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Ejes ortogonales

andanteDecidieron quedarse en un hotel cercano a la estación. Mercedes llamó a Ramón sugiriendo que lo hacía desde Ginebra y Juan se interesó por el cansancio de Machalen excusándose de haber decidido quedarse a pasar la noche en Basilea pues había perdido el último tren a Lucerna. Machalen estaba agotada y con voz cansina le despidió recordándole que al día siguiente podría asistir a media mañana al ensayo general a partir del cual, y si todo salía bien, podrían seguir pensando sobre la interpretación musical de su C.V.

Hacía algunos años que Juan no pasaba una noche tan agradable pues se encontró con alguien como Mercedes que parecía no tener problema alguno en mezclar sin protesta alguna el placer sexual y la conversación culta como si estas dos cosas fueran cosas que caminaran en la mismo dirección, una dirección llena de sorpresas agradables, desde el descubrimiento de lo inesperado hasta la inmediata asociación de intereses intelectuales. Ambas novedades acabaron, como suele ser lo habitual en estos casos, en un intercambio de antecedentes de cada uno, desde su origen hasta sus aspiraciones o su falta de tales.

Juan trató de explicar su confusión política en los tiempos que corrían y lo hizo utilizando una vieja idea del historiador Fontana al que una vez había escuchado, no recordaba en que sitio: que necesitamos dos ejes para poder ubicarnos en la vida político-social social. Uno de esos ejes, el vertical por ejemplo, mide la situación patrimonial desde la parte superior, la propia de la gente rica, hasta la parte inferior en donde se encuentran las familias de bajo poder adquistivo. El otro eje sería el horizontal, el propio de las actitudes nacionalistas o soberanistas que ubica los centralismos a la izquierda y los separatismos a la derecha. Juan improvisó para Mercedes que su familia estaba en el cuadrante superior derecho aunque no muy lejos del corte de ambos ejes: una familia de clase media y un buen pasar con cierta inclinación nacionalista y, desde luego, anticentralista. La familia de Machalen, continuó improvisando, estaba justo en el origen de las coordenadas, muda respecto a su actitud sobre el soberanismo y justo con el buen pasar que le permitió recorrer el camino de su formación musical.

Se excusó coquetamente sobre este extraño excursus insinuando su deseo de hacerselo perdonar, pero se encontró con que Mercedes no solo entendió esta explicación geométrica sino que la completó diciendo que entonces Machalen y él, Juan,conveniente unidos formaban como una bisectriz del cuadrante superior derecho mientras que Ramón y ella, Mercedes, conformaban una bisectriz del cuadrante superior izquierdo con ella en el origen y Ramón con cierto bienestar económico y un cierto conservadurismo centralista en lo político. Continuó indicando que ambas parejas eran ortogonales en el espacio elegido y que, por lo tanto, difícilmente podrían arreglárselas bien y llegar a ser realmente amigos buenos.

Juan se sintió liberado de esa especie de atadura que siempre sigue a una aventura inesperada y tuvo como una visión optimista de los años futuros con Machalen en Granada, o en cualquier parte del mundo, Mercedes concentrada en su serio oficio bancario Y Ramón y él trabajando duro en persecución de no se sabe qué en el mundo de la ciencia económica y con diarios almuerzos intelectualmente gratificantes.

No necesitó madrugar mucho para tomar un tren de vuelta a Lucerna que le dejara a tiempo en el teatro donde Machalen ensayaría por última vez sin pausas para corregir y con todas las piezas seguidas sin atender a la necesidad de respirar para cambiar de mundo. Más bien con varios mundos seguidos que para él era algo que prefería a lo que mañana sería el verdadero estreno con cambios e incluso con un descanso en el que él tendría que pasearse por el foyer de aquel teatro y escuchar los comentarios de los distintos grupitos de elegantes de la sociedad europea que, él creía, se conocían ya aunque solo fuera de vista después de años viniendo a este concierto inaugural de Lucerna.

Él no tenía cultura musical formal; pero había asistido ya a tantos ensayos y conciertos, había escuchado tantas veces las pausas y exigencias irritadas de Machalen que era casi como si la tuviera. El oído del que siempre había presumido le permitía detectar pequeños deslices imperceptibles para el gran público, pero que luego él comentaría a Machalen junto con su segura conversación tardía del día del concierto en el que él se las arreglaba para dejar fluir una conversación que, viniera de donde viniera, sería sin duda inesperada pues su fondo vendría del fondo del alma y, a pesar de nada tener que ver con el concierto en sí, la musicalidad de éste recubriría las palabras y las opiniones de uno y otro.

No tenía duda de que mañana acabaría tratando de relacionar su propio trabajo nada vulgar, pues se planetaba problemas intelectuales propios de su aproximación peculiar a los problemas económicos y en un momento u otro entendidos como decisiones pictóricas, interrogándose sobre su estilo y su composición para finalmente sonsacar a Machalen su traducción a la música de el ultimo concierto que acababa de dirigir.

La música es mucho más carnal que la pintura y su manera plástica de plasmar su obra en diferentes direcciones con investigaciones que le redireccionaban en una dirección cercana y que constituían un cuadrito con un fondo de un color determinado que no siempre podía conseguir a plena satisfacción pero que, combinado con otros de distinto fondo generaba el tono general de ese lienzo como desnudo que finalmente se convertía en una especie de melodía o de su falta y que le rodeaba día a día mientras seguía trabajando en el asunto o el color o tono de uno de los cuadros pequeños y que acabaría cambiando el tono general de su vida.

Pero esta vez, en este ensayo con todo previo al estreno, se preocupaba también por si esta vida aparentemente serena y conseguida durante muchos años dedicados a cegarse o ensordecerse para todo lo que no fuera su cambio de identidad, se vería perturbada por el recientísimo encuentro con Mercedes y la admiración que en él había extraído su cosmopolitismo natural y su limpieza de visión matemática como para estar deseando encontrar la manera de incluirle en su rutina y nunca olvidar que aunque Machalen estuviera en Granada no lejos de casa, Mercedes le iba a resultar imposible de consultar y de abrazar.

Pensó en Fritz y en Cósima y en el misterio que era para él el protagonismo de esta útima en la locura de Fritz y su revuelta contra quien él había pensado durante años que era la clave del alcance del entendimiento en general y del pensamiento de la totalidad.

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