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Crisis de deuda soberana, sector financiero y ausencia de liderazgo.

NOTA:

Ayer contaba que en dos días publicaría los dos ertículos que estaban pensados para Expansión; pero que mis averías físicas habían mantenido en el horno. A continuación acabo de cumplir mi promesa posteando la columna que tenía preparada para primeros de septiembre. Pero es cierto que en los últimos días han ocurrido cosas a las que tendré que dedicar cierta atención y preparar posts para este blog y una columna para primeros de octubre que los recoja.

En su columna del miércoles 17 de Agosto en La Vanguardia Xavier Sala i Marti nos ilustraba sobre la crisis contándonos cómo hay que distinguir el tipo de crisis que aqueja en cada momento a fin de poder corregirla adecuadamente. Nos ofrecía una realtivamente amplia historia de la crisi a fin de concluir que lo que falta es liderazgo político. Según su cronología en el verano del 2004 comenzó una crisis de deuda generada por un excesivo endeudamiento de familias especialmente debido a las hipotecas basura empaquetadas en productos financieros tóxicos. Según él esta crisis generó la necesidad de mejorar la productividad que se había desplomado, de manera que nos topamos inesperdamente con una crisis de demanada que, finalamente y por errores de tratamiento, se convirtió en una crisis de deuda a los ojos de los políticos. Aunque no tiene realmente la importancia que se le quiere dar a la diagnosis correcta en cada momento he de decir que esa cronología es dudosa. A mí me parece que justo antes de las hipotecas basura tuvimos que reconocer que, sin saber muy bien por qué, nos enfrentábamos a una crisis de oferta reflejada en la subida de los precios de las materias primas, incluído el petróleo, y que esto, junto con la explosión de la burbuja de la construcción, produjo una crisis de demanda que, al ser tratada adecuadamente como tal ha acabado generando la crisis de deuda soberana en la que estamos.

Si decía que esta diferencia en el orden de las etiquetas que ponemos a los acontecimientos no tiene demasiada importancia es porque, en muy buena parte, las medidas adecuadas no dependen de la forma en que se entrecruzan los diferentes hilos de la trama que nos tienen perplejos hace ya cuatro años ni la diagnosis de falta de liderazgo depende de esa cronología tal como ese mismo día Juan Tugores en el mismo periódico nos hacía ver cuando reflexionaba acerca de lo dificil de ese liderazgo en un mundo globalizado.

Vayamos pues con lo que importa en este momento que es, naturalmente, la crisis de la deuda soberana. Esta crisis no se refleaja solo en brecha entre los tipos de interés que cada país debe prometer para colocar su deuda, sino que se prolonga en una crisis del sector bancario que como tal es el gran tenedor de esa duda y que en cada uno de sus componentes, en cada banco, puede tener problemas si el precio de mercdo de la deuda que exhibe en su balance pierde valor. Como dos días después reflejaba Viral Acharia, según una información del IHT, estamos de vuelta en la situación que se inició en el verano del 2007 y se puso al rojo después de la quiebra de Lehman. En aquel entonces cada banco miraba de reojo a los demás pensando en qué medida ese otro banco podría estar tocado por los activos toxicos acumulados en formma de derivados como eran las asset backed securities de todo tipo y muy especialmente las GDO´s que empaquetaban trozos de hipotecas subprime que milagosamente tenían una calficación crediticia superir a sus partes.

Pues bien según este profesor de la NY Bussiness School los títulos de la deuda soberana juegan el mismo papel que aquellos títulos derivados y como ellos introducen la falta de confianza de unos bancos en otros de manera que, como entonces, el mercado interbancario se cierra y dejan de tener significado cosas como el euribor y otros índices similares que tratan de indiciar las necesidades de crédito agregadas del sector y se convierten en señales sobre la desconfianza de unos bancos en otros.

En aquel momento la”conversación” peridística se centró brevemente en la posibilidad de diseñar algún tipo de mecanismo que permitiera convertir en conocimiento común la situación de cada banco. Es fácil de entender que esto no tiene por qué ser bienvenido por el sector ya que para un banco en dificultades es mejor esperar acontecimeientos a exponer sus vegúenzas de manera totalmente pública.

Pero ahora la cosa no está para finuras pues, ante la repetición de la situación y el aprendizaje del pasado, sería muy natural que algún banco, o algunos, o todos trataran de hacer informes o emitir señales que nos lleven a a pensar que las dificultaedes están en otras instituciones que perderían su reputación y serían presa fácil para las primeras que podrían comprar baratos esos otros negocios.

No es el lugar para ello, pero creo que esto merece un intento de explicación. Digamos que cada banco cree saber que hay una determinada probabilidad de que cualquier otro banco esté en dificutades. Cada banco, por otro lado, puede generar información inventada sobre la mala situación ajena además de recibir señales que no saben si son inventadas o verdaderas. Ante esta situación cada banco podría invertir en la investigación de la situación de la competencia a fin de que, sabiendo si se trata de un banco solvente o está ocultando sus vergúenzas mientras acusa a otros, pueda discriminar su crédito y evitar su captura que traería una pérdida significativa para su accionariado. Probablemete poniendo junto todo esto se pudiera tratar de determinar cuándo ocurriría un terromoto en el statu quo, cuándo unas pequeñas variaciones estructurales en el sector, quizá socialmente agradecidas, o lo contrario, y cuándo no pasaría nada.

Claro que antes de hacer este esfuerzo quizá debiéramos preguntanos si ese conocimiento común no debiera instrumentrase a través de los supervisores de cada país de acuerdo con unos criterios comunes. Se acaban de hacer stress tests, pero no de todos los bancos y no de acuerdo con todas las contingencias que la propuesta anterior de análisis podría revelar como posibles.

Y ahora sí que podemos hablar de liderazgo y de sus realciones con la globalización. En este campo la gobernanza del secto financiero exigiría cooperación entre los supervisores nacionales y esto no es algo fácil. Y no lo es porque hay siempre una imbricación entre los reguladores y los regulados de mayor o menor calado en unos u otros países. En estas condiciones las llamadas al liderazgo se me hacen hasta peligrosas.

«Crisis de deuda soberana, sector financiero y ausencia de liderazgo.» recibió 0 desde que se publicó el Sábado 17 de Septiembre de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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