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De París con el virus

Volví­ el 22 por la mañana y el viernes 24 ya se manifestaron los primeros sí­ntomas. No se trataba de la gripe aviar, así­ que podí­a toser tranquilo. Ni era ninguna especie de vicio francés nuevo. Ni siquiera antiguo.
Era una gripe normal con unas pocas décimas.

Así­ que todas mis intenciones de compartir con los lectores las notas parisinas de mi libreta tendrán que ir distribuyéndose en el tiempo y compitiendo con otros comentaros de actualidad. Como los que me surgieron de la rica información obtenida en la jornada sobre Crisis del Petróleo y Alternativas Energéticas organizada por la Biblioteca de las Indias Electrónicas y a la que me arrastré desde mi cama.

Pero, a pesar de que todaví­a no me siento del todo recuperado, no me resisto a comentar una nota que tomé en La Bibioteca Nacional de Francia Franí§ois Mitterand. En una humilde exposición, para las í­nfulas francesas, sobre las Lumieres en la nueva Biblioteca Nacional, uno de los espacios está dedicado al surgimiento del Espacio Público como un fenómeno propio de la época en cualquiera de sus sentidos. En uno de los dos paneles que hacen de entrada a esa parte de la exposición uno puede leer la famosa cita de Adam Smith como definiendo lo que se trata de ilustrar.

Aunque pueda parecer raro que los franceses acudan aun escocés para ilustrar esas luces que parecerí­an solo suyas, no lo es y no solo porque Smith es parte de la Ilustración escocesa; sino por algo más sutil. Pocas veces tiene uno la oportunidad de leer esta cita en francés. Dice:

C’est ne pas de la bienveillence du boucher, du braseur ou du boulanger que nous attendons notre dí®ner, mais de leur souci de leur intérí¨t propre.

Cualquier economista sabe que este es el argumento básico de la mano invisible que subyace a la defensa del mercado como mecanismo de asignaciónde recursos. Pero yo no esperaba que esa cita se utilizara por los franceses como entradilla a la noción de Espacio Público, simplemente porque se suelen presentar como antitéticos el mercado y el espacio púlico a no ser que nos refiramos al mercado como el lugar fí­sico en el que se intercambian los alimentos frescos, en cuyo caso el invento es muy anterior a las Luces.

En efecto, incluso hoy en dí­a se habla del espacio, o del domonio público, como de un ámbito en el que las cosas, y singularmente las ideas, no se distribuyen de acuerdo con precios propios del mercado; sino de acuerdo con algún otro criterio. Por ejemplo, la calle como espacio público está reñida con el racionamiento de los parquí­metros de acuerdo con algunas asociaciones de barrios periféricos de Madrid que los han repudiado e incluso derribado.

Y, sin embargo, hasta los franceses parecen finalmente aceptar que no hay nada tan público como el mercado aunque está basado en la propiedad privada y en la persecución del interés propio.

Quizá sea por ahí­, a través de le influencia francesa, que llegaremos a aprender a valorar al mercado como un insitución pública en el sentido pleno de la palabra.

Si es así­ bienvenido sea el virus francés.

«De París con el virus» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 1 de Abril de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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