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La Crisis y sus explicaciones y soluciones alternativas

La Política Económica no la deciden en general los académicos sino los economistas que ocupan puestos básicos en las instituciones como los bancos centrales o los tesoros nacionales. Y así nos encontramos con que en el año 2008, y quizá con independencia de las luchas académicas, unos países tomaron medidas monetarias y fiscales claramente intervencionistas mientras que otros u otras zonas económicas se ataron al mástil del no usar nunca la política monetaria y solo un poco la fiscal dada la situación de endeudamiento.

KFWimerRecordad la advertencia.

Cuando hablamos de la Crisis estamos hablando, en general, de estas cosas que acabo de mencionar (al final del post anterior) que son justamente de las que se nutren las páginas económicas y no pocos editoriales de todos los periódicos desde hace siete años.

Estalló una burbuja en los EE.UU. cuyo origen hay que buscarlo en el desmesurado crecimiento financiero de este país, resultado a su vez, según explicó Varoufakis en su bestseller «El Minotauro global», de los dos déficits gemelos americanos -el fiscal y el de balanza de pagos- que atrajeron todo el ahorro mundial hacia ese país desorbitando el sistema financiero.

Este sistema financiero se tambaleó a resultas del estallido de la burbuja inmobiliaria y la globalización de los mercados financieros hizo que éstos sirvieran ahora no tanto para mitigar riesgos como para propiciar el contagio entre las instituciones financieras de todo el mundo más o menos rápidamente. Las crisis financieras pronto se convirtieron en crisis de endeudamiento, tal como la historia económica nos ha enseñado repetidamente por activa y por pasiva y, en consecuencia, se hizo más y más difícil la emisión de deuda y el uso de la inversión pública para salir del pozo.

El endeudamiento aumentó enormemente en la creencia de que todo terminaría pronto, pero no fue así revelando otros problemas menos generales. En Europa no cabía la devaluación si queríamos mantener el euro como moneda fuerte (con todo lo que eso significa) por lo que la situación no tenía salida fácil; en España, como en Grecia, se procedió a una devaluación interna (que se ha traducido en devaluación salarial) y, quien más quien menos, con diferencias entre norte y sur, incrementó el desempleo.

Y ahí estamos en este momento en el que nos preguntamos si hemos aprendido algo. Ahora me toca por lo tanto argüir mi aseveración inicial de que sólo sabemos que no sabemos lo que sería bueno que supiéramos. Trataré de hacer ver que esto es verdad antes de poner en duda la posibilidad de reconocer esta noción.

La Economía, como toda ciencia más o menos «dura», suspira por la unidad y no es de extrañar que se haya hecho un esfuerzo enorme por unificar el modelo central o básico microeconómico y el modelo macroeconómico con el que nos manejamos para lidiar con los problemas mencionados y tomar medidas adecuadas de Política Económica. No estoy seguro de que esta tendencia a la unificación sea una estrategia óptima, pero me parece imposible de esquivar.

Ahora bien esta unificación pudo realizarse hace cuarenta años aproximadamente de dos formas alternativas. O bien comenzamos por el modelo central o básico con un cierto rozamiento que hace que no todos los mercados estén en equilibrio en todo momento, o bien iniciamos nuestro trabajo a partir del modelo central puro y duro en el que todos los mercados posibles están siempre en equilibrio.

En el primer caso podríamos permitirnos introducir problemas de falta de información y de formación de expectativas sobre el valor de ciertas variables en un futuro hoy desconocido y, en consecuencia, introducir de manera natural el dinero fiduciario como un depósito de valor que nos permite trasladar poder de compra entre períodos de tiempo. Esto dio origen a la Macroeconomía del Desequilibrio aparentemente prometedora durante la época de los sesenta pero que fue desvaneciéndose durante el inicio de los setenta con cambios notables en ciertos autores cono Barro y Grossman que se cambiaron de bando de manera ostentosa.

