Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

PARTE I – Homo Posteconomicus – Capitulo 3

El Usuario como Intermediario

Introducción

Como vimos en la Introducción a la primera parte del Capitalismo que viene, dedicada al Homo Posteconomicus, el usuario del sistema no es sólo el consumidor; sino también alguien que use el sistema para producir (bien como empleado, bien como autónomo, ya sean bienes corrientes, ya sean bienes muy especiales e intangibles como la ciencia) o aquel agente individual que intermedia entre otros agentes, usándolos para producir normas, costumbres o lenguajes que conforman una comunidad.

En los dos capítulos anteriores de esta parte hemos tratado de aproximarnos al usuario individual como consumidor y como productor con la finalidad de detectar aquellos rasgos del capitalismo que creemos van a ser potenciados por las tres fuerzas transformadoras más potentes: la globalización, las TIC y la sociedad de la información. El primer capítulo nos hizo ver que el homo posteconómico va a ser psicológicamente más denso y racionalmente más complejo. El segundo reiteraba esta mayor densidad psicológica y apuntaba a que este novedoso agente individual debía ser considerado como socialmente menos individualista. En el capítulo en que ahora entramos veremos con mucha más especificidad cómo y en que sentido el individualismo se desvanece y cómo empiezan a delinearse con mayor nitidez los contornos de grupos humanos con un papel importante que no puede reducirse al que juegan cada uno de los miembros individuales de ese grupo.

Para aclarar desde el principio este punto, es conveniente tomar un hilo del capítulo anterior y estirarlo hasta ver cómo se configuran dos maneras alternativas de entender la producción y algunas de sus consecuencias. Ello no permitirá enfocar mejor el contenido de este capítulo y el capítulo tercero de la segunda parte, un capítulo este último complementario a éste que ahora abordamos, y al que iremos haciendo referencia a lo largo de las páginas siguientes.

La imagen tradicional de la producción se está difuminando y está siendo sustituida por la imagen proyectada por la Economía Digital. Este cambio no es sólo de imagen, claro está; sino que viene propiciado por la potencia de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) y por la importancia creciente de la sociedad de la información (o del conocimiento si entendemos éste como información estructurada). Este cambio en nuestra representación mental de la producción tiene consecuencias interesantes. Quisiera ahora describir cómo evoluciona de hecho la producción y sugerir que el individualismo muta cuando imaginamos el agente individual como una especie de híbrido entre consumidor y productor[1].

Tal como dije en el capítulo anterior la imagen mental que hoy todavía tenemos de la producción está asociada a una planta de producción, de automóviles o de aviones, por ejemplo. Las materias primas entran por un extremo, la puerta de proveedores, y una cadena de montaje, con cada operario ocupando un sitio fijo, va ensamblando las piezas o retocando el producto terminado hasta que éste abandona la planta por la puerta de salida. Si dibujamos el proceso, el esquema resultante tendría forma de cuenca fluvial y ésta, a su vez, es idéntica a la forma de un árbol tumbado con sus raíces y sus ramas alrededor de un tronco único. En la medida en que el árbol (de la Ciencia por ejemplo) es la figura moderna por excelencia, podríamos decir que la descrita es la imagen moderna de la producción cuyos últimos exponentes estarían en el método japonés de just in time o en las ideas, revolucionarias en su momento, de López Arriortúa en la GM para disminuir el coste de aprovisionamiento colocando a los proveedores al lado de la puerta de entrada a la planta que aloja la cadena de montaje.

Si ahora, en contraste, visualizamos la sala de redacción de un periódico, captamos una imagen muy distinta. Ningún redactor permanece mucho tiempo en un sitio. Se forman continuamente grupos de diferente dimensión que, al poco rato, se deshacen para volver a formar al momento otros diferentes. Si buscáramos una figura natural para simbolizar este borboteo no pensaríamos en un árbol; sino más bien un rizoma, figura que Deleuze y Guattari (en su obra Mil Mesetas) elevaron a categoría de emblema postmoderno, y en el que se dan contactos directos entre cualquiera de las plantitas que lo conforman, lo mismo que ocurre en una enredadera.

Esta forma de producción postmoderna tiene dos implicaciones que creo importantes. La primera es que deberíamos acostumbrarnos a pensar, un poco a la manera austríaca, que las unidades productivas se harán, se desharán y se reharán con facilidad, acelerando ya el muy rápido proceso de fusiones y adquisiciones, y que aparecerán continuamente nuevos bienes mientras otros desaparecerán del mercado justificando así la idea de destrucción creativa. La segunda implicación de la forma postmoderna de producción es que genera unos brutales rendimientos crecientes a escala por la parte de la demanda basadas en el conocido efecto-red: me interesa instalar el programa Kazaa, en lugar de otro programa P2P de intercambio de activos ( musicales por ejemplo), porque la red de sus usuarios es la más extendida de forma que hacerme con (bajarme) un archivo determinado es más factible y más rápido, es decir menos costoso.

De acuerdo con estas implicaciones que acabo de destacar voy a explorar brevemente la cuestión del individualismo. El individuo no es ya un consumidor o un productor, es ambas cosas a la vez de una manera muy distinta a la que se reflejaba en el famoso círculo económico de los libros de introducción a la Economía en los que las economías domésticas ganaban su renta vendiendo sus servicios en el mercado de trabajo y la gastaban en el mercado de bienes. Miremos al ejemplo de Kazaa. Yo, como cada uno de los individuos que instalan gratuitamente el programa correspondiente, me convierto en un consumidor de una cierta música pero también en un productor de esa misma música para los demás que pueden “bajársela” de mi ordenador mientras lo tenga encendido. Esta manera de ser individuo me parece más rica que la que, proveniente del liberalismo, utilizan en general los economistas.

Esa filosofía básica se ve ahora enriquecida por un sesgo dinámico en el que el individuo se va haciendo a sí mismo, encastrando una faceta en la otra, el consumidor potenciando y condicionando al productor y el productor condicionando y potenciando al consumidor. Se trata de una noción de individualismo de raigambre económica pero cercana a la que entiendo expone el matrimonio Beck. El agente económico individual no sólo mueve el sistema al tratar de adaptarse a él, tal como siempre hemos pensado; sino que ese nuevo agente individual es también modelado en sus acciones y preferencias por el funcionamiento de ese sistema. La comunidad del software libre es un ejemplo evidente de la existencia de esta individualización. Como el código fuente está abierto, cualquier miembro de la comunidad puede utilizar los programas existentes adaptándolos a sus necesidades específicas y creando de paso nuevo código que queda a disposición de la comunidad. Me parece evidente que esta comunidad es semejante a la de hablantes en la que cada individuo se va haciendo tal mientras consume y produce lenguaje y en la que, naturalmente, también se da el efecto -red.

No debería pasar desapercibido que esta primera cuestión relevante relativa a la Individualisierung tiene implicaciones económicas así se limiten a nuestras formas de marketear productos o a nuevas maneras de concebir las relaciones laborales. La implicación teórica más importante es que lo que creíamos era nuestro marco conceptual ya cerrado debería ser reabierto en vista de que utilidad por un lado y beneficio por otro lado distinto no reflejan bien la hibridez del agente individual. Las implicaciones prácticas más evidentes o bien miran al capítulo anterior o apuntan al capítulo II.3. Como ya hemos visto en el contexto de este nuevo individualismo las relaciones laborales no pueden ser como eran. Los trabajadores autónomos constituyen una parte creciente de los que ofrecen sus servicios productivos y los sindicatos tienen que reconsiderar su papel. En el tercer capítulo de la segunda parte veremos que, si la comunidad de individuos es como una comunidad de hablantes -y a eso apunta el ejemplo de la comunidad partidaria del software libre-, hemos de esperar que esa comunidad se estratifique en estilos de vida diferenciados, reflejados en las formas de hablar, y que sea hacia esos estilos de vida a los que se vaya a dedicar el marketing pues éste ya no podrá funcionar por productos individuales; sino por paquetes de producto lo más personalizados posible.

