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El Corredor Neoclásico: Recordemos Japón

Publicado en Expansión, martes 4 de marzo de 2008

En el artículo del mes pasado en Expansión y en un intento de caracterizar la situación económica actual y de opinar sobre las medidas que se barajan, utilicé el concepto poco ortodoxo de corredor neoclásico.

Es este un concepto que se debe a Axel Leijonhufvud (AL) quien lo introdujo hace más de veinte años. En mi opinión es un concepto bien interesante que se basa en la noción de effective demand failures (fallos de demanda efectiva) y que, por lo tanto, es difícil de captar analíticamente en las redes de la microeconomía neoclásica convencional por lo que, en opinión de Laidler, en su laudatio reciente en un homenaje a AL en UCLA, ha tenido poco eco y su utilización ha sido escasa.

Yo diría que el concepto se ha utilizado demasiado poco puesto que, como ahora trataré de mostrar y ya adelantaba en estas páginas hace un mes, es muy útil para entender lo que nos pasa y para orientar la política económica. Y esto no es baladí incluso si no estuviéramos en la recta final de la campaña electoral.

Como reacción al artículo del mes pasado (“¿Qué hacemos? Un toque de heterodoxia“, Expansión, 6 de febrero del 2008) y más en concreto en relación a la vaguedad analítica del concepto de corredor neoclásico, he recibido algunos comentarios críticos por lo que quizá merezca la pena acercarse más a la naturaleza de este concepto escurridizo.

Una manera de entenderlo es la que subyace al artículo de tres autores japoneses (A. Dohtani, T.Inaba y H.Osaka, “Corridor Stability of the Neoclassical Steady State” en Time and Space in Economicas, Springer Verlag, Japan, 2007) sobre crecimiento neoclásico en el que explican la noción de manera parecida a la que yo usaba hace un mes. Tratan estos autores de complicar el modelo de crecimiento neoclásico introduciendo una función de consumo dependiente de la renta permanente, y no de la renta actual, de manera tal que encuentran este resultado que se refleja en su abstract y que traduzco a continuación de manera libre: “este modelo de crecimiento modificado posee un estado estacionario único que es el mismo que el del modelo neoclásico de crecimiento“.

A diferencia de este modelo neoclásico, sin embargo, el modelo modificado genera “estabilidad de corredor“. Es decir, hay un corredor de estabilidad alrededor de la senda del estado estacionario dentro del cual cualquier senda converge a ella y de la que diverge cualquier senda fuera de él. Y así la visión neoclásica es cierta dentro del corredor, pero no se sostiene fuera de ese corredor y la histéresis emerge cerca del corredor”. Ni qué decir que la histéresis a la que se refieren estos autores corresponde a los típicos procesos multiplicadores keynesianos.

Espero haber conseguido una mayor precisión conceptual al gusto de algunos de mis colegas; pero, aunque ahora tengamos una idea más clara de aquello a que nos estamos refiriendo, lo interesante es saber cómo la utilizamos y porqué sirve para entender lo que está pasando.

Ya sabemos que fuera del corredor neoclásico las fuerzas estabilizadoras no funcionan debido a las ya mencionadas effective demand failures. Estamos acostumbrados a reconocer una manifestación de estos fallos de demanda efectiva cuando un desempleado no puede ejercer su demanda de bienes debido a su falta de renta. Tampoco nos extrañamos si se nos dice que un acto de ahorro no conforma automáticamente una demanda efectiva de bienes futuros.

Pero hay una tercera forma de fallo de demanda efectiva que AL describe de una forma que se me antoja sumamente útil para comprender los tiempos que vivimos. Esta tercera forma de manifestación de un fallo de demanda efectiva ocurre cuando el sistema financiero se encuentra en una situación tal que hace imposible a un empresario mostrar efectivamente su demanda actual de factores de producción por la imposibilidad de ofrecer a cambio bienes futuros.

