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Dos reflexiones. I: ¿Privatización de la ciencia básica?

La microeconomía aplicada puede ser bien útil para encontrar soluciones teóricas a problemas prácticos de regulación sin tener que confiar siempre y ciegamente en el funcionamiento de los mercados

SolarLa primera de estas reflexiones sugeridas por la presentación de la obra de Tirole tal como indicaba aquí, está relacionada con un working paper que escribí hace muchos años y que posteriormente utilicé en El Capitalismo que Viene, cap. 4. Estimulado en aquel entonces por el caso de Celera y Craig Venter y justo en una época en la que me interesé por las patentes y otras formas de propiedad intelectual, traté de entender por qué la ciencia básica, un bien que por sus características no podría ser producido óptimamente por la iniciativa privada ni distribuido adecuadamente por los mercados, al menos en principio, podría bajo ciertas condiciones ser objeto de propiedad privada y cómo esa propiedad, como ejemplo de la autoridad que, como mencionaba Garitano, coexiste con el funcionamiento de los mercados, podría llevar a un óptimo social en contra de lo esperado.

Lo que podríamos esperar y temer es que el científico se deje llevar por los incentivos económicos sin que el ethos científico sirva de contrapeso. Si esto fuera así, es muy posible, parecería, que el sistema de Ciencia Abierta podría acabar clausurándose, con el correspondiente daño social, mediante la apropiación de los resultados por el científico que, como Venter intentó, podría convertirse en un empresario detentando la propiedad privada de la empresa científica.

A pesar de este razonamiento, cabe intentar un contraargumento. Aunque no dispongamos de una teoría económica seria de la propiedad, me parecía que entendiendo la empresa científica como un haz de contratos, necesariamente incompletos, entre la administración o el Estado (que construye la instalación) y el Científico (que la explota) podríamos dar pasos hacia la justificación de que los derechos residuales no especificados en un contrato incompleto, es decir la autoridad y, en definitiva, la propiedad, pudieran recaer en el Científico.

Trabajemos sobre un ejemplo específico. Pensemos en que el Estado y el Científico especulan sobre la posibilidad de colaborar en la generación de neutrones mediante la construcción de una gran instalación científica. La administración no está interesada por el resultado científico a obtener en sí mismo, mientras que el científico sí que lo está. Como había explicado Hart, en un trabajo sobre la naturaleza de la empresa, si el bien a producir es un bien privado la propiedad debe recaer, en nuestro ejemplo, en el Estado. Ahora bien, si el bien a producir es un bien con características de bien público, como la investigación básica, entonces Besley y Ghatak muestran que la propiedad debe recaer sobre el Científico y, a poder ser, sobre ese Científico que más aprecia los resultados científicos básicos para cuya obtención el Estado y el Científico se proponen colaborar. En este caso, en efecto, el Estado sabe que dadas las preferencias del Científico, en caso de desavenencias el propietario decidirá continuar la construcción y la explotación y, por lo tanto, no tiene miedo a quedarse con una instalación inservible, por lo que estaría interesado en financiar la gran instalación.

La explicación cuidadosa de este resultado se encuentra en el working paper citado, pero ahora no se trata de ser exhaustivo sino de mostrar cómo la microeconomía aplicada, y no otra cosa son los trabajos citados de Hart o de Besley y Ghatak así como los de Tirole en este campo del diseño de incentivos a través del diseño de instituciones, puede ser bien útil para encontrar soluciones teóricas a problemas prácticos de regulación sin tener que confiar siempre y ciegamente en el funcionamiento de los mercados.

«Dos reflexiones. I: ¿Privatización de la ciencia básica?» recibió 3 desde que se publicó el sábado 1 de noviembre de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Juan, lo he leído dos veces y aún sigo sin entenderlo.

    Puede ser porque me parece contraintuitivo que el conocimiento pueda ser propiedad.

    • Antonio, por lo que entiendo del paper, no sería la propiedad intelectual (la ciencia básica, en teoría, no «produciría» patentes) sino la propiedad de la empresa y por tanto del patrimonio (laboratorios, centros de investigación, etc.) utilizado en la elaboración de las investigaciones.

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