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Desamparo creativo: una lucecita

Es ya un lugar común que debemos distinguir entre información, conocimiento y sabiduría, pero es menos conocido y menos seguro que la sabiduría añada nada al conocimiento en esos términos prácticos que parecen ser los únicos a los que se atiende hoy. Y, sin embargo, los que nos interesamos en la sabiduría tenemos la sensación de que esa sabiduría más allá del conocimiento puede ser importante incluso para esos hombres prácticos que se ríen un poco del aspecto trascendente que la llamada a la sabiduría parecería querer envolver.

rire et seDesde la entrevista en el Ouisharefest hasta la final de copa del Rey de fútbol de ayer sábado, he pasado unos días desamparado, como si ya nunca más pudiera yo encontrar la fuente de la alegría o el entusiasmo de la sabiduría. Una semana larga de recados y de puesta al día de compromisos caminando, eso sí, pero sin permitir que la vista se recreara en lo que se ve ni permitir que ninguna sugerencia persiga su recorrido.

Pero creo que ayer en una acción de rebelión leí un pequeño opúsculo con un título en círculo que puede reproducirse de maneras varias: Rire et se taire sur Marcel Duchamp cuyo autor podría ser John Cage, pero que también podría leerse como John Cage sur Marcel Duchamp, rire et se taire, o de muchas otras maneras, insinuando ya desde la portada que estamos en presencia de un intento de enigma que, de todos modos, y a pesar de las obligaciones que la industria editorial impone y de acuerdo con las cuales sabemos que se trata de Un entretien avec Moira Roth & William Roth, de John Cage, se supone, que ha sido traducida del inglés por Jerôme Orsini y que cuenta con una Introduction et Presentation de la misma Moira Roth y de Naomi Sawelson y ha sido publicado en París por «Ediciones Allia» el año pasado.

Supongo que este rompecabezas fue lo que me hizo adquirir el opúsculo aunque mi interés por la música experimental es descriptible y no creí en ningún momento que otras publicaciones de Cage fueran a despertar en mí ninguna pasión.

No es tan difícil entender la intención del opúsculo ni el papel que juega en la vida académica de Moira Roth, pero es justamente la parte aparentemente incongruente de esta breve entrevista con Cage la que me ha sacado de mi desamparo posiblemente porque nada se aprende de la congruencia y solo hay esperanza de amparase en la aparente incongruencia de lo que sea y de esto saben mucho tanto Duchamp, la sombra que planea en la entrevista, como Cage, el compositor del silencio. Y tengo que suponer que alguien con nombre irlandés, Moira, no va a quedarse atrás en cuanto a la aparente confusión que parece subir a la superficie de la profunda sabiduría celta que tanto admiro y en la que me reconozco a menudo como en esta ocasión.

Y ya amparado por estos recuerdos puedo recuperar algunos de los temas que el opúsculo de referencia me trae a la memoria, testigo ésta de mis reiterados intentos de jamás escribir en papel pautado. Duchamp aparece en este blog en no pocos posts, pero el que ahora quiero reproducir tiene un sabor parecido a cocina John Cage que al igual que su amigo Duchamp, no parece preocuparse mucho de la opinión de los artistas consagrados o de los críticos que pretenden consagrarlos:

¿Cómo comparar a Nadal con Federer? El esfuerzo del primero es una ordinariez y si, además, se presume de ello, es todavía peor pues ya no solo es ordinario sino una verdadera horterada. No esforzarse es naturalmente elegante, pero algo más. Es no querer conseguir solo aquello que uno puede conseguir sino sobre todo aquello que no se puede conseguir pero te llega del cielo. Si para ver tu firma en el libro de la naturaleza que, por la razón que sea, crees que necesitas, o se te exige, que corrijas lo que te mande el editor o te sugiera el agente, mejor es autopublicarse, o simplemente escribir para tertulias de amigos, pues al fin y al cabo pagar con dinero, o romper lo escrito es menos hortera que el esfuerzo no asumido sino impuesto.