Esta breve introducción ha pretendido ayudarnos a aproximarnos a la manera en que ahora pretendo destacar al usuario como intermediario, es decir como creador de productos sociales intangibles de los que él forma parte como usuario consumidor y como productor. Parece evidente que lo que las TIC en la Sociedad de la Información pueden lograr con gran eficacia son cosas como la potenciación de las operaciones de adquisiciones y fusiones, nuevas formas de marketing como el CRM (Customer Relationship Management), la formación de redes con arquitecturas complejas y una nueva forma de comprender la Banca de Inversiones o la Banca Comercial. Lo que da unidad a estas novedades es lo que, en otro lugar he llamado Fraternidad (algo muy parecido a la amistad de Aristóteles o de Montaigne) y que consiste en la generación y sostenimiento de instituciones que definen comunidades en las que florece la confianza y el reconocimiento mutuos. Estas comunidades, a su vez, pueden adoptar diversas formas arquitectónicas de organizar en red a las personas que las conforman, formas que tienen una enorme importancia para determinar muchas cosas, como por ejemplo, si la producción de ciencia se hace de manera rutinaria o admite la experimentación y la rebeldía, cosa no trivial en la sociedad de la información

Formación de Comunidades: Fraternidad

En el primer apartado de esta sección realizaré una introducción muy de economista a la idea de Fraternidad. Esta idea así esbozada deberá completarse en la siguiente parte de este trabajo mediante un planteamiento de juegos evolutivos mucho más asociado con los planteamiento aristotélicos. Pero, por ahora, nos servirá para pensar, en el segundo apartado y de manera no muy profunda, sobre nuevas formas de marketing y sobre la renovada importancia de las fusiones y adquisiciones como rasgos del capitalismo que viene. Volveremos sobre estos temas de manera más profunda en el capítulo II.3

Primera aproximación a la Fraternidad

En este apartado trataré de explorar las diferentes nociones de fraternidad que se pueden extraer del análisis del funcionamiento de un mecanismo nada cooperativo como es el mercado. Concentrarse en un mecanismo tal se me antoja consistente con una concepción fratricial de la interacción entre los seres humanos ya que el mercado permite en principio combinar la libertad de los individuos con una cierta virtud colectiva de las asignaciones de equilibrio consistente en que éstas no son vetadas unánimemente, es decir son óptimo-paretianas (o eficientes) aunque no necesariamente equitativas.

La estrategia de análisis es la de examinar el funcionamiento de una economía de juguete bajo condiciones cada vez más exigentes que se plasman en modelos diversos. En cada modelo trataré de llamar la atención sobre los fracasos de la eficiencia o los conflictos entre eficiencia y equidad que surgen en cada caso. Esto me permitirá destacar la noción de fraternidad que podríamos inferir del funcionamiento de cada modelo.

El primer modelo que voy a revisar es tan elemental que ni siquiera surge en su seno conflicto alguno entre libertad e igualdad. Sin embargo conviene exponerlo con cuidado para recordar las definiciones más elementales. Sea una economía con dos agentes, llamados A y B, dos fechas, hoy y mañana, dos estados de la naturaleza posibles mañana, llover o no llover, un bien, el trigo, y las correspondientes tres mercancías: trigo-hoy, trigo-mañana-si-llueve y trigo-mañana-si-no-llueve. Lo que identifica a este primer modelo es que los dos individuos son exactamente iguales en sus preferencias sobre las tres mercancías y en sus dotaciones iniciales de las mismas. En este primer ejemplo el mecanismo de mercado alcanza su equilibrio en una asignación idéntica al vector de dotaciones iniciales y con un vector de precios igual al vector de las relaciones marginales de sustituciones evaluadas en las dotaciones iniciales. Como se observará, el equilibrio de mercado en este caso particular, coincide con el no intercambio; pero a efectos expositivos podríamos decir que el intercambio bruto ha sido total (A y B se han intercambiado sus dotaciones iniciales totales) y que el intercambio neto ha sido nulo (ya que cada uno acaba con lo mismo con lo que empezó).

En consecuencia, y correlativamente, decimos que el equilibrio es equitativo fuerte (pues no hay envidia absoluta ya que ninguno se cambiaría por el otro) y también equitativo débil (pues no hay envidia relativa) ya que ninguno prefiere los intercambios netos del otros. Estas dos nociones no son equivalentes pues uno podría estar dispuesto a intercambiarse por Bill Gates porque prefiere lo que éste consume a lo que él consume; pero quizá no prefiere sus intercambios netos. Además la asignación de equilibrio es óptima en el sentido de Pareto, lo que en particular quiere decir que el riesgo, entendido como la posibilidad de recibir mañana menos trigo si llueve que si no llueve, se asigna óptimamente.

En este modelo trivial hay implícitas dos posibles nociones de fraternidad. Fraternidad como igualdad de oportunidades, en el sentido de que ambos agentes tienen las mismas dotaciones iniciales, y fraternidad como aseguramiento mutuo que, a diferencia de lo que ocurre en teoría de la Justicia de Rawls, se consigue a través del mercado y sin necesidad de pactarlo contractualmente de una manera expresa.

Pasemos a un segundo modelo un poco menos elemental. Se trata de una economía exactamente igual a la del primer modelo, pero con dos individuos distintos en preferencias y dotaciones. En este caso, el mecanismo de mercado generará equilibrio competitivo cuya asignación sigue siendo un óptimo paretiano (y, por lo tanto, asignando el riesgo óptimamente), pero que ahora exhibe sólo equidad débil pues, en general, cabe que un individuo desee cambiarse por el otro. Vemos pues que, en cuanto hay diferencias iniciales, surge un conflicto entre la eficacia del mercado y la igualdad entendida ahora como tratamiento equitativo entre individuos diferentes. La noción de igualdad de oportunidades ha desaparecido de este modelo, pero subsiste la de aseguramiento mutuo. En el equilibrio del mecanismo de mercado, el riesgo de recibir menos trigo si llueve que si no llueve sigue estando repartido entre los dos agentes de manera óptima.

Este último comentario me lleva a un tercer modelo en el que además de permanecer el mismo tipo de conflicto aparecerá el fracaso de la eficiencia y surgirá (por ausencia) una nueva noción de fraternidad independiente del conflicto entre eficacia y equidad. Hasta ahora, podían usarse hoy mercados para las tres mercancías: una al contado y dos (contingentes) de futuro. Supongamos ahora que sólo se permiten los mercados al contado, hoy y mañana. El agente individual tiene ahora que hacer planes y el hecho de que hoy esté haciendo planes con relación a la que hará mañana en los mercados exige, como es natural, que forme expectativas respecto a los precios al contado mañana. Utilizaremos la hipótesis de las expectativas racionales y, en consecuencia, supondremos que cada agente predice con exactitud dichos precios.

