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Culture wars III: desenlace

Por todo lo dicho hasta aquí­, creo que las demandas de recomposición ideológica son una muestra de buena voluntad vací­a completamente de contenido alguno. Estas demandas y los intentos que les siguen está tan obsoletos como un retal de una tela vieja que no se vende ni en rebajas.

A los partidos no les queda más remedio que mirar de frente la siguiente alternativa. O bien se debilitan tansformándose en federaciones o confederaciones cambiantes de grupos identitarios, o bien se atricheran en sus principios recuperados y se hacen fundamentalistas.

El futuro tira de ellos hacia la primera solución. El pasado hacia la segunda. Aquí­, entre nosotros, parece que Zapatero serí­a el que se ha dado cuenta de esto y ha comprado futuro reconvirtiéndose al buenismo, al apaciguamento y al apoyo de toda disidencia. Fernando Fernández recomienda al PP que no caiga en algo similar, aunque reconoce que no le será fácil si el PSOE continúa sin definirse a lo largo de las lí­neas tradicionales y anticuadas.

Un recomendación por parte de Fernando, generalmente tan perspicaz, de volver a lo que eran los grandes partidos vertebradores de la sociedad. La sociedad, en mi opinión, hace tiempo que no necesita vertebración, sino aprender a deslizarse por un mundo desconocido. Mejor dejarse llevar por el viento o las olas que remar contra corriente.

En efecto, lo que la sociedad necesita no es vertebración, sino interacción grupal. La sociedad no se conserva entera en virtud de una autoridad vertical; sino mediante el continuo tejer y destejer de la interconexión horizontal entre, por ejemplo, nacionalistas, cristianos de base, lesbianas y partidarios de acabar con la propiedad intelectual.

Es justamente porque todo esto no se quiere entender que los partidos, o sus analistas o quienes los dirigen, parecen configurarse como fundamentalistas religiosos. El Islam siempre ha tenido el atractivo de ser un credo que organiza la vida entera de una persona en todas sus manifestaciones o avatares sin distinguir lo público de lo privado o lo civil de lo religioso o lo miltar. El Cristianismo, que ya fue así­, ha sido despertado de su letargo posterior por el Islam y aborrece ese relativismo que, sin embargo es imposible de evitar en los tiempos que corren, y pretende también reglar todas las actividades cotidianas.

Pero creo que es demasiado tarde. Aunque quizá no sea este el caso en un “paí­s de curas y militares y demasiado pocos comerciantes o artesanos”, por utilizar las palabras de Fernando Fernández. Pero en un paí­s más evolucionado, como yo creo que es ya el nuestro, ya no cabe la Revolución, ni la de siempre ni la conservadora, solo queda la hegemoní­a como dice Baudillard (La agoní­a del poder, Cí­rculo de Bellas Artes, 2006). Pero si ésta cree poder basarse en el dinero o en las armas, no tiene porvenir alguno.

Y es que no cabe ni la Revolución ni la hegemoní­a. Solo cae la dispersión, la diferencia y la identidad grupal o individual. Yo dirí­a que esto se parece a lo que Suso de Toro escribí­a ayer sábado 2 de diciembre en El Paí­s,”Son Molinos”, refiriéndose a aquellos que atacan a Zapatero desde su mismo partido: no entienden nada. De todos formas quizá Suso esté diciendo otra cosa; pero yo acabo aquí­, una vez expresado todo lo que querí­a decir sobre las cultural wars en las que estamos metidos hasta el cuello.

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