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El Científico y el Político

Este era el tí­tulo de un trabajo famoso del gran Max Weber. Pero no estoy seguro de que yo comparta su objetivo. Lo que yo quiero es comparar el descubriminto del mundo, que se supone es la tarea y el logro del ciéntifico, con la construcción del mundo, tarea ésta que correponderí­a al polí­tico y hoy, dirí­amos, no solo al polí­tico, sino también al pensador social y al tecnólogo.

La gran diferencia entre uno y otro est á, pienso, en la relación implí­cita entre el mundo y yo que uno y otro presumen. Para descubrir el mundo éste tiene que estar ahí­ fuera y yo tengo que ser capaz de observarlo sin interferir. Para construir el mundo yo tengo que interferir y ello me cambia a mí­ también como parte de ese mundo.

Mientra la met áfora del ciéntifico dominó mis años de formación y hoy sigue siendo del sentido común de casi todo el mundo, la construcción del mundo sigue apareciendo como una frivolidad que sólo se toman en serio los economistas. No es esto extaño puesto que son los únicos que no reduen la causalidad a la precedencia en el tiempo, sino que saben que el futuro conforma el presente a trav ás del juego de las expectativas; pero no es ésto el centro de mi interés.

Lo que me parece destacable es que, poco a poco, la met áfora de la construcción del mundo va comiendo terreno y las gentes m ás alerta y ansiosas de novedades establecen sus observatorios para no descuidar las posibilidades de una concepción que asesina no solo al sujeto, sino también al objeto y parece concebir todo como un magma que nos borbotea.

Linux lo anuncia. La concepción del universo de Hoyle que, a pesar del éxito del big bang, sigue manteniendo el steady state como única formalización matem áticamente coherente, fue una idea pionera que no quisimos tragar. Y hoy la idea económica de las self-fulfilling prophecies hace que no tegamos m ás remedio que concluir que la causalidad, tan querida para el ciétifico, no es sino la exigencia de una gram ática que nos exclaviza.

¿ Y qué?. Pues nada, que tenemos que revisar nuestros dispositivos para orientarnos en la búsqueda de la verdad, sea ésta descubierta o construí­da. Cómo vayan a ser estos dispositivos es algo que ya apunta; pero lo que me parece m ás claro es que dificilmente vayan a desarrollarse en ese espacio encenagado en la gram ática que es la academia.

Hay que salvar la academia de sí­ misma a través de lo que fuera de ella rompe la gram ática. Por ejemplo el mercado como algo que se sostiene a sí­ mismo; por ejemplo las redes que continuamente se hacen y se deshacen como las nubes; por ejemplo el hipertexto que ni empieza ni acaba.

«El Científico y el Político» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 16 de Diciembre de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] Hoy por esos mundos del hipertexto me he topado con un post de Juan Urrutia que me ha gustado mucho, en especial el ultimo párrafo donde Juan dice “Hay que salvar la academia de sí­ misma a través de lo que fuera de ella rompe la gramática. Por ejemplo el mercado como algo que se sostiene a sí­ mismo; por ejemplo las redes que continuamente se hacen y se deshacen como las nubes; por ejemplo el hipertexto que ni empieza ni acaba“. El post en cuestión lleva por titulo El Científico y el Político. […]

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