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Dices que quieres una revolución?

Ni Daniel Cohn- Bendit, ni Rudi Dutschke ni Mario Savio aparecían por ninguna esquina de la exposición y solo las efigies de Che Guevara y de Mao daban fe de que esta convulsión no se acabó, ni se empezó, con el amor libre y un cierto comunitarismo. Fue un momento de verdadera convulsión mundial y nosotros estábamos allí, sufriendo la invasión de Camboya decretada por Nixon.

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Fue este último un estupendo fin de semana en Londres. Fuimos tres parejas arrastradas por una pintora que no podía dejar pasar la exposición sobre el Expresionismo Abastracto en la Royal Academy aun a sabiendas que en un futuro inmediato estará en Bilbao. Yo me alegro de esa impaciencia pues me encanta Londres y hacía mucho tiempo que no había estado.

Respecto al alojamiento alquilamos por tres noches un apartamento en pleno Soho y pefectamente montado con ventanas dobles para evitar el jaleo de los jóvenes que disfrutan de los servicios de los pubs que florecen a montones en el barrio. Deberíamos haber disfrutado más de este apartamento, pero no paramos ni un minuto en él y, como si fuéramos jovenzuelos, nos dedicamos a patear esta ciudad que tantos recuerdos me trae a mí a la cabeza empezando por los que todavía conservo de aquella primera visita a los 16 años camino de Dublín, donde llegué en avión desde Londres después de llegar a esta ciudada mítica en varios trenes saliendo desde Bilbao.

wilfredo-leamTeníamos reservados tickets de entrada para lo de la Royal Academy para la tarde del viernes, así que por la mañana nos lanzamos a conocer el nuevo edificio de la Tate Modern, pegando al antiguo, al otro lado del río y un buen ejemplo de arquitectura bella y funcional simultáneamente. Al socaire de ambos, por así decirlo, ha surgido el Borrough Market en el que, además de vender comida fresca y con muy buen aspecto, hay pequeñas casetitas de comida para muchos de los jóvenes empleados de la City que cruzan el río y parecen disfrutar del break del mediodía apoyados, como siempre, en la cerveza.

No pudimos renunciar a visitar con tranquilidad la exposición de Wilfredo Lam aunque todos conocíamos bien su obra y sus paseos por el mundo además de su progenie oriental y su ciudadanía cubana. Un buen aperitivo para lo que luego disfrutamos y no solo en la Royal Academy.

pollock-numero-8Pero la exposición que habíamos ido a ver sobre Expresionismo Abstracto no nos defraudó en absoluto como algunos temíamos y, quizá por la edad del grupo, nos transportó a una época en la que conocíamos bien a estos pintores, sobre todo en los EE.UU., y en la que nuestra aventura académica americana comenzaba y nos podíamos sentir parte de una nueva era. Ellos eran nuestros precursores. No todos compartimos favoritos y tuvimos discusiones en voz baja sobre el significado de unos u otros y especialmente de Rothko vs Pollock sin olvidar a otros de entre los que yo sigo admirando a Motherwell. Pero Rothko sigue siendo mi favorito y esta vez pude no solo disfrutar de alguna joyita figurativa de juventud sino además seguir disfrutando de sus capas de pintura solapadas que te hacen sentir la ambivalencia de una fachada que participa de lo exterior, a la vista, y de lo oculto en el interior. Y esa fachada muestra toda clase de emociones a base de simples(?) capas de pintura cuyos tonos ligeramente diferentes pueden expresar muchas cosas. Recuerdo que durante mi (psico)análisis pensé muchas veces que esa era la tarea de la analista, ayudarme a imaginar lo que había debajo de cada pincelada que, aparentemente, tapaba una y otra capa. Yo me sentía entonces un autorothko y me temo que continúo añadiendo capas aunque ahora no sirven para ocultar sino para continuar construyendo.

Incidentalmente quisiera añadir que, a diferencia de una cena cualquiera después de una película en Madrid, por ejemplo,la bandeja de comida india cerca de Carnaby st. no pudo evitar la continuación de nuestra conversación sobre nuestra experiencia vital y cómo ésta estuvo influída por toda una tradición pictórica genial y no solo por rupturista. Esto es la gracia de salir de casa, que la novedad libera el habla, algo cuya posibilidad hay que agradecer a quien corresponda. Dicho lo cual no comentaré más nuestras cenas y me concentraré en las experiencias artísticas del siguiente día, el sábado.