El hecho es que cada individuo confronta hoy, cuando tiene que hacer sus cálculos y sus planes, tres ecuaciones presupuestarias independientes en lugar de su suma como única restricción. Esto no es sino la manifestación del hecho de que al desaparecer mercados ya no puede trasladar poder de compra en el tiempo o entre estados de la naturaleza. No es pues difícil aceptar que la asignación de equilibrio competitivo no es un óptimo paretiano con lo que el reparto del riesgo no es óptimo. He aquí el fracaso de la libertad de los mercados. Pero es que, además, no hay ninguna razón para que haya desaparecido el conflicto simple entre libertad e igualdad puesto de manifiesto por la existencia de envidia absoluta. La falta de optimalidad se debe en este caso a que los individuos desearían trasladar poder de compra de acuerdo con sus preferencias y no tienen instrumentos para ello. Si no los tienen, es porque, en ausencia de mercados organizados, no hay confianza mutua entre los agentes económicos, que no están dispuestos a prestar hoy a cambio de una simple promesa de devolución mañana. Si la hubiere, las tres ecuaciones presupuestarias colapsarían en una sola y estaríamos en el caso anterior. Parecería pues que la confianza mutua es un aspecto de la fraternidad que merece ser destacado de manera específica.

Hasta ahora hemos supuesto implícitamente que cada individuo sabe con exactitud con quien se confronta en el mercado. Supongamos ahora que no es cierto. En estas condiciones cabe pensar en una noción de fraternidad distinta, que podríamos denominar reconocimiento mutuo y que puede ser explicada diciendo, de manera algo heterodoxa, que uno espera que en el dilema del prisionero la solución óptima se obtenga más a menudo cuando los jugadores se reconocen como hermanos. Es posible que esto les lleve a reconocerse como hijos de “mala madre” y alcancen la solución no-coopertiva como predice la teoría de los juegos en forma normal pero es posible que se reconozcan como hijos de “buena madre” y alcancen el óptimo, cosa imposible entre no-hermanos. Nótese que no estoy hablando de la repetición del mismo juego constituida en un juego que denominamos juego repetido. Se ha probado experimentalmente que los individuos son bastante hábiles en diferenciar los “hijos de buena madre” de los “hijos de mala madre”.

Sigamos con el problema informacional. El otro puede ser un hermano pero puede ser la oveja negra de la familia. Siguiendo a Gale supongamos que el trigo-hoy es almacenable y supongamos que cada uno de los agentes, A y B, puede o bien trasladar todo (estrategia 0) o bien no trasladar nada (estrategia 1). Supongamos que la estructura de la economía es tal que en los equilibrios resultantes las ganancias de cada individuo son las siguientes. Las ganancias de A no dependen de si llueve o no (ha sido asegurado) pero sí dependen de su estrategia y de la de B:

De forma que a A le interesa hacer lo mismo que B. Las ganancias de B (el asegurador) dependen del estado de la naturaleza y de la estrategia usada por cada agente:

de forma que si A anticipa su estrategia (la de B) las ganancias de B son independientes del estado de la naturaleza; pero si A no actúa así, B prefiere almacenar todo (nada) cuando llueve (no llueve). Además, sabemos que el estado de la naturaleza es un proceso estocástico configurado como una cadena de Markov con una cierta matriz de transición entre los estados “llueve” y “no llueve”. Supongamos, para completar el problema, que B juega primero y conoce el estado de la naturaleza antes de jugar. A, sabe esto pero no conoce el estado de la naturaleza (aunque lo puede inferir, después de jugar él, al observar su ganancia).

No es el momento de analizar este juego, sino de informar sobre los resultados obtenidos por Gale. El problema es que puede no existir un equilibrio porque los jugadores se empecinen en una estrategia complicada tendente a engañar al otro (B) o a acertar lo que el otro hace (A). Lo que Gale demuestra es que:

  • [S]i alguna vez se alcanza una situación en la que A y B están satisfechos […] con sus estrategias, entonces deberán estar usando estrategias estacionarias […].La estacionariedad de estas estrategias es crucial puesto que mientras es cierto que existe un equilibrio cuando se exige a los jugadores que adopten una forma particular de estrategia estacionaria, un equilibrio puede no existir si no se les exige esto […]. Antes o después cada jugador está casi destinado a decidir que su estrategia es subóptima, pero, a menos que la forma de las estrategias esté restringida, es imposible jugar el juego racionalmente.

No hay forma de explicar mejor la última noción de fraternidad que quiero introducir. Se trata de una autorestricción a usar estrategias que puedan ser descubiertas por el oponente porque si no corremos el peligro de que no hay equilibrio o, lo que es lo mismo, de que ambos jugadores dejen de constituir una economía única. Pues bien esta autorestricción puede denominarse gusto por estar juntos y constituye una noción de fraternidad especialmente interesante pues nos hace ver cómo cada hermano está dispuesto a no ser el más listo para permanecer unido a su hermano.

Esta primera aproximación a la idea de Fraternidad me ha llevado a distinguir distintas nociones de la misma, nociones éstas que, para recordatorio y facilidad de referencia, se ordenan en el cuadro adjunto en el que se ha añadido además la noción de “solidaridad humana”.

NOCIONES DE FRATERNIDAD

NOMBRE RELACIÓN CON EL FUNCIONAMIENTO DEL MERCADO
1. Aseguramiento mutuo Lo proporciona el mercado
2. Confianza mutua Ahorra recursos para solucionar ineficiencias del mercado
3. Reconocimiento mutuo Permite alcanzar asignaciones inalcanzables en su ausencia
4. Gusto por estar juntos Facilita existencia de equilibrio
5. Solidaridad humana Alivia inequidades del mercado
6. Igualdad de oportunidades Alivia inequidades del mercado

Comenzando por la parte inferior del cuadro notaré, en primer lugar, que la solidaridad humana y la igualdad de oportunidades tienen en común que inciden en la propiedad individual. Ambas exigen, en efecto, que se reasigne la propiedad de forma que el mercado nos lleve a la equidad o bien directamente a partir de una situación igualitaria, o bien mediante un mecanismo redistributivo que entre en vigor con posterioridad al momento en que el mercado alcance su equilibrio. Además ambas nociones conllevan la idea de sacrificio a favor del prójimo que, de alguna forma, deberá ser impuesto a algunos.

Todas las demás nociones de fraternidad expuestas en el cuadro ni implican ninguna reasignación de la propiedad privada ni exigen sacrificio final alguno por parte de ningún hermano. El aseguramiento mutuo es un resultado del mercado. La confianza mutua mejora la eficacia del mercado en el sentido preciso de proporcionar asignaciones pareto-superiores. Visto de otra manera, ahorra los recursos que hay que utilizar para solucionar las ineficiencias del mercado. El reconocimiento mutuo permite alcanzar asignaciones que no podrían ser alcanzadas en su ausencia. Podríamos decir que es un sustituto, todo lo imperfecto que se quiera, de la capacidad de compromiso a la que nos hemos referido en el capítulo I.1. Finalmente el gusto por estar juntos permite que la presencia de lo óptimo imposible no mate la bueno posible.

Como se ve la diferencia crucial entre la noción de solidaridad y las diversas acepciones de la fraternidad es que aquella no es condición previa para el funcionamiento del mercado mientras que estas sí lo son en el sentido de que determinan, en cierto modo, la extensión del mismo o la eficiencia de sus asignaciones.

