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Cuchillo o arma blanca

Antes habí­a crí­menes por arma blanca. Hoy han desaparecido y casi toda la violencia machista se “perfecciona” mediante cuchillo que, aunque no deja de ser un arma blanca, es otra cosa. ¿Qué indica este pequeño cambio lingúí­stico?

El crimen de arma blanca era propio de gitanos de pega y de pura racialidad española de bandolerismo visto por Merimée. La navaja en la liga de la cigarrera, vaya usted a saber a qué efectos, así­ como el ajuste de cuentas al intruso en tu cueva privada, en lo mas í­ntimo de tu privacidad, aunque correspondiera al cuerpo de tu mujer, era cosa de arma blanca.

El crimen a cuchilladas de la violencia de hoy no pretende desangrar al intruso, sino penetrar a tu hembra de mil maneras imposibles, máxima generosidad de quien manda. El cuchillo es el metro de la hombrí­a y Alberto, el chulo de la Lupe, mide su verga con un cuchillo de matar en una de las más rudas metáforas de ese ejercicio literario tan potente y desbordado que es Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño.

Siempre mueren ellas, de una u otra manera, pero la semiologí­a no puede reparar en esa minucia. Lo simbólicamente importante es que, antes, la navaja era un arma blanca separada del cuerpo del asesino que la utilizaba para algo externo a su finalidad propia, mientras que ahora el cuchillo es parte del cuerpo del macho inseguro de su potencia y que no puede acudir a un hacha pues serí­a inadecuada para mostrar la sustancia de lo que pretende establecer que, al fin y al cabo, es una fina finta intelectual.

El arma blanca es tan antigua como el revolver aunque éste también tenga forma de sexo masculino y dispare. Matar con revolver es seguro, pero poco personal. No hay que tocar a la ví­ctima que se ve arrebatada por la naturaleza y no castigada por su dueño.

Y el atizador o el martillo (que fue utilizado hace unos dí­as por un señor de 67 años para cargarse a una segunda esposa, también viuda, de 58) es humillante para el maltratador o asesino pues es considerar a la ví­ctima como si fuera una gallina cuyo asesinato no es digno de un señor lleno de orgullo: el objetivo no es matar sino tener razón. Por eso tampoco tiene sentido el arrojar por la ventana a tu posesión: ella no entenderí­a la lección.

El uso del cuchillo en en la violencia doméstica es una cuestión de poder, no de necesidad de atracar ni siquiera de dignidad ultrajada. Es un acto de generosidad del último docente vocacional que nos queda. Enseña gratis a la que no sabe e incluso llega a pagar por ello. Es el poder del generoso que solo reconoce a la secta de sus iguales y desprecia no solo la vida, incuí­da la suya, sino también la triste civilización “feminoide” a la que hemos llegado por falta de coraje.

La mujer, la propia, es el reflejo de la debilidad de nuestra triste manera de convivir en la que todos y todas son lo mismo y no hay un verdadero reconocimiento del poder diferencial. Es la perfecta ví­ctima propiciatoria y no hay semejante cordera, semejante ser humano, sin un cuchillo cerca que pueda rebanar su garganta o sangrarle el corazón a puñaladas, muchas más de las necesarias para matarle o para aplacar la cólera, justa, del señor. Las precisas para establecer la verdad.

Una versión actual de la letra con sangre entra, una cuestión epistemológica, la apertura a la luz de quien solo persigue infatigablemente abrir la cajón de las verdades. No toda arma blanca es un abrecartas; pero el cuchillo lo es y, como tal, siempre establece con su sutileza el poder de la verdad por descubrir.

El arma blanca es propio de la épica (los guerreros gurca la llevan entre los dientes cuando atacan en nombre de la Reina), el cuchillo es propio de la lí­rica ( la del amor a la verdad). Jesús vs Orfeo.

«Cuchillo o arma blanca» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 24 de Agosto de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Tremendo texto… conmueve…

  2. Abenyusuf dice:

    Ha conseguido escribir lo monstruoso que es un hombre lírico, violento y cobarde.

  3. Juan Urrutia dice:

    El asunto es tremendo, desde luego. Desgraciadamente la violencia y la lírica van juntas más a menudo de lo deseable. Pero no se asocian necesariamente a la cobardía. Creo yo.

  4. Abenyusuf dice:

    Creo que es cobarde no juzgarse. Pero voy muy lejos. Lo siento.
    Gracias.

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] como el reverso de la cuchillada. Esta te penetra y mata con un golpe certero, la proliferación de las tetas te ahoga. Es la forma […]

  2. […] noticia chocaba un poco con un post reciente en el que yo trataba de argüir un poco desbocadamente que dar la muerte a cuchilladas revelaba una […]

  3. […] Y no tengo más remedio que darle la razón. La guerra de trincheras que te exige saltar de la tuya con la bayoneta calada, tenía el extraño atractivo de tener que mirarle a la cara a tu víctima enemiga en medio de la porquería circundante, algo mucho más humano y con connotaciones filosóficas como las que destacaba en un post antiguo. […]

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