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El coste del salto adelante

Publicado en Actualidad Económica el 25 de marzo de 2004

La clave de la derrota del PP está en el tonto racionamiento de la verdad.

La diagnosis generalizada es que el PP ha perdido las elecciones porque no supo gestionar un atentado terrorista completamente imprevisible; pero yo creo que gestionaron mal porque sus propios datos les anunciaban el peligro de la derrota y se pusieron nerviosos cuando cuatro expertos usadores de la red les organizaron una ciberturba que, sin ser enorme y sin presentar peligro de violencia alguno, les confrontó con una subversión inusitada: la gente quería saber.

La clave de la inesperada derrota está, por lo tanto, en lo que les hizo perder los papeles: el tonto racionamiento de la verdad. La ciudadanía, para el jueves fatídico, estaba ya inclinándose hacia el cambio porque no encontraba respuestas compresibles por parte del PP a las cuatro preguntas centrales de la campaña. No sabíamos porqué era tan bueno para nosotros haber desafiado la legalidad internacional en Irak. No sabíamos a ciencia cierta porqué, más allá de la deslealtad proverbialmente atribuida a los nacionalistas, parecía que la Patria estaba en peligro. No captábamos entre los ruidos mediáticos si era o no verdad que en los últimos años pagábamos menos impuestos en términos reales por cualquier concepto y no acabábamos de entender por qué razón no se puede subir al mismo tiempo el empleo y la productividad con ayuda de las TIC tal como han hecho hasta hace poco los americanos.

Con ser malo, no entender o no saber no es lo peor; lo que realmente irrita es sospechar que no sabes porque no te lo quieren explicar. Estábamos pues irritados y, en ese estado DE ÁNIMO, las campañas sirven y la del PSOE estuvo mejor planeada y ejecutada. Sospecho que para el jueves asesino los datos que manejaban los partidos les daban un empate nada halagüeño para el PP. Por eso perdieron los nervios y no supieron manejar la crisis; pero no fue ésta quien les ha descalabrado; sino el recelo que la ciudadanía había acumulado en los dos últimos años. El gran saltito hacia adelante que creíamos haber dado estaba produciendo, guardando las proporciones, el mismo efecto que el Gran Salto Adelante de Mao ZeDong: la seguridad de que no podíamos creernos nada, un recelo hacia la mentira generalizada que, estuviere o no justificado, socaba finalmente cualquier ventaja que un país pueda tener a efectos de converger con los de su entorno.

Si mi diagnosis fuera correcta ya sabe Zapatero lo que tiene que hacer. Hablar con Bush y pactar con Kerry para que la legalidad internacional no sea ignorada. Hablar con los soberanistas periféricos y decirles que hay una legalidad constitucional que debe ser respetada. Clarificarnos hasta el aburrimiento lo que nos “levanta” el fisco de verdad y finalmente, visto que la mezquindad en inversiones en TIC no nos libra de los perversos hackers, proporcionarnos de una vez una banda ancha digna de ese nombre. Pero todo esto es lo fácil para esos expertos de los que Zapatero puede rodearse fácilmente. Pero lo difícil, lo que sólo él puede hacer, es restaurar la confianza en que el Gobierno no mentirá. Debe hacerlo inmediatamente modificando en profundidad TVE y la Andaluza. Él puede hoy hacer ambas cosas. Los demás velemos nuestros muertos y, en su nombre, apoyemos iniciativas para generar confianza y para vencer al terrorismo asesino.

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