Formación de Comunidades

La noción de fraternidad, tal como la hemos aislado y que se refleja en la intersección de las diversas nociones en el cuadro del apartado anterior, no es universalizable; sino que más bien sirve para caracterizar a una comunidad como diferente de otras. Es difícilmente discutible que no podemos pensar en todo el género humano cuando pensamos en la confianza o el reconocimiento mutuos o en el gusto por estar juntos. Se trata de nociones que sólo se pueden imaginar en colectivos reducidos que comporten algunas características diferenciadoras. En vez de seguir argumentando esto ahora, apelo simplemente a Rorty para quien la solidaridad (que a nuestros efectos podríamos traducir por fraternidad) siempre se ejerce frente a otros.

Si nuestro análisis hasta aquí es correcto, esta característica de la fraternidad hace implausible la noción de economía universal, pensamiento este que no parece tan descabellado a la luz de lo que pasa, por ejemplo, con la Unión Europea. Esto naturalmente no quiere decir que la globalización no tenga importancia. Esta globalización es una fuerza que trabaja a favor de la economía universal; pero no puede ser un proceso rápido porque los rasgos comunes que definen una comunidad (costumbres, pautas de conducta, rasgos culturales) ni se difuminan en un día ni se crean nuevos con rapidez.

Tomemos pues la idea de comunidad como conjunto de pautas compartidas e indaguemos un poco en su proceso generador, dejando para el capítulo II.3 un estudio más minucioso. Comenzaré por una cita propia que tengo a mano a fin de introducir la idea de evolución social que exhiben los juegos llamados evolutivos:

… los diversos equilibrios o estados en los que puede encontrarse un sistema económico (o una empresa) son el resultado de la interacción en el tiempo de las pautas de comportamiento de los agentes sociales, y pueden ser evolucionariamente estables o no. Lo serán si las pautas de conducta que conforman ese equilibrio son pautas que todos los agentes siguen, que todos esperan que los demás sigan, y que todos desean seguir si los demás las siguen. Si no lo son cabe la posibilidad de que una invasión de pautas diferentes (mutantes) pueda generar una dinámica entre los agentes que acabe llevando al sistema hasta otro equilibrio… con pautas de conducta coherentes con las novedosas introducidas por los mutantes[3].

Son estas pautas de conducta las que, cuando persisten, definen una comunidad específica y diferenciada. Por lo tanto conviene que pensemos sobre su evolución[4].

Este tipo de problemas son susceptibles de ser tratados por la teoría de los juegos evolutivos. El equilibrio o estado general del sistema analizado no se describe mediante una constelación de precios y una asignación de recursos entre los agentes individuales; sino por las pautas de conducta seguidas por diversos grupos dentro de una población determinada. Los agentes no tienen porqué ser modelados como preferencias muy detalladas; sino simplemente como practicantes de una u otra pauta. La dinámica fuera del equilibrio no consiste en subidas o bajadas de precios según los excesos de demanda sean positivos o negativos en cada mercado; sino en el posible cambio de pauta de conducta que cada agente puede efectuar dependiente de la pauta seguida por aquél con quién se encuentra y del resultado del encuentro. Y el equilibrio, para ser robusto, tal como sugiere la cita, debe ser a prueba de mutantes, es decir no debe variar aunque se introduzcan agentes mutantes (que siguen otra pauta) o aunque algunos de los agentes pertenecientes hoy a la población cambien, a propósito o accidentalmente, su pauta de conducta.

No me parece que sea muy difícil intuir que la manera de pensar propia de los juegos evolutivos puede ser útil para entender diversos fenómenos sociales. Desde luego todo lo relativo a modas, más o menos cambiantes, así como al conformismo o al inconformismo, en cualquier ámbito del mundo social, pueden ser vistos desde este punto de vista de la interacción entre personas fuera del mercado. El ya clásico resultado de Schelling sobre la segregación urbana, incluso cuando todo el mundo prefiriera vivir en un entorno mestizo, es el ejemplo más conocido de las paradojas y de las consecuencias no deseadas que surgen de las interacciones personales. El contagio financiero del que tanto se ha hablado con ocasión de la globalización es fácil de conceptualizar como una invasión de mutantes. Y, desde luego, el aprendizaje en general y la difusión tecnológica en particular, son problemas de contagio como lo es la innovación tecnológica en la que el papel de la mutación parece intuitivo.

Las formas de gestión empresarial están también sujetas a modas y el fenómeno del tipping point (o momento a partir del cual las modas dan la vuelta por una cierta acumulación), algo muy importante para el marketing empresarial, puede muy bien entenderse como la masa mínima de mutantes necesaria para invadir con éxito una población.

Estas ideas genéricas pueden aplicarse a entender algunos fenómenos que parecen van a florecer en el capitalismo que viene. Pensamos en primer lugar en la actividad que ha dado en llamarse Fusiones y Adquisiciones. Este hacer y rehacer entidades productivas puede conceptualizarse como un proceso de interacción de pautas de conducta pertenecientes a comunidades diferentes. En el capítulo II.3 veremos cómo en un momento dado puede convenir a todo el mundo el fusionar o el fisionar dos comunidades teniendo en cuenta que en las nuevas entidades las pautas de conducta van a variar. No importa tanto ahora si las dos comunidades (por ejemplo empresas) deben fusionarse o una comprar a la otra. Lo importante es ser capaces de pensar si dos comunidades deben fusionarse, para bien de todos, desarrollando nuevas pautas de conducta o si una comunidad concreta debe dividirse por las mismas razones.

Pensar así y tener los datos necesarios para sugerir la conveniencia de una u otra cosa estará cada vez más al alcance de todo el mundo en la sociedad del conocimiento. Sin embargo hay que diferenciar entre un experto en Fusiones y Adquisiciones de un verdadero Banquero de Inversiones. El primero sólo debe saber si la situación presente es de equilibrio o no. El segundo, sin embargo, debe ser consciente, además, de la arquitectura de la comunidad, empresarial en su caso. El experto citado no sabe aprovechar esta información; pero el Banquero de Inversiones sí sabe y ejerce una función epistémica importante y delicada, tal como veremos.

Pensemos a continuación en nuevas formas de marketing basadas en estilos de vida a la que dedicaremos mucho más tiempo en el capítulo II.3. Aquí nos basta con apercibirnos de que cada comunidad específica ejemplifica un estilo de vida diferente. Los individuos que conforman esa comunidad específica tienen en común unas pautas de conducta específicas entre las que están por ejemplo las pautas de consumo-producción: soy un periodista económico BoBo que conduce Volvo, come Sushi, vive en un Loft y vacaciona rural. Esto lleva a complementariedades en el consumo: no puede ser un BoBo y conducir un Mercedes; vivir en un loft exige conducir un Volvo. No es difícil augurar que el marketing será conjunto según estilos de vida y que aquí las TIC son imprescindibles tanto para hacer un rapidísimo marketing viral dentro de un estilo de vida dado, como para segmentar el público en estilos de vida diferentes que permitan discriminar precios.

Y estas posibilidades cambiarán la Banca Comercial[5]. Su naturaleza ha ido cambiando y ya no es una institución que transforma plazos, controla riesgos o atiende las necesidades financieras variadas de sus clientes. No dejará de ser todo esto; pero lo importante en la sociedad de la información, y por lo tanto en el capitalismo que viene es que por ella pasan todos los usuarios y que por lo tanto se encuentra en una posición inmejorable para segmentar finamente los estilos de vida, es decir diferenciar las comunidades diversas. Esto le abre perspectivas nuevas. Puede tratar más pesonalizadamente a sus clientes tradicionales; puede diferenciar los productos de siempre por marcas asociadas a estilos de vida; puede también contactar con otras empresas de otros sectores, el de publicidad por ejemplo, para venderles su segmentación de la población por estilos de vida.