En este punto lo más instructivo es escuchar al propio AL en una entrevista no muy lejana en el tiempo (“Outside the Mainstream: An Interview with Axel Leijonhufvud, Brian Snowdon, University of Northumbria, 2002). Dice AL que ese tercer fallo hace imposible poder decir de manera creíble algo de este tenor :”tengo este proyecto de inversión que rendirá sus frutos en el futuro y desearía intercambiar hoy esa perspectiva por factores de producción que me permitan producir hoy los bienes futuros“. Y continúa: “y es ahí donde llegamos cuando el sistema financiero está totalmente atorado con préstamos malos“.

Insiste AL en que ésta fue la situación japonesa y de repente caigo yo, tonto de mí, en que aquella situación que observábamos a lo lejos hace casi veinte años no es muy distinta de la actual con la diferencia, no tan grande, de que la crisis inmobiliaria está ocurriendo en USA y no en Japón.

Si aceptamos que debiéramos mirar y recordar lo que pasó en Japón hace 20 años comparándolo con lo que pasa ahora en el mundo, llegamos a comprender que las únicas diferencias serias radican en la brutal innovación financiera que ha tenido lugar en estos últimos años y en que la globalización es ahora mucho mayor que en aquella época con lo que parecería intuitivo que el contagio fuera hoy mucho más fácil.

Pero esto exige unas precisiones que me recuerdan a algo que ya escribí con ocasión de la crisis financiera del sudeste asiático y su contagio entre bancos y países (“Virtudes privadas, vicios públicos“, en Economía en Porciones, Prentice Hall, Madrid 2003, pp.106-8). El contagio entre bancos argüía yo, ocurre porque los bancos no son lo suficientemente promiscuos y solo ponen sus fondos en otros pocos bancos.

Ahora nos dice Krugman (A Crisis of Faith, The New York Times, 15 de febrero, 2008) que el contagio no es entre bancos (o países) como ocurrió en la mencionada crisis, sino desde unos sectores financieros a otros, desde el segmento de hipotecas hasta los de otras asset backed securities, hasta los monolines y otros aseguradores y, finalmente y de momento, a los mercados de bonos corporativos, préstamos para la compra de automóviles, tarjetas de crédito y hasta préstamos a estudiantes.

Pero estos comentarios de Krugman no son sino una forma de ejemplificar lo que estaba diciendo AL por lo que igual deberíamos escuchar lo que tenía que decir sobre la crisis de Japón. Que no bastaba con aumentar el gasto público sino que, además, se debiera haber fregado bien los desperdicios de las instituciones financieras poco eficientes. Una lección interesante que, a mi juicio, indica lo que va a pasar ahora sobre todo en USA, y que ya hemos visto en el Reino Unido con Northern Rock.

Lo que va a ocurrir, en efecto, es que importantes instituciones financieras van a ser absorbidas de una u otra manera por otras quizá europeas con el beneplácito de los reguladores y supervisores nacionales. Y esto ocurrirá en cuanto se disipe el aroma pestilente de las bodegas crediticias.

Y es aquí donde vuelve a entrar en escena mi optimismo reflejado el mes pasado y que sostengo. Hoy sabemos fusionar bancos o despiezarlos con mucha más habilidad que hace veinte años y el mercado de valores está mucho más preparado para aceptar estas prácticas sin detrimento para accionistas inocentes.

Pero aparte de esto, que no es sino una opinión más dentro del torrente de las que ya van apareciendo, más importante es, creo yo, saber cómo pensar sobre la situación y mi pequeña aportación solo pretende decir que, aveces, ideas que se arrumbaron sin saber porqué pueden ser útiles.

La utilidad de esta noción del corredor neoclásico no acaba ahí. Sostiene además una recomendación muy desacreditada pero que creo oportuna para nuestro país en las condiciones que se avecinan. Mientras se limpia el sector financiero, nuestro sector público haría bien, especialmente cuando nuestro sector financiero no es de los más sucios, gastando en I+D. Es una gran oportunidad y no creo que nadie piense que esta inversión pública vaya a desplazar a la privada ya que difícilmente ésta va a meterse en un sector como el de la investigación que tiene unos enormes riesgos. No creo que otras medidas solucionen los fallos de demanda efectiva que he subrayado.

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