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Desregulación

Los economistas dicen saber que la virtud del mercado radica en que es el mejor mecanismo para sacar a la luz o agregar infirmación tácita o dispersa. Esta es, sin embargo y en el fondo, una afirmación vací­a aunque sea correcta pues solo es estrictamente cierta en ausencia de restricciones impuestas por la regulación existente, regulación que, por otro lado y tal como expliqué en el último post, son inevitables en muchos casos.

En consecuencia, piensan muchos, debiéramos desregularizar. Pero la tarea desregularizadora es muy complicada y no se puede hacer de cualquier manera sin incurrir en costes inaceptables. Para verlo pensemos en que desregularizar es construir mercados y miremos a las dificultades de hacerlo.

Para construir un mercado cualquiera hay que partir de la existencia de contratos y luego generalizarlos, estandarizarlos y poner en marcha market makers que ofezcan contrapartidas, aseguren el cumplimiento de los contratos cuando una de las contrapartes no cumple y doten de liquidez al sitema. Pero para que todo esto ocurra hay que regular estas instituciones necesarias pues quizá no surgirí­an espontáneamente o lo harí­an defectuosa o muy lentamenete.

Ahora bien, cuando de una u otra forma el mercado está ya constituí­do, estas instituciones o su regulación sobran y hay que retirarlas como quien retira los andamios una vez terminada la construcción de un edifcio. Pero esta eliminación de andamios es, como la regulación, una operación dificil y peligrosa. Si se hace antes de que el edificio esté asentado peligra el edificio mismo. Si se tarda mucho en decidir llevarla a cabo es posible que los montadores de andamios se hagan los tontos y pretendan continuar cobrando el alquiler más allá de lo necesario.

Estas consideraciones deberí­an de ser tenidas en cuenta cuando se habla con toda naturalidad sobre la posibilidad de crear mercados nuevos, asociados a la desregulación o no, legales o ilegales. Piénsese cómo serí­an por ejemplo un mercado eléctrico construí­do a partir de una actividad totalmente regulada con tarifas fijadas y calculadas artificiosamente. Recuérdense los problemas que surgieron en California.

Lo mismo ocurre cuando pensamos en la creación de un verdadero mercado de control corporativo en el que parece imposible no tener en cuenta la competencia necesaria para que funcione como debe y, por lo tanto, la regulación que penalice la eliminación tramposa de esa competencia.

O por poner otro ejemplo, ¡qué no habrá que diseñar en el caso de los derechos de emisión de CO2! Aprenderemos algo al respecto si segumos los detalles del intento reciente de su creación en el que se han experimentando montones de detalles institucionales no siempre exitosos. Por ejemplo, se ha fijado arbitrariamente la cantidad sabiendo que, en esas condiciones, los precios no reflejan exactamente lo que reflejarí­an si ésta también fuera variable.

Y qué decir si quisiéramos organizar un mercado asocido a al construcción de la stakeholders society en el que se podrí­an intercambiar paquetes de derechos a participar de los beneficios empresariales por parte de cualquiera de las partes concernidas.

La desregulación es una tarea dificil en la que no basta la fé en los mercados como si éstos fueran plantitas que brotan con el agua y el sol (que es lo que parecen pensar los que se regocijan con el incipiente mercado de puntos del carnet de conducir) y no una construcción social complicada.

No hay hoy tarea más urgente que aprender a desregularizar y a crear mercados.

«Desregulación» recibió 6 desde que se publicó el Martes 3 de Octubre de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Hola Juan,

    a propósito de un libro de Yochai Benkler sobre economía de la información he hecho una “crítica” de filósofo a algo similar a tu economía desmercada (sino en la letra, sí al menos en el espíritu). 🙂

    El enlace:
    http://www.imedina.info/cafe/

    iñ

  2. Juan Urrutia dice:

    Hola Iñigo y gracias por tu comentario y por acordarte de ideas ya añejas. Me hace gracia el fondo de tu recensión. Los economistas que se salen de su profesión, carecen de un principio desde el que pensar y se convierten en filósofos enredados directamente con lo real. Creo que tienes razón; pero es algo paradójico y terrible. Los economistas que quieren entender la realidad se transformarían en filósofos; pero simultáneamnte aquellos otros que se mantienen fieles a su artificial principio metodológico acabarían desvelando parte de sa realidad. Ummmmm

  3. Sí, Juan, es según lo dices tú.

    Para el filósofo no es tan paradójico, siempre que se introduzcan las debidas distinciones. 🙂 Una vez introducidas éstas sí le parecerá, no obstante, dialéctico; para que se entienda en nuestros días, dramático.

    De todos modos, lo que late bajo la forma en que enfoco yo el asunto, es controvertido dentro de la filosofía como disciplina. Si te interesa indagar en las fuentes, dos imprescindibles (“El problema del ser en Aristóteles” de P. Abenque, “Ensayos materialistas” de G. Bueno) y una que probablemente, como economista, disfrutes mucho más que las otras dos (“La prudencia en Aristóteles” del mismo P. Aubenque).

  4. Juan Urrutia dice:

    Gracias por las referencias; pero soy un simple economista.

  5. Sí, supongo que con un planteamiento así, la reacción más natural es afirmarse en una “simple” profesión (economista, físico, psicólogo…). 🙂

    Lo que yo quería decir es que estamos condenados a no poder disfrutar de esa “simpleza”, salvo al precio de ignorar realmente lo que hacemos. Y esa ignorancia no elimina el hecho de no estar siendo, por ejemplo, un “simple economista”; a menudo lo que hace es generar una falsa conciencia.

    Por eso las referencias que te comentaba pueden ser, no banalmente, interesantes: ayudan a mantenerse alerta. Aunque, claro, siempre podrá objetarse que eso es algo demasiado antiguo; demasiado cerca de las tradiciones de la verdad y la autocrítica, demasiado lejos de la seducción. 🙂

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