Es este trabajar en silencio y alejado del mundanal ruido lo que Cage admira en Duchamp y lo que a él le gustaría hacer en lo suyo. De esto también hay algo en este blog al intentar aprender del movimiento Dadá o del Surrealismo. En cuanto a Dadá basta esta pequeña muestra. Y en cuanto al surrealismo elijo este pequeño minipost en lugar de alguna de las muchas referencias a esta sensibilidad relacionadas con el Ampurdán. Y lo hago así a fin de resaltar la faceta peligrosa del surrealismo, la faceta incluso revolucionaria que a algunos da miedo y procuran erradicar mediante el peor de los venenos: la crítica culta. Es justamente esa crítica culta la que aparentando ser sabia acaba con cualquier iniciativa que podría llevar a la sabiduría.

Es justamente este asunto de la sabiduría, la imposibilidad de entenderlo, el que me ha rebrotado con la lectura del opúsculo que acabo de leer. Es ya un lugar común que debemos distinguir entre información, conocimiento y sabiduría (Information, Knowlege and Wisdom), pero es menos conocido y menos seguro que la sabiduría añada nada al conocimiento en esos términos prácticos que parecen ser los únicos a los que se atiende hoy. Y, sin embargo, los que nos interesamos en la sabiduría tenemos la sensación de que esa sabiduría más allá del conocimiento puede ser importante incluso para esos hombres prácticos que se ríen un poco del aspecto trascendente que la llamada a la sabiduría parecería querer envolver.

Los menos cínicos pretenden ser sabios como una responsabilidad frente a los efectos perniciosos que la aplicación del conocimiento puede traer consigo. Aquí entran inmediatamente los posible efectos sobre el medio ambiente y más recientemente sobre la desigualdad entre las personas. Estas preocupaciones sin duda son encomiables, pero no creo que tengan nada que ver con la sabiduría.

Así que recientemente las mentes más lúcidas se vuelven hacia la filosofía aunque no necesariamente a la ética. O bien a la metafísica volviendo a leer a, por ejemplo Aristóteles, o bien hacia la práctica Zen como una gimnasia del ser que nos abre los ojos a lo inefable, eso que no sabemos que diablos es pero que, sin embargo, nos arrebata como si fuera el secreto de la verdad en sí misma sin contaminantes prácticos.

Jon Cage diría que lo que él y su amigo Duchamp compartían tenía algo de esta práctica Zen llena de aparentes paradojas que, sean o no verdad en el sentido de correspondencia entre la palabra y la cosa, tranquilizan el espíritu y permiten una vida buena, esa vida que implica autenticidad sin necesidad de abandonar la búsqueda del conocimiento a la luz de la información. O, en otros términos, aprender a evitar el esfuerzo desorientado de distinguir la vida y el arte. Es en este deseo desordenado de distinguir continuamente en donde yace el mayor obstáculo para la sabiduría. Esto es lo que dice Cage en mi traducción improvisada:

Vivir una vida que permita los opuestos… y esto quizá nos reconduce a Thoreau:«el sí y el no son mentiras». Hubiera podido decir que ni nublar la distinción ni mantenerla, son verdades. La única repuesta verdadera nos servirá a mantener las dos. Encontraremos eso en Niels Bohr: la complementariedad de los opuestos.

No es por casualidad que sea la mecánica cuántica la que permite que los opuestos (partícula y onda) no sean contradictorios sino complementarios. O, no es casualidad para los no entendidos como el que esto suscribe y que solo puede tratar de pensar sobre explicaciones pretendidamente iluminadoras como es el caso del gato de Schrödinger que está vivo Y muerto. La imposibilidad de comprender me acerca a la sabiduría. O no, pero ese pensamiento me saca de mi extraño desamparo creativo y me lleva de momento a volver a leer a Zizek (aunque evitando la ética) y su exigencia de demandar lo imposible.

Ya les contaré.

«Desamparo creativo: una lucecita» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 31 de Mayo de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. «Es justamente esa crítica culta la que aparentando ser sabia acaba con cualquier iniciativa que podría llevar a la sabiduría» clap, clap, clap… y más que culta diría «académica» y ampliaría el campo de la crítica de objetos culturales a todas las ciencias sociales y el 99% de los papers de Sociología y Antropología que leo en estos días.

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