Bell, Vanessa, 1879-1961; The Memoir Club (Duncan Grant; Leonard Woolf; Vanessa Bell; Clive Bell; David Garnett; Baron Keynes; Lydia Lopokova; Sir Desmond MacCarthy; Mary MacCarthy; Quentin Bell; E. M. Forster)Nuestro apartamento no estaba lejos de Trafalgar sq. y allí nos dirigimos a fin de visitar la parte correspondiente al retrato en la National Gallery pues la otra de nuestras pintoras continúa intrigada por la fuerza de esta forma de pintura. Para mí, sin embargo, la experiencia tenía también otra arista. Allí estaban pintados mis amigos del Círculo de Bloomsbury, incluídos los propios pintores, como Duncan Grant por ejemplo, o dramaturgos como Lyton Strachey, como otro ejemplo entre muchos. Pensé que hay que ser británico para procurar que todo el mundo pueda contemplar al mismo nivel a gente que pertenece desde la nobleza al arte pasando por la política o la ciencia. Pero es que además había una exposición especial sobre los retratos de Picasso que también nos cundió mucho para disfrutar luego de una pizza rápida. Yo pretendo en general hacerme pasar por un destructor anipicassiano, pero esta vez tuve que claudicar ante la variedad y la facilidad con la que retrata a familia, amantes o amigos en general.

La tarde de este último día en Londres (pues por la mañana siguiente temprano tendríamos que tomar un vuelo de vuelta) nos deparó la gran sorpresa de la escapada y para uno de los amigos la justificación del viaje. En un sitio tan serio como el Victoria and Albert Museum se nos apareció de improviso una preciosa exposición sobre algunos aspectos del 68 como se suele denominar a esta época que empieza a mitad de esos años y dura casi una década.

El título ya choca:

You say you want a revolution? Records and rebels 1966-1971.

Revolution exhibition photography 06-09-2016Pero el contenido es un viaje a lo mejor de la vida de los que juntos habíamos ido a Londres sin saber que nos toparíamos con esta sorpresa. Somos de edades muy parecidas y aterrizamos en diversas universidades de los EE.UU. más o menos en la misma época y encantados de dejar España, a pesar de que ya se vislumbraba una cierta liberación desde la Universidad, y expectantes a lo que nos esperaba allí tanto en el medio académico como en el medio cultural general pues ya nos estaba llegando la música y la literatura de una nueva época. Los Beetles eran ya de hace años pero aparecían nuevas bandas, como por ejemplo Pink Floyd, o The Who para no hablar de los Rolling Stones. La música no solo sonaba sino que, además, las portadas de los vinilos solían ser obras de arte, iniciando así una mezcla que siempre me ha seducido hasta tal punto que sigo meditando sobre la claridad de ideas que genera la fusión de estas dos artes sin conseguir entender ese por qué que intuyo.

Records and rebels casi agota el contenido de esta sorpresa inesperada, aunque no del todo, pues la moda jugaba un papel fundamental, bien resaltado por la mención de la minifalda de Mary Quandt y la nueva juventud que reflejaba Twiggy, y la política andaba por allí.

dutschkePara los que llegamos a este mundo de libertad y cannabis como complementos de los estudios, la política estaba poco representada en esta exposición pues nos faltaba casi toda la historia de aquel mayo de 68 que desde París se extendió por casi todo el mundo. Ni Daniel Cohn- Bendit, ni Rudi Dutschke ni Mario Savio aparecían por ninguna esquina de la exposición y solo las efigies de Che Guevara y de Mao daban fe de que esta convulsión no se acabó, ni se empezó, con el amor libre y un cierto comunitarismo. Fue un momento de verdadera convulsión mundial y nosotros estábamos allí, sufriendo la invasión de Camboya decretada por Nixon.

De despedida pudimos tumbarnos en el suelo para seguir embobados canciones de la época y solo después de darle unas cuantas vueltas a la cabeza sobre lo que fuimos y lo que pudimos ser pasamos a la tienda donde sin nigún recato me compré el catálogo de la exposición y volví a ver y a recordar las portadas de muchos libros que compitieron durante años con los estudios de Economía.
Cierro con un recuerdo especial, el Herbert Marcuse y su Hombre Unidimensional, herederos de la Escuela de Frakfurt ya para siempre asociados a California.

«Dices que quieres una revolución?» recibió 3 desde que se publicó el miércoles 23 de noviembre de 2016 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Efectivamente, se echa de menos en el relato de la exposición el 69 alemán, pero no solo. El anglocentrismo, anglosolipsismo en realidad, es tremendo y esterilizador. Eso sí, una parte del mensaje de la exposición me parece interesante, la idea de que en realidad el 68 fue, al menos en el anglomundo, un movimiento fundamentalmente estético y solo estéticamente político.

    Mira que si en realidad la continuación de «El síndrome del capataz» tenía que ser un viaje que a partir de las artes plástica y la música diera contexto a los discursos políticos gestados entonces?

  2. Juan Urrutia dice:

    Yo mismo me hice ayer esa pregunta y ello me animó a continuar con la novelita

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  1. […] utilizar mi último post de hace unos tres de días para ofrecer una versión pictórica de mi ansiedad. En efecto, […]

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