En el segundo caso no podemos permitirnos introducir mecanismo alguno de formación de expectativas pues toda la información disponible será usada y, en este modelo, toda ella está disponible. Es pues necesario, tal como nos avisó Lucas en 1970, que no quede información sistemática sin utilizar o, lo que es lo mismo, que las expectativas han de ser racionales.

Como no hay manera de modelar la racionalidad de las expectativas de manera operativa en situaciones de desequilibrio, la profesión se quedó con este segundo caso al precio de hacer de la introducción del dinero algo artificioso. Este segundo caso da origen a la Macroeconomía del Equilibrio que se plasma en su modelo canónico, el «Dinamic Stochastic General Equilibrium (DSGE) model». Es la adoración de la racionalidad por parte de los teóricos de la economía la que rompe el esfuerzo por comprender como resultado de la bifurcación en la manera de «hacer macroeconomía».

Curva de PhilipsUn ejemplo relativamente sencillo nos hace ver que esta diferenciación en la forma de unificar la Economía no es algo trivial. Pensemos en la llamada Curva de Phillips que relaciona la tasa de inflación y la tasa de desempleo y cuya forma es crucial a efectos de la toma de medidas ante una situación, por ejemplo, de desempleo. Si en su representación habitual la curva tiene una pendiente negativa quiere decir que una relajación de política monetaria que incremente la inflación traerá consigo una disminución de la tasa de desempleo. Si esta curva es vertical no hay manera de reducir el desempleo mediante la generación de inflación.

Notemos ahora que un partidario de la Macroeconomía del Desequilibrio usando su modelo con expectativas adaptativas -no racionales- pensará que la curva de Phillips tiene pendiente negativa y se convertirá en un intervencionista. Análogamente un partidario de la Macroeconomía del Equilibrio con su modelo firmemente anclado en la racionalidad de las expectativas pensará que la curva de Phillips es vertical y se convertirá, siguiendo a Friedman o a Phelps, en un partidario de no intervenir.

Pues bien, durante la Gran Moderación y a pesar de no pocas crisis menores, estas no eran lo suficientemente amenazadoras para los países centrales con lo cual los economistas, especialmente los teóricos, se concentraron en sus ambiciones académicas desarrollando el modelo DSGE, así como su uso econométrico, hasta límites insospechados ganando una enorme credibilidad basada en el reconocimiento profesional de su actividad teórica. También es cierto que los intervencionistas aprendieron también a sofisticar sus modelos, pero por alguna razón adicional (que yo relacionaría otra vez con la adoración de la racionalidad) su influencia no ha ido en paralelo con la calidad de su trabajo.

Pero la Política Económica no la deciden en general los académicos sino los economistas que ocupan puestos básicos en las instituciones como los bancos centrales o los tesoros nacionales. Y así nos encontramos con que en el año 2008, y quizá con independencia de las luchas académicas, unos países tomaron medidas monetarias y fiscales claramente intervencionistas mientras que otros u otras zonas económicas se ataron al mástil del no usar nunca la política monetaria y solo un poco la fiscal dada la situación de endeudamiento.

Recordemos cómo incluso al final de la administración Bush, antes de que Greenspan dejara la FED, este último junto con el secretario del Tesoro, Paulson, colaboraron al rescate de la banca estadounidense en noviembre del 2008 con la excepción famosa de Lehman Brothers. Al mismo tiempo el entonces Presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, aumentaba los tipos de interés.

Es esta división en la Economía una de las variadas causas de las diferencias en el tratamiento de la crisis junto con otras que quizá son fruto de la idiosincrasia histórica de los diferentes países. Mi comentario amargo es, en este punto, que es muy posible que si esa división no se hubiera realizado de manera tan poco seria, las medidas no hubieran sido tan distintas y, más en particular, se hubieran evitado los efectos perniciosos de un exceso de austeridad .

«La Crisis y sus explicaciones y soluciones alternativas» recibió 0 desde que se publicó el Martes 3 de Marzo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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