Sin embargo lo más importante es que la Banca Comercial podría estructurar en red a los miembros de una comunidad determinada y proporcionarles la oportunidad de intercambiar entre ellos, desde información a productos físicos varios, apoyándose en la confianza mutua que hay entre ellos y en la posible garantía que esta Banca Comercial puede proporcionar para asegurar los intercambios.

Estructura de las Comunidades: Redes[6]

Los contactos entre personas van decantando prácticas que identifican a una comunidad. Sus miembros creen poseer una identidad común y, en la medida en que la tienen y la pueden romper, las comunidades no son algo estático, sino que evolucionan y tanto más rápido cuanto más se desarrollan las TIC. Cómo evolucionen sin embargo puede depender, lo mismo que la propia formación de esas comunidades, de la arquitectura de su estructura.

Dicho de manera poco precisa, quién entre en contacto con quién importa. Es aquí donde entra en juego el concepto de red al que dedicamos el primer apartado de esa sección en el que también incluiremos comentarios sobre redes de científicos para ir completando nuestra concepción de la ciencia en la sociedad de la información. En el segundo apartado procuraré que lo que sabemos sobre redes nos ayude a pensar sobre la Banca de Inversiones como una actividad que va a florecer espectacularmente en el capitalismo que viene y que va a ser el motor de la rebeldía en contra de la inercia por la que trabajan los costes de transacción.

Redes e Intermediarios

Cualquier fenómeno que pueda ser conceptualizado como resultante de la interacción entre elementos primitivos del discurso (o análisis) puede representarse como una red entre esos elementos primitivos. El lenguaje puede entenderse como redes de palabras, los fenómenos biológicos se pueden analizar pensando en redes de proteínas, la ecología se entiende mejor como relaciones entre especies en forma de red. Los estudios de complejidad han empezado a interesarse por las redes y los economistas quizá obtengamos algunas nuevas ideas si entendemos el sistema económico como compuesto por redes de personas y nos pertrechamos con algunos conceptos acuñados últimamente.

Las redes están representadas por grafos, es decir por conjuntos de nodos conectados entre sí por líneas (de una o dos direcciones) o conectores que pueden ser fuertes (cuando son transitivos de forma que si el individuo “a” esté conectado con el “b” y este con el “c”, “a” está conectado con el “c”) o débiles (cuando no son transitivos). Tal como acabo de indicar podríamos pensar en distintas redes según interpretemos los nodos y la naturaleza de las conexiones en el grafo correspondiente.

Podríamos pensar en redes ecológicas en las que cada nodo es una especie y dos nodos pueden estar unidos por el conector unidireccional alimentarse de o podríamos pensar en redes de proteínas. Si pasamos al mundo social pensamos inmediatamente en redes de personas conectadas bidireccionalmente por el conector confiar en que reflejaría la confianza mutua; pero también imaginemos facílmente redes de científicos que colaboran o se citan mutuamente, o en redes de instituciones (como por ejemplo laboratorios, universidades u otras instituciones científicas). O, finalmente podemos pasar al mundo tecnológico y pensar en redes de ordenadores, como por ejemplo Internet.

Es conveniente tener una intuición visual de clases de grafos. En el panel a de la figura adjunta encontramos un grafo aleatorio con interacción central en forma de estrella. En el panel b dos ejemplos de grafos ordenados con interacción local y en el c un grupo ordenado con interacción global.

estructuras de red

Pensemos en los esquemas de los paneles a y c como grafos que representan redes de personas unidas más o menos tupidamente por el lazo (o conector) de la confianza mutua. Nos interesan en general, y por tanto también en este caso de redes de personas, dos parámetros. El grado de agrupamiento, o clustening, denotado por c, es la probabilidad de que dos nodos unidos con un tercero estén unidos entre sí. El grado de separación, g, es la distancia media entre pares de nodos.

O bien nos encontramos con subgrupos de personas entre las que hay gran confianza mutua pero que no tienen esa relación con personas de fuera de esa subcomunidad (tal como se observa en casi todas las partes del panel c) o bien nos encontramos con que esa relación entre dos personas se da un poco al azar sin que los unidos por ella formen una subcomunidad aparte tal como ocurre en el panel a. En el primer caso “c” es muy grande y en el segundo es nulo. Pero en este segundo caso es muy probable que se de un fenómeno sorprendente que se denomina small world y que consiste en que el número medio de líneas que unen dos nodos cualesquiera es muy pequeño, tal como a menudo observamos al toparnos por casualidad con alguien con quién encontramos alguna relación común y que nos hace exclamar ¡qué pequeño es el mundo!.

En el primer caso, sin embargo, este fenómeno se da sólo entre los miembros de la subcomunidad cerrada; pero la distancia media entre dos nodos cualesquiera puede ser muy grande, e incluso infinita, si esos dos nodos pertenecen a dos submundos cerrados en sí mismos. Decimos en este primer caso que se da la proliferación de clusters (agrupamientos) de individuos. Y podíamos añadir (paradójicamente) que cuanto más cosmopolita es el mundo más cercanos estamos unos de otros como media, de forma que deberíamos sustituir la expresión ¡qué pequeño es el mundo! por la más apropiada de ¡qué grande es el mundo!.

Notemos que cuanto mayor es “c”, el grado de agrupamiento, más probable es que el grafo, o alguna de sus partes, esté desintegrado totalmente, tal como ocurre en una parte del panel c de la figura, y que por lo tanto el grado de separación, g, sea muy grande. Sin embargo empíricamente se han encontrado muy a menudo grafos con una “c” mayor que la que correspondería a un grafo aleatorio y con una g pequeña. Este paradoja nos lleva al mismísimo corazón de la conceptualización ortodoxa de la Economía y, de rebote, a la consideración de los intermediarios como figuras cruciales para el buen funcionamiento de la economía.

Digamos que el intercambio se da únicamente (en ausencia de otras instituciones más elaboradas) entre personas relacionadas entre sí por la confianza mutua, es decir dentro de un cluster. Si ese cluster es, por ejemplo, un país, observamos que nos estamos privando de las ventajas del comercio internacional. Si algún viajero a lo Marco Polo, o un comerciante especialmente emprendedor, o cualquier otro tipo de intermediario consigue establecer un puente entre dos o más subcomunidades, éstas se abren, la distancia entre individuos disminuye y la confianza mutua se generaliza propiciando un mayor aprovechamiento de las ventajas del intercambio. Siendo éstas tan grandes, tal como sabemos desde hace dos siglos, no deberíamos extrañarnos de que los intermediarios ganen mucho. En tiempos estos intermediarios llegaron a estar protegidos por el propio Reino que les concedía, como compañía de indias, el monopolio de la intermediación en algún sector determinado.

