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Epílogo

Hay abandonar el falsacionismo e inventarnos otra manera de palpar nuestro camino hacia la verdad.

Beto Compagnuci Collage

En lo que queda hasta que termine con esta exposición sin duda demasiado larga voy a tratar de explorar algunas ideas sobre esta raíz malsana y a terminar con ciertas reflexiones semifilosóficas.

La globalización nos ha llevado al intento de entender el comportamiento de grupos de países y, como además, cada país es un sistema complejo en sí mismo, nos encontramos con un artefacto cuyo funcionamiento querríamos conocer pero no sabemos con qué herramienta pues las existentes solo parecen servir como parámetros que determinan el progreso académico. No es este el lugar para usar el poco tiempo que me queda en perdernos en la introducción a los sistemas complejos o a la unión entre distintos sistemas complejos.

Hay, sin duda, maneras conocidas de saber algo sobre estos sistemas, pero las matemáticas adecuadas están tan lejos de la tradición de la Economía y no hay intentos generales de cambiar el paso y estudiar, por ejemplo, el sistema económico global como un sistema complejo único y someter su equilibrio o similar al examen de lo que ocurre cuando hay un shock externo significativo (entre otras cosas porque no hay forma de entender lo que es el exterior del conjunto de países cuyo funcionamiento queremos estudiar).

Esta es la motivo por el que no me atrevo en este instante a explicar las razones que han llevado a Grecia a su situación actual o a pronosticar el final de las deliberaciones peliagudas que, sin duda, van a tener que darse e los próximos meses entre Syriza y el Eurogrupo. O ni siquiera a opinar sobre, por ejemplo, la conveniencia de reducir la jornada laboral para repartir el empleo, una idea esta que no se ha vuelto a mencionar en esta crisis quizá por su fracaso en la Francia de Mitterand.

Pero la admisión de la conveniencia de entender el sistema económico como un sistema complejo no nos libra de la necesidad de modelar este sistema complejo con lo que volvemos al enigma inicial de si hacerlo como en equilibrio o como en desequilibrio con lo cual hemos de continuar preguntándonos cómo aceptaremos un modelo complejo determinado frente a otro alternativo.

Dejando de lado esta cuestión difícil recordemos alguna de las características de los sistemas complejos. Por un lado en general esperamos que la solución no sea única con lo cual no sabremos muy bien qué nos aconseja en materia de Política Económica, si, por ejemplo, reducir la jornada de trabajo o no hacerlo pues ambas respuestas son posibles dependiendo de la especificación del sistema. Por otro lado una manera muy natural de entender las soluciones dinámicas de un sistema complejo es como path dependent (dependientes del recorrido) de manera que a dónde llega nuestro sistema o a dónde le lleva la medida de Política Económica que estemos analizando depende de por dónde empieza o qué medidas consideramos que se introducen en cada momento.

Beto Compagnuci Collage 2Esta dependencia del recorrido hace que el incentivo a meterse de lleno en el uso de modelos de sistemas complejos de mucha pereza entre otras cosas porque cuando la solución no sea de nuestro agrado como gestores del sistema no quedaría más remedio que volver atrás y explorar otro cambio de política y volver a examinar su trayectoria ante ese cambio paramétrico. Da pereza pero no veo otro posibilidad especialmente cuando caemos en la cuenta que nuestro mismo pensar económico- y me atrevería a decir que cualquier tipo de pensamiento- y en cuanto es el resultado del quehacer del sistema complejo formado por aquellos que lo conforman es también dependiente del recorrido y puede llegar a una situación final que, al no ser la mejor, exija volver atrás y tomar una de la bifurcaciones abandonadas. Este sería el caso de los modelos DSGE que, si admitiéramos que no nos alumbran con su luz los efectos de la Política Económica, debieran ser abandonados y, como dependientes del recorrido que son, sustituidos por otros de los que fueron abandonados por las razones que fuera, una humilde sugerencia esta que sometí al tiempo que defendía la macroeconomía del desequilibrio como más cercana a una nueva teoría macroeconómica. Decía:

Me refiero a lo que acarrea de «venganza» generacional por el mero hecho de afirmar que las cosas habrían ido mejor si un filtro nada mágico no hubiera puesto a dormir a toda una manera de pensar en Economía por el mero hecho de la dificultad de su formalización. No solo se pretende despertar a la bella durmiente, sino despertar nuestros sentidos a esa belleza que solo se menciona en las explicaciones sobre la deriva de las ideas cuando se refiere a formalizaciones matemáticas y no a la llamarada deslumbrante de una idea.

Y con el examen de esas razones para admitir o rechazar modelos termino. A nadie de la audiencia que me haya seguido hasta aquí le extrañará que, por coherencia conmigo mismo, diga que quizá tenemos que abandonar ese criterio que presuntamente utilizamos a efectos de seleccionar teorías, ese falsacionismo de Popper que nos permite mantenerlas mientras no hayan sido probadas falsas. Lo que está ocurriendo es que se mantienen aunque estén muy cerca de haber sido probadas falsas porque las sostiene el grupo social formado por quienes practican esta rama del saber. Hay pues que abandonar el falsacionismo e inventarnos otra manera de palpar nuestro camino hacia la verdad. Quizá, sugiero para cerrar definitivamente, que consideremos como verdad no la teoría en la que se da la correspondencia entre la idea y la cosa, sino aquella teoría que más ha costado parir, esa idea que se ha impuesto al grupo a pesar de la dinámica compleja de ese mismo grupo. O quizá la idea o teoría que más nos seduzca o que más se acerque a la sabiduría, algo distinto del conocimiento aunque éste fuera indiscutible. Pero esto es otra historia con la que no me atrevo a castigarles señores académicos.

«Epílogo» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 8 de Marzo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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