Desde mi sillón

Un blog de «El Correo de las Indias»

Grupo de Cooperativas de las Indias

LXXX: Descentralización regulatoria

Si bien como economista me gustaría preservar la globalización de los mercados, me resulta muy duro tener que renunciar a la democracia (entendida como ese derecho al voto individual en el que se plasma el gobierno del pueblo más allá de los tecnócratas) por lo que solo me queda renunciar a la soberanía nacional tratando de montar una democracia mundial.

mapaEn el epílogo del libro reciente de Ignacio Sánchez Cuenca se hace una referencia muy lúcida sobre el trilema de Rodrik: la globalización, la soberanía nacional y la democracia no son posibles simultáneamente, aunque sí lo son tomadas de dos en dos. De ahí que haya que ir tomando posiciones sobre el par que nos interesa. Si bien como economista me gustaría preservar la globalización de los mercados, me resulta muy duro tener que renunciar a la democracia (entendida como ese derecho al voto individual en el que se plasma el gobierno del pueblo más allá de los tecnócratas), por lo que solo me queda renunciar a la soberanía nacional, tratando de montar una democracia mundial.

Mi manera de hacerlo es tal que vista desde su culminación, los Estados-Nación habrían desaparecido y el mundo sería una confederación de comunidades identitarias construidas alrededor de memes compartidos. Ante una sugerencia de este tipo suele argüirse que la confederación deja poco espacio a la centralización necesaria para ciertos menesteres que exigen una regulación pública. Sin embargo, pienso que cabe un argumento a favor de un tipo de innovación que explique por qué la descentralización regulatoria es conveniente y posible. Me refiero a algo a lo que hacía referencia ya hace muchos años en este work in progress.

Pongámonos en el peor de los casos y pensemos en la regulación de la competencia, una actividad ésta que al no estar localizada en un territorio específico, parecería que debería regularse de manera central, lo que en un mundo globalizado parecería exigir una regulación mundial totalmente centralizada. Este no es el caso de la educación, por ejemplo, puesto que al menos hasta ahora, sigue siendo presencial, de forma que cabe la posibilidad que innovar y experimentar en cada territorio con preferencias diferenciadas. El caso del sector eléctrico es ya más dudoso, y vemos cómo tanto las empresas eléctricas como las propias organizaciones internacionales solicitan un regulador superior al que correspondería a la nacionalidad de esas empresas globalizadas. Sin embargo dada la diversidad de fuentes de energía primaria o de formas de generación eléctrica o de necesidades sectoriales o nacionales, se imponen una condiciones de compatibilidad de incentivos que hacen imposible la consecución de un óptimo de primer orden que, presumiblemente, sería el que trataría de poner en práctica ese regulador único.

Sería mejor, pienso, la competencia entre regulaciones diferenciadas que premitiesen la experimentación y el aprendizaje que poco a poco vaya acercándonos a lo que sería el óptimo de primer orden, o el desarrollo del mercado competitivo de OPAS, que harían el mismo papel que la competencia regulatoria cuando esta no pueda ser puesta en práctica. Pero este mercado de OPAS también plantea la necesidad de regulación que, sin embargo, no plantea problemas de localización, como ocurre en el caso del sector eléctrico, y puede gozar de la experimentación y la innovación.

Aunque el argumento anterior, de corte asignativo, exigiría mayores precisiones, me parece que poco a poco se va imponiendo entre los economistas duchos en materias como la innovación o la información. Ahora quiero complementarlo con las ventajas de la regulación descentralizada en el aspecto equitativo más allá del asignativo.

Contrariamente a lo que trataré de argüir, se dice que esa centralización administrativa reduce las posibilidades de la captura del regulador. El asunto tiene su enjundia, pues la captura de cualquier regulador independiente es una eventualidad que pone en juego la naturaleza de la forma de capitalismo en la que estamos viviendo desde hace muchos años, una forma que contradice la conocida salmodia sobre las virtudes de la competencia como parte fundamental de la economía de mercado que, junto a la propiedad privada del capital, conforma el capitalismo. Y contradice la defensa de la competencia, porque la correspondiente comisión reguladora puede pervertirla generando rentas ya sean de posición (entendidas con amplitud y no meramente como rentas de la tierra) o cuasi-rentas derivadas precisamente de una falta de competencia que permite formas de composición accionarial que propician el monopolio.

Esta cuestión no es trivial porque la generación de rentas aumenta artificialmente la escasez, influyendo arteramente en la distribución y disminuyendo la igualdad de oportunidades en un momento económico en el que esa igualdad merecería mejor trato a la vista del mucho desempleo existente, y especialmente del escandaloso porcentaje de jóvenes parados, jóvenes que necesitarían una oportunidad si no queremos perder la capacidad de producción de casi toda una generación sobradamente formada.

El argumento en favor de la eliminación de las rentas derivadas de la captura del regulador es importante, pero no está ni medio claro que sea más fácil capturar a un regulador menos central. De hecho, y basándome en la mayor eficacia recaudativa de las haciendas descentralizadas, me atrevo a aventurar que capturar a un regulador de lo que sea siempre es más dificl cuando se trata de un regulador descentralizado. Cabe el argumento contrario, que nos alerta de que el conjunto de todos los capturadores juntos acabarían teniendo la misma fuerza que uno que fuera como la suma de todos ellos en lo que se refiere a la capacidad de capturar a un único recapturador. Sin embargo, este argumento me parece hace aguas, por razones no tanto económicas como sociales y políticas, cuando estamos hablando de una confederación de comunidades identitarias. En este caso, la dificultad de todos los reguladores descentralizados para ponerse de acuerdo parece muy grande debido precisamente a esas razones culturales o identitarias.

Como consecuencia de todo lo explicado hasta aquí, y volviendo al principio, me parece que el trilema de Rodrik, y especialmente la solución que me interesa porque no renuncia a la globalización ni a la democracia, es difícil de lidiar cuando estamos en un mundo de Estados-Nación o si queremos llegar a un mundo federal de estados independientes, pero que se suaviza si pensamos en el mundo como una confederación de comunidades identitarias.

«LXXX: Descentralización regulatoria» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 24 de Abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

El Correo de las Indias es el agregador y plataforma de blogs de los socios del Grupo Cooperativo de las Indias y es mantenido y coordinado por los miembros de la comunidad igualitaria de las Indias