Como esta figura del intermediario es la figura central de este capítulo (y se cruza con la del líder, el autor o el maestro) es conveniente detenerse en ella. Un individuo aislado, un hombre de mundo, diríamos, puede conectar clusters aislados mediante contactos débiles y no transitivos (como puede ser un conocimiento superficial) conformando así una red igualitaria como la representada aquí con un círculo sombreado indicando al intermediario individual y con conexiones débiles representadas por líneas punteadas.

estructura de red igualitaria

Ahora bien también podemos observar redes aristocráticas tal como indica la siguiente figura. En ellas el intermediario no es una persona individual; sino un cluster en sí mismo que llamamos hub y que representa un conjunto de individuos relacionados por lazos fuertes y transitivos (como la amistad a diferencia del conocimiento superficial), una especie de clase especial que podría ser como una aristocracia o como una empresa en sí misma. Ese hub conecta con cada cluster de esa misma manera fuerte, tal como indica la figura, mediante líneas continuas.

estructura de red aristocrática

Decíamos que no nos extrañaba que los intermediarios ganen mucho y que nacieran como concesionarios del poder si los entendemos como intermediarios comerciales. En efecto durante siglos el comercio internacional y la revolución del transporte (ferrocarril, vapores) y de las comunicaciones (telégrafo, teléfono) han ido tejiendo una red universal en la que esperamos advertir clusters pero también puentes que hacen que podamos establecer relaciones de confianza mutua y, en consecuencia, vínculos comerciales con casi cualquier otra persona (small world). En este contexto la revolución de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), y en especial el Internet, contribuyen de manera significativa a ensanchar los clusters y a aumentar el número o el tamaño de los puentes de forma que, en general, esperamos que se acaben agotando todas las ventajas del intercambio por explotación de prácticamente todas las oportunidades existentes.

Los intermediarios son pues, en principio, los propios individuos (nodos) de la red inicial que tienden puentes entre ellos y otros nodos. De esta forma de ir tejiendo una red sabemos algunas cosas. Jackson y Wolinski nos han mostrado que cuando las redes se forman endógenamente, según los incentivos a establecer enlaces, la estabilidad de la arquitectura puede estar reñida con su eficacia productiva, es decir que faltan incentivos para establecer algunos enlaces. Jackson y Watts muestran que cuando la formación no es estratégica, sino evolutiva, puede ocurrir lo mismo además de generar discontinuidades y ciclos. Vega-Redondo muestra, sin embargo, que cuando el establecimiento de enlaces es costoso (pero no muy costoso) solo se forman los enlaces buenos y se puede tener simultáneamente la estabilidad de la arquitectura y la eficacia productiva.

Esto es lo que hoy sabemos sobre la relevancia socio-económica del usuario como intermediario. En cuanto teje relaciones y redes es productivo pues contribuye a ir agotando las ventajas del intercambio. Sin embargo no hay garantía de que las agoten del todo y, de todas formas, hay fuerzas que nos llevan a la conformación de intermediarios en hubs. Si en la intermediación no hay efecto-red quizá porque no hay afinidades electivas especiales (preffered attachments) el número de conexiones por nodo será más o menos constante tal como muestra la figura siguiente

Gráfica de intermediación sin efecto red

Si, en cambio tenemos efecto-red cada persona acudiría al intermediario mejor conectado porque este le proporcionaría mejores oportunidades. De esta manera deberíamos observar una tendencia al monopolio en la intermediación sin que sea necesario para ello la concesión de una patente real bajo la denominación de Compañía de Indias. Esto es precisamente lo que observamos en los mapas de internet que se han confeccionado. De casi todos los nodos surgen (y entran) unas pocas conexiones; pero hay algunos nodos de los que salen (y entran) muchísimos conexiones tal como muestra la figura. Esto es así porque, por una especie de afinidad electiva (o preffered attachment), todos preferimos conectarnos a donde muchos están ya conectados. Esta observación ha llevado a denominar a la Red de Redes como una Red aristocrática y reservar el nombre de red igualitaria para otras redes diferentes. Como se observa en la figura muy pocos nodos tienen muchas conexiones (los hubs) mientras que la mayoría de los nodos tienen muy pocas conexiones.

Gráfica de intermediación con efecto red

Si pensamos un poco nos percataremos que una red aristocrática es muy resistente a accidentes ocurridos al azar; pues es muy poco probable que estos acierten con alguno de los pocos intermediarios grandes. Sin embargo, esa Red Aristocrática está muy expuesta a ataques especialmente dirigidos a esos intermediarios grandes.

En efecto, a medida que el efecto-red va haciendo su labor, las conexiones entre los agentes económicos aumentan, los intercambios mutuamente ventajosos se llevan a cabo y crece el intermediario que, a poco que cobre por sus servicios, acabe teniendo unos ingresos muy grandes y conformando un monopolio que podría explotar a los clientes eliminando en su propio beneficio todo el excedente del consumidor de los otros agentes. Sin embargo, tal como he argüido en Urrutia (2003 a), un monopolio sólo puede sostenerse si no explota sus ventajas y se comporta como un competidor perfecto, y así lo hará siempre que no haya barreras de entrada insalvables. Pues bien, esto es exactamente lo que el moderno lenguaje de redes nos dice si lo interpretamos de acuerdo a nuestros intereses teóricos.

El gran intermediario sirve como puente; pero si se quiere aprovechar, acabaremos destruyéndolo coordinadamente y utilizando otros puentes menos poderosos. Y aprendemos algo más: seguramente nos alejamos un poco de otros y quizás, esto aumente un poco los costes de transacción; pero estas dificultades no constituyen obstáculo a la revolución contra el monopolista.

Este es un buen momento para volver a lo que en el capítulo anterior exponíamos respecto a la investigación científica. Veíamos como en un mundo como el allí descrito la estrategia óptima de investigación tendría que ser rebelde y experimentadora; pero que, de hecho, la ciencia adolecía, en su desarrollo, de encasquillamiento (lock-in effect) y de dependencia del recorrido, lo que constituye un problema para el desarrollo científico, para la innovación tecnológica y para el desarrollo económico en general.

Sin embargo esto no tendría por que ser así ya que los estudios que hay (Newman) muestran que la red de autores enlazados por coautoría es una red igualitora, con “c” (grado de clustening) grande y “g” (grado de distancia) pequeño, en la que no hay efecto-red, ese efecto que podría llevar al encasquillamiento. Una posible explicación de por qué de hecho (Callon) la ciencia es poco rebelde y experimentadora es porque las redes que se forman son más bien que entre individuos, entre instituciones o escuelas, que mostrarían la existencia de hubs que, aunque con c grande y g pequeño, exhiben un potente efecto-red propio de una red aristocrática.

Lo que hemos comentado hace unos párrafos sobre la posibilidad de contestar un monopolio al que se llega por el efecto-red es aquí muy relevante. Podemos en efecto, y en principio, rebelarnos contra la escuela o la metodología predominante dotando a la ciencia de un frescor renovado. Volveré sobre esto en el próximo apartado.

Rebeldía y Banca de Inversión[7]

Volvamos a la consideración de una economía cuyos miembros están estructurados en una red de algún tipo. Como sabemos la insatisfacción puede surgir en esa comunidad con relación a fenómenos sociales generales (por ejemplo la programación televisiva) a fenómenos políticos (como la hartura con las prácticas de un partido político específico), a fenómenos estrictamente económicos o empresariales (como, digamos, la moda del déficit cero, o la forma de llevar una compañía por parte de su presidente), e incluso a fenómenos científicos como, por ejemplo, un cierto paradigma o escuela. La Teoría del Equilibrio General nada sugiere respecto a estos fenómenos sin embargo ampliamente observados, de modo que parecería que ya es tiempo de explorarlos de otra manera.

