotarán en su trabajo y muy probablemente se pasearán por diversos países y continentes arrastrando consigo o siendo arrastrados a o por sus parejas que, y esto es quizá triste, también rotarán. Nada es negro o blanco y yo prefiero quedarme con estas novedades con la alegría de experimentar la variedad lingüística, racial, cultural y de todo tipo que hará de vosotros personas complejas y adaptables a nuevas vivencias. Supongo que en esta universidad habéis tenido ya experiencia de esta riqueza tanto en la enseñanza de no pocos profesores extranjeros como en el compañerismo con estudiantes del Erasmus o hijos de esa inmigración que nos bendijo en los años de bonanza. También creo saber que no os vais sin haber aprendido hasta un cierto nivel relativamente elevado algún idioma distinto del vernáculo. Pero como esta necesidad de aprender idiomas siempre asusta, y con razón pues el idioma es la única patria, conviene que sepáis que nunca el idioma es obstáculo para conseguir lo que uno quiere si lo quiere de verdad.

Sabéis mejor que yo que la producción que realmente pesa, como por ejemplo una viga de acero, cada vez vale menos en relación a lo que es intangible y liviano, como por ejemplo el código de un programa de ordenador. Sabéis, aunque solo fuera por la lectura- on line, desde luego- de los periódicos que más allá de la carrera elegida y cuyo grado obtenéis hoy, lo que va a importar para vuestro éxito o supervivencia va a ser el talento porque es eso lo que os permitirá distinguiros como personas capaces de innovar compitiendo en el mercado. Pero el talento no es solo inteligencia natural, es también capacidad de hacer de lo aprendido y experimentado un todo comprensible y comunicable. Es decir vuestro talento es cosa vuestra.
¿Y qué os puedo decir de las TIC que no sepáis? Solo me atrevo a recordaros que estas tecnologías de la comunicación y la información no se acaban en los juegos de ordenador con los que habéis crecido o con las redes sociales. Son estas tecnologías las que permiten una increíble reducción de coste de trasporte y, en consecuencia, una redirección posible de los flujos de comercio y un cambio drástico en la localización de la producción. Honk-Kong está ahí por lo que no os debe sorprender que tengáis que pasearos por los honkones de este mundo. Aquí tenéis un bonito reto pues tendréis que desarrollar una forma de relación con los seres realmente queridos que sustituya el frecuente roce de la piel por un leguaje acariciador que les muestre vuestro afecto y vuestro apoyo sin fisuras. O mejor dicho, tendréis que aseguraros de que las inevitables fisuras sirvan, como dice Leonard Cohen, para dejar que entre la luz.

Pero dejadme, o déjenme ustedes señoras y señores, seguir con el relato de mi vida libre. Me dediqué luego a la vida académica con un relativo éxito investigador habiendo ocupado más tarde algunos puestos de interés en la estructura universitaria que me obligaba a, por ejemplo, decidir evacuar o no la facultad cuando se recibía una llamada de ETA que avisaba de la explosión inminente de una bomba. Quizá por eso tuve también mi breve momento político en el Gobierno Vasco relacionado desde luego con la Educación , la Investigación y la Universidad y en donde aprendí la felicidad intensa que proporciona el no doblegarse. Y ahora ya les trato de usted a todos, graduados y familiares.
No sé cuantos de entre ustedes decidirán seguir la carrera académica¸ pero les aseguro que es a un tiempo frustrante y a la vez terriblemente excitante. Tanto la docencia como la investigación. No permitan, si se meten en ese mundo, que les obliguen a elegir entre una u otra. Nada más reconfortante que enseñar y abrir los ojos de la juventud a una manera nueva de ver las cosas, una manera que uno piensa ha llegado a vislumbra él y solo él. Y nada más excitante que haber llegado a esa manera de ver las cosas. Pero el camino es largo y a menudo frustrante pues lo que anoche parecía verdad hoy por la mañana destapa sus errores.

Pero, si como es mi caso, no tienes (lo siento pero el tuteo se me escapa) mucha paciencia para los imprescindibles detalles investigadores acabarás enredado en el desarrollo institucional de tu departamento, tu grupo de investigación o la universidad entera. Y puedes acabar en la política en donde las decisiones son quizá todavía más difíciles. Algo no muy extraño para alguien como yo enredado en la Teoría Económica y que por lo tanto sabe que más tarde o más temprano deberá, si su responsabilidad social no le ha abandonado, susurrar al oído del soberano como hacía Robert Redford con los caballos. Con esto no quiero decirles que el soberano, sea un político, un presidente de empresa o un catedrático sean unas mulas. No, no es eso. Lo que quiero decir es que no solo se trata de distinguir una verdadera llamada de ETA anunciando una bomba en la cafetería de tu facultad de una llamada pícara de alguien que no quiere hacer esa tarde un examen que no tiene bien preparado. Se trata también y quizá sobre todo de aconsejar a quien corresponda cómo decidir entre intereses contrapuestos a la hora de repartir dinero entre distintos grupos educativos o de investigación o de zanjar una polémica en la que ya se ha introducido por la puerta falsa la lucha ideológica. La mayoría de ustedes tendrán que enfrentarse con este tipo de decisiones, o aconsejar a quien tengan que hacerlo, y me gustaría decirles, por si les sirve de algo, que la manera más expeditiva de tomar una decisión es hacerlo en contra del que más te amenaza. Si proceden ustedes así no se arrepentirán.

