Desde mi sillón

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo de Cooperativas de las Indias

Dos películas (mediocres) para viejos

Acabaré viendo innumerables episodios de cualquier serie en la pantalla de la televisión y dejaré de acudir a la sala oscura en donde el silencio ya no es el resultado de la concentración emocional, sino del puro aburrimiento.

Nadie_quiere_la_nocheDesde siempre la Navidad ha sido ocasión de ir al cine. Mi padre nos llevaba siempre a mis hermanas y a mí al cine el día de nochebuena para dejar trabajar a las señoras en la preparación de la cena, decía él. Un año, mientras disfrutaba de una película de romanos, tuve mi primera turbación sexual con la visión de muchas romanas que enseñaban la tripita. Mi señorita Carmen me explicó que era más pecaminoso enseñar las piernas que la barriguita. Lo entendí años después; pero en cualquier caso en esas Navidades se encuentra el germen de mi pasión por el cine, una pasión que no es ajena a la belleza femenina, pero que no se agota en ella.

Esta año, y antes de que llegue la Nochebuena, mi mujer y yo hemos acudido al cine con esperanzas y recuerdos de aquella nuestra pasión juvenil por este arte que permanece viva sobre todo por estas fechas. Nos lanzamos a ver en dos días seguidos «Nadie Quiere la Noche» y «45 años». Ambas han sido generosamente premiadas y quien sabe si con con razón; pero hoy no se trata de enumerar detalles a fin de elaborar una crítica homologable; sino de entender nuestro cabreo. El cine como todo arte o apela a nuestro entusiasmo o no merece la pena por muchas elaboraciones inteligentes de detalles que eleven una producción a un pedestal. Estas dos películas nos han dejado fríos y nos han aburrido. Quisira exponer las posibles razones de este aburrimiento por mi parte.

¿Será una cuestión generacional? Son películas para el disfrute de mi generación a través de actor y actrices míticas; pero mucho me temo que están hechas por gente de una generación posterior y uno resiente la diferecia. Los cineastas de mi generación están acabados y no basta con que los actores y actrices actúen pues, si bien es cierto que siguen haciéndolo bien o muy bien, uno siente la falta de entusiamo, de habilidad o de fe en los jóvenes productores o directores que estarían llamados a renovar el género y la industria.

¿Es una cuestión económica? Creo que no hay duda: las películas a las que me refiero son muy baratas aunque filmar en el polo norte no debe ser fácil y, en cuanto a hacerlo en la campiña inglesa sin salir de una casita más que para visitar un pequeño pueblo con lo que parecía cámara oculta, tampoco creo que sea la ruina de ningún productor. El cine sufre la competencia de otros medios y los distribuidores lo deben estar pasando mal, así que estrenar cualquier película casi simultáneamente con el último episodio de «La Guerra de las Galaxias», una producción extremadamente cara de producir, debe ser algo molesto, algo como competencia desleal.

Pero mi cabreo no proviene de estas obviedades sino que proviene de los detalles que se siguen de todo ello. Pensemos en la iluminación por ejemplo. En el invierno polar de «Nadie Quiere la Noche» no se ve nada y aunque sea dificil rodar con esa falta de luz hay que hacer lo que sea para poder ver qué pasa dentro de un iglú en donde ocurren aquellos acontecimientos que dan sentido a la historia principal: el amor patético entre dos seres humanos, un amor que no resiste ni cinco minutos la posibilidad de salvación de una de ellas. En 45 años no hay problemas de iluminación a pesar de que se nos niega en todo momento cualquier referencia a la época del año de que se trata.

Y ¿qué pensar de la sastrería? De primeras parece que sobraría este oficio en un film rodado cerca del círculo polar ártico por mucho que en aras de un realismo, que parece equivocado aunque no lo sea, esta satrería sobraría especialmente cuando la señora protagonista aparece con sombrerito decimonónico con esa especie de velito quitamoscas cubriéndole la cara. Por otro lado no tengo nada que objetar a la vestimenta de esa señora tardíamente celosa después de cincuenta años de la muerte de la primera mujer de su actual marido con el que ha estado casada esos 45 años del título.

Las objeciones provienen de la persistencia de la memoria pues los viejos conocemos bien a las dos protagonista de una y otra película. Me frustra enormemente encontrar a una señora antigua en el cuerpo que, allá en su juventud, nos hizo pensar el mal en Portero de Noche. El tiempo no pasa en balde y las piernitas que la Rampling cubre con vaqueros pitillo así como los arreglos de su cara son de lo más deprimentes. Como lo es en otro sentido la dificultad para andar del que fue un gran long distance runner en un cine turbador como fue aquel cine británico que tanto prometía y tanto nos dio.

Pero ni eso es lo importante. Lo que todo lo rompe, es la falta de emoción que provocan las situaciones retratadas. No se si el obsoleto soy yo por razones físicas o el obsoleto es el cine de esta generación que no comprendo o no me comprende ella a mí. Claro que acabaré viendo innumerables episodios de cualquier serie en la pantalla de la televisión y dejaré de acudir a la sala oscura en donde el silencio ya no es el resultado de la concentración emocional, sino del puro aburrimiento.

«Dos películas (mediocres) para viejos» recibió 1 desde que se publicó el Lunes 21 de Diciembre de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

El Correo de las Indias es el agregador y plataforma de blogs de los socios del Grupo Cooperativo de las Indias y es mantenido y coordinado por los miembros de la comunidad igualitaria de las Indias