Tomemos el fenómeno del contagio como una invasión de mutantes, o si se quiere de rebeldes. Solemos pensar en el contagio como difusión (de un virus, por ejemplo); pero hay veces que lo que creemos observar como un contagio ni siquiera exige el contacto entre agentes. De acuerdo con Peyton Young podría decir que, sin embargo, el contagio no presume nada respecto a la conectividad. Por ejemplo, se aplica igualmente bien a grafos que consisten en numerosos distintos componentes conectados, cada uno de ellos de tamaño k. Lo que está detrás de este resultado es la fuerza de lo local: si la gente interaciona especialmente dentro de un grupo pequeño, cualquier cambio del grupo a un equilibrio nuevo (por ejemplo, el dominante en riesgo) tardará mucho en deshacerse de forma que para cuando esto ocurra la mayoría de los otros grupos también se habrán movido al nuevo equilibrio… (traducción mía). Notemos que la importancia de lo local es tanto más fuerte cuanto más tupida es la red que conecta a los k individuos de cada cluster de los que componen el grafo general.

El resultado que acabo de glosar conduce el argumento en dos direcciones interesantes. Por un lado, y tal como se afirma explícitamente en la cita, que la interacción local entre miembros de un grupo muy cerrado en sí mismo (closely knit diría Young) acelere la invasión de mutantes, no tiene nada que ver con la conectividad, y por lo tanto, es independiente de la forma que pueda tomar esa conectividad. Por otro lado, y aunque es posible que el juego que los agentes (incluidos los mutantes) jueguen entre sí sea un juego de coordinación en relación a una pauta de conducta determinada, el resultado mencionado no se dirige a explicar la coordinación en sí misma. Cabe pues preguntarse si introduciendo explícitamente la coordinación en una comunidad de agentes estructurado en forma de red, podríamos aprender algo más.

Y, en efecto, podemos aprender algo inesperado y relativo a la Banca de Inversiones entendida como la actividad donde mejor se transparenta la naturaleza del usuario como intermediario. Hemos visto cómo cada individuo puede colaborar, de una u otra manera, a la generación de alguna forma de fraternidad y, por lo tanto, a la formación de comunidades identificadas por pautas de conducta cuya admisión y seguimiento definen a su vez esa fraternidad. Pues bien la figura del Banquero de Inversiones es un magnífico ejemplo de cómo un agente individual (y que la Banca de Inversiones puede constituir una sociedad es irrelevante ahora) puede conseguir que ocurran cosas y surjan novedades que sin él no serían posibles a pesar que esta figura no está asociada a ninguna toma de posición propia.

Pensemos pues en la importancia que un individuo en una red puede llegar a tener para que surja la rebeldía y el cambio. Este individuo puede ser un banquero de inversiones; pero podemos también imaginarlo como un científico. Supongamos, para ser concretos, que lo que queremos examinar es el eventual brote de la rebeldía en una determinada comunidad estructura en red y formada por individuos empresarios o científicos cada uno de los cuales tiene un umbral de rebeldía específico y un conocimiento diferenciado y singular sobre los umbrales de rebeldía de los demás según sea su conexión con ellos en la red.

El umbral de rebeldía propio de cada individuo es el número mínimo de individuos (contando él mismo) que son necesarios para que ese individuo se rebele cambiando su pauta de conducta, cambiando su metodología en el caso de un científico o introduciendo novedades en el caso de los empresarios, novedades que podrían por ejemplo consistir en introducir las TIC. Cada uno de estos agentes conoce su umbral de rebeldía y el de aquellos otros individuos, sus vecinos, que están directamente conectados a él en la red. Diremos que, en este contexto un estado de la naturaleza es un vector de umbrales de rebeldía, uno para cada agente de la comunidad (por ejemplo (3333) es el estado de la naturaleza de una comunidad de cuatro individuos cada uno de los cuales tiene un umbral de rebeldía de 3).

Con estas nociones elementales pasaré ahora a glosar un ejemplo debido a Chwe que ilustra con claridad la importancia para el surgimiento de la rebeldía de la forma de la red en que se estructura la comunidad y del conocimiento mutuo de los umbrales de rebeldía. Digamos que la comunidad está formada por cuatro agentes, 1,2,3, y 4, que corresponde a cuatro nodos de una red, y que cada uno de ellos tiene un umbral de rebeldía de 3 de forma que cada uno de los agentes se revelará si sabe que hay 3 o más agentes (incluido él mismo) que están dispuestos a rebelarse y que no se rebelará si no está seguro de que este es el caso (supuesto, este último crucial para el ejemplo de Chwe). Considera este autor en su ejemplo dos formas de red alternativas, el cuadrado y la cometa, tal como se representan en la siguiente figura en la que cada nodo representa el agente individual que se indica y en la que cada conexión entre nodos es bidireccional.

dos formas de red alternativas

Consideramos primero el cuadrado y examinemos el problema de decisión del individuo 1, sabiendo que el verdadero estado de la naturaleza es (3333).

  • Primero, el agente 1 sabe que los agentes 2 y 4 tienen un umbral de rebeldía de 3 puesto que está directamente conectado a ellos; pero no sabe nada respecto al 3. En consecuencia el agente 1 sabe que el verdadero estado de la naturaleza es un elemento del siguiente conjunto {(3313),(3323),(3333),(3343)(3353)} suponiendo que el umbral de rebeldía puede tomar los valores 1,2,3,4,ó 5.

  • Segundo, ¿se rebelará el agente 1 en estas condiciones epistémicas?. Siguiendo a Chwe voy a mostrar que no lo hará porque no está seguro que el agente 2 lo vaya a hacer a pesar de que sabe que este agente 2 tiene un umbral de rebeldía de 3 y que hay tres agentes (incluido él) con ese umbral.

    Para verlo pensemos que el agente 1 deberá pensar qué haría el agente 2 en caso de que el estado de la naturaleza fuera, por ejemplo, el (3353) uno de los considerados posibles por el agente 1. Como el agente 2 conoce el umbral de los agentes 1 y 3 pero no el del agente 4, este agente 2 cree que el verdadero estado de la naturaleza está en el conjunto {(3351),(3352),(3353),(3354),(3355)}. En consecuencia el agente 1 piensa que el agente 2 no se rebelará porque creerá que es posible que el verdadero estado de la naturaleza sea, por ejemplo, el (3355) que no le lleva a rebelarse porque él (el 2) tiene un umbral de rebeldía de 3.

    Por lo tanto el agente 1 no se rebelará en el verdadero estado de la naturaleza, el (3333), porque piensa que este verdadero estado de la naturaleza podría ser el (3353) en el que, como acabo de mostrar, el agente 2 no se rebelará. Tercero, en el caso del cuadrado, un argumento similar sirve para mostrar que los agentes 2,3 y 4 tampoco se rebelarán.

Consideremos ahora el caso de la cometa.

  • Chwe explica que, en este caso, el agente 3 conoce el umbral de todos los demás; los agentes 1 y 2 conocen que el verdadero estado de la naturaleza es un elemento del conjunto {(3331),(3332),(3333),(3334),(3335)}y el agente 4 conoce su umbral 3, y el del agente 3, que también es 3, pero desconoce el de los agentes 1 y 2 de suerte que este agente 4 piensa que el verdadero estado de la naturaleza está dentro del siguiente conjunto muy amplio {(1133),(1233), …. (2133),(223) …… (5533)}.

    Es evidente que el agente 4 nunca se rebelará ya que es posible que el verdadero estado de la naturaleza sea, por ejemplo, el (5533) en el que sólo habría dos agentes dispuestos a rebelarse. Pero también es evidente que los agentes 1,2 y 3 se rebelarán siempre pues los tres saben que en el verdadero estado de la naturaleza hay al menos tres agentes dispuestos a rebelarse.

La moraleja inmediata es que una sola persona individual puede tener una importancia crucial para el cambio de una comunidad cuando está organizada en red como puede ser el caso de una comunidad científica o de un sector económico conformado por diversas empresas.