No me tuve que arrepentir por esta mi manera ad-hoc de zanjar conflictos, pero sí tuve que abandonar mis veleidades y, sin renunciar al susurro al oído del soberano o del que manda, volver a la universidad, a mi investigación y a la construcción de instituciones. Esto último es realmente un ejemplo insólito de emprendeduría y toma de riesgos pues nada es más arriesgado que decidirse por una línea de investigación o asumir la responsabilidad de solicitar fondos para crear un instituto que solo funciona en la cabeza de uno. Pero si no me arrugué fue porque nadie emprende nada solo, siempre están los amigos y colegas con los que entras en una especie de entusiasmo explosivo. Sí, este entusiasmo colectivo de los que juntos persiguen un objetivo común es algo lleno de fuerza que no se debieran ustedes perder pase lo que pase.

Siempre me he dejado llevar por lo que la vida trae consigo y les aconsejo que operen así. Es fantástico dar un sonoro y nietscheano SÍ a la vida, sin miedos pues no hay nada que temer. Así que, como imaginarán, no desdeñé las oportunidades que el azar puso en mi camino y, entre otras cosas, dedique bastantes años a la banca antes, me apresuro a decir, de que explotara en el 2008. La experiencia me permitió ampliar mi campo de especialización intelectual al amplio mundo de la economía financiera y de entusiasmarme con la innovación que, en ese campo, la desregulación trajo consigo y que, al final, nos ha proporcionado lecciones demasiado caras, pero lecciones al fin. Que la inteligencia y la belleza de vuestros productos o vuestras ideas no cieguen vuestra capacidad de reflexión sobre el bienestar de todo el mundo.
Y voy terminando para no aburrirles del todo. Simultáneamente con mi experiencia bancaria traté de seguir colaborando con esta Universidad desde la presidencia del Consejo Social y como siempre tratando de no dejarme llevar por la inercia y confrontando cualquier iniciativa que no me pareciera adecuada para nuestra marca. Pero en aquellos años en los que descubrí que todo es posible, tomé un cierto interés en el periodismo económico que todavía conservo. Sigo disfrutando de mi columna mensual en un cierto periódico económico de cuyo Consejo Editorial fui Presidente hasta que acepté dirigir la iniciativa española para ubicar en Bilbao una fuente de neutrones y cuyas dificultades políticas me rompieron el corazón. Pero lo que me enseñó este período sobre todo fue el ver en directo una empresa que no funcionaba como una línea de montaje con forma de árbol tumbado, sino que lo hacía como una enredadera de forma no jerárquica y de manera que todos se cruzaban con todos. Y entre una cosa y otra perdí dinero y se lo hice perder a no pocos amigos en prematuros y quizá delirantes negocios digitales y dediqué parte de mis ahorros a la creación de una fundación que mediante la estimulación de los estudios cruzados entre economía y filosofía pretende una vez más (y una vez más apoyándome en amigos) nada menos que redireccionar la manera de pensar en Teoría Económica.

Y desde aquí les hablo. Y desde aquí, desde este punto de mi vida, quiero animarles a no tener miedo y, sobre todo, a dimitir de lo que haga falta. Dimití del Decanato, del Vicerrectorado, del Consejo Social, del Banco, del Consejo Editorial y de gestor de una aventura científica. Y lo hice con alegría pues no estamos aquí para aburrirnos o para minarnos la salud en discusiones tontas. Esto he aprendido y esto os comunico: Si tratáis a la vida de tu a tu no hay nada que ella os niegue. Sois vosotros, cada uno de vosotros, los que podéis y debéis tomar la vida en vuestras manos y usarla. Como diría un John Irwin castizo que así lo hagáis Príncipes de Getafe y Reyes de Madrid.

«El discurso de graduación» recibió 1 desde que se publicó el Sábado 19 de Noviembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] en una línea de investigación aunque ésta parezca llevar a algún sitio. No se puede no estar dimitiendo todo el tiempo.Esto sí es el gesto más radical, algo totalmente incomprensible para la implícita y enraizada […]

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