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El Creador y la Ciudad

Hoy les ofrezco, por fin, una copia de mi aportación al catálogo de la exposición La Innovación es un Eco de Nosostros Mismos, organizada por Jose María Torres Nadal como parte del proyecto Petracos. Reza como sigue.

EL CREADOR Y LA CIUDAD

El hecho de comenzar este breve escrito con un remedo del título de un ensayo de Eugenio Trías (El Artista y la Ciudad) de hace ya 35 años a fin de comunicar mis ideas sobre innovación y creatividad quiere ser entendido como una declaración de principios. No es, en efecto, la novedad como tal la que nos hace descubrir los cambios que la sensibilidad de los tiempos exige. Lo necesario para excitar nuestra creatividad puede encontrarse en arcanos de sabiduría olvidados o en la ingenuidad de unas preguntas infantiles.

Por eso unir en un mismo título al artista o creador, como encarnación de la irracionalidad deseante y la ciudad, como espacio en el que impera la racionalidad de la producción, no es sino una llamada a intentar sobrepasar esta dualidad implícita encontrando un principio-guía que nos arrastre por el camino de una fraternidad que no puede darse sin la simbiosis entre la racionalidad que uno asocia con la acción del sujeto económico y las emociones que uno supone se encuentran en el origen de una obra de arte.

Ese principio-guía podría ser, pienso yo, lo que en otro lugar he denominado la lógica de la abundancia, una expresión aparentemente contradictoria con el principio de escasez que parece ordenar el mundo de la economía en el que la producción tiene lugar. Esta noción está íntimamente asociada, por un lado, a la formación de redes virtuales facilitada por las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y que da cuenta de la abundancia y, por otro lado, con la posibilidad de liberarse de la esclavitud de la división del trabajo.

En cuanto a la abundancia, ésta se consigue gracias a esos rendimientos crecientes a escala por parte de la demanda que se asocian al efecto-red, es decir al hecho de que cuanto más nodos tenga una red más beneficioso es unirse a ella ya que menos costosa es cualquier operación productiva realizada en esa red tal como muestra una red telefónica en la que el coste unitario desciende significativamente con el tamaño de dicha red. En el límite una red productiva desemboca en lo que los economistas llaman competencia perfecta, una situación en la que todo el mundo recibe lo que aporta en el margen y nadie goza de “renta” monopólica de tipo alguno.

En ese límite tan especial el deseo y la producción devienen compatibles y no hay manera de diferenciar un usuario de un productor. Y, más en general, la especialización del trabajo ya no es tan importante para la obtención de la eficacia productiva. Podemos permitirnos el lujo de convertirnos en pluriespecialistas y nos podemos librar en buena medida de las jerarquías.

Es en un mundo así en el que la creatividad florece, en el que podemos empezar a creer en la innovación como algo más allá de un slogan y en el que toda tensión entre el contexto general y los proyectos individuales ha sido eliminada. Y no solo eso sino que, además, no tiene mucho sentido preguntarnos por si hay que sentir como el público o hay que encastillarse en el papel de creador. Todos somos público y todos somos autores.

Pero para alcanzar este desideratum es necesario que nada entorpezca la formación de redes y que éstas estén lo suficientemente distribuidas como para que cualquier intento de monopolizar, aunque sea temporalmente, la invención a través de las figuras de la propiedad intelectual o de reservarse, por cualquier medio, parte de las “rentas” generadas sea contestado inmediatamente por la rebeldía de la coalición de todos los demás, es decir de todos. La política no es suficiente y, a menudo, es un impedimento.

El problema es cómo fomentar esa rebeldía, cómo conseguir que se alcance el umbral de la rebeldía o número mínimo de personas que cada uno de nosotros exige como compañeros de rebelión. Y es aquí donde entra la arquitectura entendida desde el punto de vista de un profano. Su papel es el de facilitar el alcance del umbral de la rebeldía a través del fomento de los contactos entre personas aunque no de cualquier manera. En efecto, nunca encontraremos un grupo de ciudadanos de suficiente tamaño dispuestos a rebelarse contra lo que sea y, por lo tanto abrir las puertas a la creatividad y consiguiente innovación, a no ser que todos los miembros de ese grupo sepan que los demás saben que ellos saben que los demás saben que ellos saben que….los miembros de ese grupo quieren que las cosas se hagan de otra manera. Una ciberturba como la que protagonizaron los cariotas hace unos meses es una forma de alcanzar, a través de la presencia física simultánea en una plaza pública, ese conocimiento común tan raro y específico por otra parte.

Pues bien la arquitectura si quiere ser algo más que el mero producto arquitectónico debe ser un agente generador de ese conocimiento común proporcionando espacios donde la gente puede estar segura que sabe que los demás saben que ellos saben… que están dispuestas a rebelarse.

Pero, ¿rebelarse para conseguir qué? Nada más y nada menos que aquello que los demás están dispuestos a hacer para innovar productivamente sí, pero también “deseantemente”. Sería imperdonable que una disciplina como la arquitectura, tan difícil de adquirir y tan necesaria para nuestra vida, no estuviera a la altura de los tiempos de cambio que acechan y no colabore a generar las condiciones en las que la disidencia y la rebeldía acaben con la parálisis social. Ha de estar abierta a toda la ciudadanía y no sólo a los clientes sean estos privados o públicos, ha de plantearse su papel más allá de su carácter profesional y no debe amparase tras un esteticismo encomiable pero insuficiente. Está en juego nada menos que curar la fisura nunca cerrada que separa la producción y el deseo.

«El Creador y la Ciudad» recibió 1 desde que se publicó el Miércoles 15 de Junio de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Pamalick dice:

    Solo para comentar que auqune parece ser el primer largometraje hecho con Blender, ya anteriormente se han hecho cortometrajes usando este software. Dichos corto metrajes fueron Big Buck Bunny y Elephan Dreams , en Argentina estaban haciendo Plumiferos .Aclarar tambie9n que Blender no es solo un creador/editor de video 3d. Tambie9n permite hacer juegos de video, edicif3n de imagenes, simulaciones fisicas y modelado 3d.Saludos cordiales.

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