Pensemos en el agente individual 4 como un científico convencido de que la comunidad científica debiera cambiar de paradigma. En la situación representada en el ejemplo de Chwe le bastaría con romper sus relaciones (de coautor digamos) con el científico 1 y tratar de que una relación así se estableciera entre éste último y el científico 3.

Pensemos a continuación en la situación como correspondiente a un sector con cuatro empresas que podrían fusionarse. Si esta fusión es la rebeldía de la que estoy hablando, la fusión no se llevaría a cabo si el sector está organizado como una red en forma de cuadrado. Pero si ahora el empresario 4 se da cuenta de la situación puede explicarla a los otros tres, enlazar el 1 y el 3 y retirarse él a cambio de una compensación. Vemos que ha nacido un banquero de inversión: por un lado enlaza a la gente que no sabe que piensan lo mismo y por otro renuncia a un cierto poder. A cambio de ambas cosas cobra una sustantiva comisión.

Pero, este improvisado banquero de inversión no puede estar en todos los sectores a la vez ocupando una posición estratégica y, en consecuencia, si quiere continuar como tal deberá concentrar sus esfuerzos en enlazar a los demás. Para verlo volvamos al ejemplo de Chwe. No sólo muestra la importancia de la estructura específica de una comunidad; sino también los requisitos epistémicos de la rebelión, o el cambio en general. En el caso del cuadrado cada agente sabe que la rebelión puede darse (porque sabe que hay tres agentes, incluido él, con umbrales de rebelión de 3); pero la rebelión no brota porque ningún agente puede estar seguro de que todo vecino (o agente conectado directamente a él) sabe eso mismo.

En el caso de la cometa cada agente que conforma el triángulo no sólo sabe que los otros dos tiene un umbral de 3; sino que, además está seguro que los otros dos saben que los otros lo tienen y que incluso están seguros que los otros los tienen, lo que apunta a la importancia del conocimiento común (common knowledge). Pues bien esto es lo que define a un banquero de inversión, la capacidad de convertir el conocimiento mutuo de que algo es conveniente (por ejemplo una función) en conocimiento común. Su función es epistémica, es decir, consiste en proporcionar a los demás la profundidad de conocimiento de la que adolecen. Tiene mucho de rebeldía y algo de artista pues lo que hace es enfrentar a todos los demás a la vez a una misma representación de lo que podría ser.

No hay mejor ejemplo del usuario como intermediario, ni ejemplo más claro de que ello es posible gracias al conocimiento, ni prueba más contundente de que el agente individual postmoderno es una mezcla novedosa de consumidor, productor o intermediario.

Resumen

En este último capítulo de la Parte I de El Capitalismo que viene, he tratado de remachar que el homo posteconomicus es socialmente menos individualista. Para ello he introducido, de manera todavía tentativa, el concepto de Fraternidad que, asociado a nociones como aseguramiento mutuo, confianza mutua -ya mencionada en el Cap. I.3- , reconocimiento mutuo o gusto por estar juntos, debe distinguirse claramente del concepto de solidaridad que tiene otras connotaciones.

Lo que nos interesa del concepto de Fraternidad, tal como de momento lo hemos aproximado, es que no es un concepto universalizable y que es como lo que liga a los grupos pequeños que llamamos comunidades. Como las TIC van a facilitar enormemente la volatibidad de estas comunidades que paradojicamente reflejan la Fraternidad nos vamos a encontrar en El Capitalismo que viene con una enorme proliferación de las fusiones y adquisiciones y con una noción nueva que ha denominado estilo de vida que va a revolucionar el marketing ya que este se hará de manera segmentada (algo no nuevo) y de forma agregada, tratando de acercarse al conjunto de productos que definen un estilo de vida.

Esto abre perspectivas nuevas a la Banca Comercial; pero lo que en este capítulo he querido caracterizar como epítome del intermediario como usuario del sistema es al Banquero de Inversiones. Se trata esencialmente de alguien que conoce no sólo los deseos de cambio de los demás; sino lo que los demás saben sobre esos deseos de cambio de otros. Esto le permite organizar verdaderas rebeliones que mejoran a todos y que no se podrían hacer sin ese conocimiento que proporciona La Banca de Inversiones, una institución que vende ideas y posibilidades.

El capítulo muestra que la emergencia de este figura no es independiente de la arquitectura de la red en que se estructura una comunidad y que, al final, cualquiera puede hacerlo si reconoce su colocación en la red y esta es la adecuada. Con estos comentarios se cierra esta Parte I de El Capitalismo que viene. Hemos visto que el agente individual es ciertamente psicologicamente más denso, racionalmente más complejo y socialmente menos individualista. Estos cambios asociados a las TIC, la importancia del conocimiento y la globalización anuncian unas novedades que son las que he tratado de destacar.

En la Parte II atacaré de frente el papel futuro de la propiedad privada, las implicaciones que la reducción drástica de los costes de transacción va a acarrear y algunos problemas importantes que van a surgir como consecuencia de los movimientos migratorios que la globalización ya está propiciando.

Notas
  • 1. Lo que sigue dio origen en su día a mi artículo La Economía Digital Revisitada aparecido en el diario Expansión el día 3 de Marzo de 2004.

  • 2. Este apartado está extraído de mi artículo de 1994 citado en las Referencias.

  • 3. La cita corresponde a la porción Líder, Autor, Maestro de Economía en Porciones, Prentice Hall, 2003, pp 97-98

  • 4. Los tres párrafos siguientes provienen de Aburrimiento, Rebeldía, y Ciberturbas que puede leerse en su integridad en Juan Urrutia Elejalde.

  • 5. Estos breves comentarios sobre la Banca Comercial han sido desarrollados en mi artículo de Expansión del 6 de Abril de 2004, Reinventando la Banca Comercial.

  • 6. Hay muchas publicaciones divulgativas recientes sobre redes. La menos decepcionante es Linked de Barabasi.

  • 7. Las ideas básicas de esta sección proceden de mi artículo citado en la nota 4.

Referencias
  • Beck, U y E Beck- Gernsheim (2003): “La individualización”. Paídos 2003.

  • Barabasi, A.L. (2002): “Linked: The New Science of Networks”, Perseus.

  • Callon, M (1993): “Is Science a Public Good?” En Science, Technology and Human values.

  • Chwe, M.S.-Y (1999): Structure and Strategy in Collective Action, American Journal of Sociology, 1.

  • Deleuze G. y F. Guattari (1988): “Mil Mesetas, Capitalismo y Esquizofrenia”. Pretexto.

  • Gale, D. (1982): “Money: in Equilibrum”, Cambrige.

  • Jackson, M. y A. Watts (1996): The Evolution of Social and Economics Networks, mimeografiado, Caltech.

  • Jackson, M.O.y A.Wolinski (1996): A Strategic Model of Social and Economic Networks, Journal of Economic Theory, 71.

  • Newman, M.E.I. (2001): The Structure of Scientific Collaboration Networks, en Procedings of the National Academy of Sciences, 98.

  • Rorty, R. (1989): “Solidarity” en Contingency, Irony and Solidarity”, Cambridge

  • Schelling, Th.C. (1971): Dynamic Models of Segregation, Journal of Mathematical Sociology. 1.

  • Urrutia, J :

  • Young, H.P. (2001): The Dynamics of Conformity en H.P. Young y S.N. Durlauf (eds). “Social Dynamics, Brookings Institution”, 2001.

  • Vega-Redondo, F.: (2000): Social Networks I & II, mimeografiado.