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Eficiencia, equidad y el cuarto de hora de fama

La relación entre la eficiencia y la equidad es un tema económico recurrente bajo diferentes disfraces. Para los que hemos vivido la consolidación del modelo de equilibrio general neoclásico , la relación es obvia: una asignación eficiente no será equitativa más que por casualidad.

También aprendimos otras sutilezas. Por ejemplo, si definimos la equidad como ausencia de envidia, sabemos que la asignación de equilibrio competitivo mostrará ausencia de envidia relativa. Es decir aunque en el equilibrio sí­ quisiera cambiarme por Bill Gates, no me interesarí­an sus intercambios netos en ese equilibrio. Una sutileza que no nos dice gran cosa.

La falta de equivalencia general entre el resultado de la competencia en el mercado y la equidad de ese resultado ha llegado a ser la piedra angular conceptual del Estado del Bienestar y más especificamente del intervencionismo fiscal a través del ingreso o del gasto. Sin embargo, a medida que la noción de competencia se hace más sutil en la teorí­a y el mundo se hace más global y menos pesado en la práctica, además de más interconectado, el intervencionismo se hace más problemático.

Quizá por esa razón la última trinchera de los intervencionistas es la llamada igualdad de oportunidades, algo muy criticado por los liberales profesionales que no lo ven justo; pero apreciado por los economistas del corriente mayoritaria. Para no dispersar la atención hacia temas que ahora resultarí­an tangenciales, propongo restringirnos a la igualdad de oportunidades en el sentido especí­fico de que todos podamos apropiarnos solamente de nuestro coste de oportunidad una vez descontadas las diferencias de talento. Como el premio al talento me parece un incentivo fundamental a mí­ ya me va bien esta propuesta interpretativa.

La pregunta ahora es si podemos esperar que la potencia de la competencia nos lleve a esa igualdad de oportunidades. En EL CAPITALISMO QUE VIENE arguyo, por muchas y diversas razones, que así­ es. La clave del argumento es que la competencia en un mundo global, con la mayorí­a del valor añadido incorporado en intangibles y en donde las TIC reinan, todos competimos tan fiéramente por llevarnos las rentas o cuasi-rentas del prójimo y es tan fácil arrebatárselas que, al final, es como si no lográramos apropiarnos más que de nuestro coste de oportunidad. Esto suena muy justo y equitativo en algún sentido; pero se logra gracias a que todos gozamos, digo yo en el CAPITALISMO parodiando a Andy Warhol, de un cuarto de hora de gloria durante el que podemos disfrutar de una buena renta o cuasirenta

¿Tiene alguna relevancia empí­rica la analogí­a con la ocurrencia de Warhol? Hagamos unos numeritos para ver si este cuaro de hora de gloria que genera un cuarto de hora de renta que podrí­amos apropiarnos servirí­a para poder sustituir a un Estado del Bienestar dificil de sostener en ese capitalismo que apunta. Si así­ fuera podrí­amos decir que el dilema entre eficiencia y equidad no es tan fiero y que el Estado del Bienestar no es estrictamente necesario, dos afirmaciones bastante osadas.

Si somos 6.000 millones de seres humanos con una vida media de 60 años y todos tenemos un cuarto de hora de gloria o fama, es fácil calcular los años que necesitamos para que todos gocemos de ese privilegio breve. Necesitarí­amos como unos 16.500 años para que ese privilegio se pudiera generalizar secuencialmente, al menos en principio. Ahora bien si esa gloria se puede simultanear entre 165 seres humanos, solo necesitamos 100 años y si por 16.500 solo un año de forma que todos los años de vida activa cada uno de nosotros consigue un “pelotazatito”.

Sigamos. Veinte de estos golpes de gloria durante la vida activa darí­an posiblemente para ahorrar para los últimos veinte años de vida pasiva y para constituir un colateral para educar a nuestros hijos durante sus veinte años de formación. Y si no nos parece plausible supongamos que el cuarto de hora de fama se puede simultanear entre 165.000 seres humanos muy lejos todaví­a de los 2.000 millones de seres humanos que están trabajando activamente. Y si todaví­a no estamos convencidos pensemos en aumentar la simultaneidad a 16,5 millones de seres humanos, a penas un 1% de la población activa de ese mundo que corresponderí­a al capitalismo que viene.

A mí­ me salen las cuentas. Esa competencia descarnada que nos va a imponer el capitalismo puede ser suficiente como para pasar por este mundo confortablemente, sin sobresaltos y sintiendo que no estamos quitando el pan a nadie por nuestra situación privilegiada. Yo me apunto.

«Eficiencia, equidad y el cuarto de hora de fama» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 20 de Septiembre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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