Desde mi sillón

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Dos bofetadas

Soy el producto psí­quico de dos bofetadas. Una que dí­ y otra que recibí­.

A los 9 años, y habiendo sido dejado como responsable del orden de una clase mientras el curita cuidador se ausentaba momentáneamente, llevé mi celo hasta a tal punto que solté una bofetada a mi compañero Muñiz por haber hablado contra mis órdenes.

A los 13 años, y gracias a mis dotes de velocista, me permití­a asiduamente reservar una porterí­a de futbol mediante el procedimiento de tocar el larguero antes de que lo hiciera cualquier otro. Habiéndolo hecho como cualquier otro dí­a fuí­ despojado de mi derecho de uso por Echart, un tipo grande bastante mayor que yo que acompañó su robo con una bofetada majestuosa.

La bofetada que propiné a Muñiz me llevó a odiarme a mí­ mismo o, mejor dicho, al nazi autoritario que hay en mí­, y le busco incansablemente para pedirle perdón. La de Echart me genera el asqueroso rencor de la ví­ctima y me lleva a no poder perdonar y a jurar venganza.

Me disgustan el autoritarismo y la crueldad, pero lo que odio de verdad como resultado de estas dos bofetadas es el poder del tipo que sea.

Sí­, lo que odio es el poder. Y lo que echo en falta es un buen intercambio de golpes sin razón aparente como el que tuve el placer de compartir con Manolo Lezón allí­ por mis siete años. Dolí­an los golpes; pero por cada uno de ellos se ataba un nuevo nudo de amistad.

«Dos bofetadas» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 29 de Febrero de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. kueli dice:

    Querido Juan:

    Después de muchos días sin visitar tu página. te leo intimista y anarco. Me sorprende, me gusta y me hace echarte de menos. Estoy en el IESE de Barcelona deshojando una de mis margaritas. Me cuesta trabajo reconocerme en los brazos enchaquetados del tipo que escribe en mi máquina. Me tengo que ir. Nos vemos en Andoni. Aupa y agur. J.

  2. Juan Urrutia dice:

    Deshojar margaritas puede parecer angustioso; pero para mí siempre ha representado un momento delicioso en el que uno se encuentra realmente libre. Nos vemos.

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