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Crisis Bancaria y Redes

Publicado en Expansión, viernes 6 de junio de 2008

Si uno quiere ser un economista profesional se verá arrastrado al estudio de la Economía de Bienestar. Si, además, uno quiere hacer carrera académica no tendrá más remedio que adoptar el punto de vista individualista si quiere que le escuche la profesión. La economía del bienestar, en efecto, está basada en el utilitarismo como fondo filosófico y no hay utilitarismo sin individualismo. Sin embargo a muchos de nosotros nos queda una especie de insatisfacción ante la renuncia a una ontología social holística, según la cual la partícula elemental del análisis económico no tendría porqué ser el individuo y podría ser el grupo (de individuos) caracterizado por algún rasgo identitario. En efecto, algunos nos quedaríamos más satisfechos si nos viéramos a nosotros mismos encarando la dura tarea de refundar la economía del bienestar sobre bases diferentes.

Pues bien, un camino posible para esta misión imposible es la Teoría de Redes, redes en las que el individuo está, ciertamente, detrás de las decisiones que dinamizan la formación y disolución de redes, explicando los cambios en su estructura, pero en las que esto no lo es todo, sino que también importa, y mucho, esa estructura o arquitectura a efectos de entender muchos fenómenos resistentes a los argumentos convencionales.

No extrañará por tanto, que la Fundación Urrutia Elejalde, en cuyos objetivos se encuentra la exploración de la intersección entre la economía y la filosofía comenzara su andadura hace 11 años examinando los fundamentos normativos de la economía del bienestar y que hace 6 años organizara una, para mí memorable, Summer School sobre redes sociales codirigida por Matt Jackson, entonces en el MIT, y por Toni Calvó de la UAB. La presentación de esa escuela de verano dice mucho sobre los temas que parecían propicios para este intento de ver las cosas de una manera a medio camino entre el individualismo y el holismo. Esto es lo que decían los organizadores traducido de una manera muy libre:

Las redes sociales y económicas a menudo…, juegan un papel prominente en la explicación de un amplio abanico de fenómenos económicos. Un ejemplo clásico es el del intercambio y la difusión de información crítica para el funcionamiento del mercado de trabajo. Entre otros ejemplos se pueden mencionar el intercambio y compraventa de bienes en mercados no centralizados, la provisión de seguros mutuos en países en desarrollo, la difusión de innovaciones tecnológicas que incuban el crecimiento económico, el entrecruzamiento de empresas para compartir esfuerzos de I+D, etc.

Toni Calvó decidió largarse para siempre y quienes entonces ya veían en él un pionero han decidido recordarle volviendo a reunirse, para, bajo la dirección de Matt, seguir empujando este topos intelectual que se encuentra en esa zona fronteriza que algunos apreciamos. Entre el 29 y 31 de mayo se celebró un simposio en la UAB sobre Social Networks and Peer Effects: Theory and Applications, en memoria de Toni. Yo quiero añadirme a este homenaje a mi manera: tratando de aplicar ideas de Teoría de Redes, ideas que tienen que ver con la aplicación de los peer effects a un tema que, como se verá ahora, es insólito es esa área, pero que, sin embargo, a mí me interesa y me parece relevante. Se trata pues de un homenaje privado a una persona que nunca rehuía, a pesar de que su tiempo era muy valioso, la discusión tranquila sobre cuestiones (un si es no es) abstrusas.

Y ciertamente es un poco abstruso tratar de aplicar Teoría de Redes al Credit Crunch al que asistimos, pero no es necesariamente descabellado. Veremos ahora, en efecto, cómo es cierto que disponemos de ideas de Teoría de Redes que me permitirán decir algo sobre redes de bancos y sobre su estructura en un intento de progresar en la comprensión del aspecto financiero y bancario de la presente crisis.

Esta sequedad del crédito a la que quiero referirme, se debe, tal como dije en mi artículo de abril, a que los bancos se encuentran en una especie de equilibrio que solo puede persistir porque no se deciden a desnudarse simultáneamente haciendo conocimiento común (el que se da cuando yo sé que tu sabes que yo se… en una recursión infinita) de verdad lo que es un conocimiento común meramente sospechado o, hablando más técnicamente, un mero conocimiento de mutuo orden N (el que se dice existir cuando la recursión anterior anterior no es infinita sino solo presenta una cantidad finita de revueltas menor de N). Es decir, cada banco cree estar seguro de que cada uno de los otros bancos está tan mal como él; pero no lo está del todo ni puede estarlo mientras no se relacione directamente con todos y cada uno de ellos y todos decidan desnudarse simultáneamente.

Trataré ahora de aplicar algunas ideas de arquitectura de redes a esta red de bancos. Miremos a la idea de los umbrales de la rebeldía (o, más adecuadamente al contexto, umbrales de la confesión) que introdujo Chwe (Structure and Strategy in Collective Action, American Journal of Sociology, 105, pp. 128-156, 1999). Cada banco tiene un umbral de la confesión propio consistente en el número de bancos de la red, incluido él mismo, por encima del cual ese banco cambia de pauta de conducta y está dispuesto a confesar sus verdaderas pérdidas en instrumentos fuera de balance. Si esa revelación de los bancos, o de alguno de ellos, se lleva a cabo o no depende crucialmente de dos cosas, del conocimiento de esos umbrales de la revelación y de la arquitectura de la red que componen los bancos envueltos en la crisis.

Un mismo vector de umbrales de la confesión podría llevar, o no, a la revelación de la verdadera situación, rompiendo así el equilibrio perverso en el que se encuentran los bancos, dependiendo de la forma de la red puesto que ésta condiciona la naturaleza del conocimiento que unos tienen de los otros. Para que simultáneamente salten varios bancos dispuestos a revelar sus cuentas ocultas y confesar sus pérdidas, se necesita que cada uno de esos bancos rebeldes o reveladores, tenga un conocimiento común de la situación de todos ellos y esto no se consique con cualquier arquitectura.

Se puede mostrar formalmente que cuanto más densa sea la red (es decir más distribuida está) es más probable la rebelión reveladora, SOLO cuando el umbral de la revelación es bajo en relación al número de bancos que conforman la red. Cuando ese umbral es alto, como posiblemente lo era cuando un par de bancos americanos propusieron algo de este estilo sin ningún éxito, el propio Chew ha mostrado que la mayor clusterización no es suficiente para que, en nuestro caso, se rompa el equilibrio y los bancos descubran sus vergüenzas. La intuición de este resultado negativo radica en que aunque, efectivamente, las relaciones entre los bancos sean numerosas, no es fácil convertir el conocimiento mutuo en conocimiento común porque se necesita saber el umbral de la revelación de muchos de ellos.

En consecuencia es muy posible que se necesite un organismo central que juegue el papel de lo que, en otros contextos menos serios se llamó una “ciberturba”, y que, al juntar a todos los bancos con los balances reales entre los dientes en un momento determinado, lograría ese conocimiento común. Este habría de ser uno de los papeles que debería jugar un Banco Central, el de convocar esa gran “ciberturba” o, en su defecto, el de hacer algo que surta los mismos efectos. Pues bien, si tal como ha hecho el BCE, no se está dispuesto a bajar los tipos, es más fácil que los bancos revelen su situación por la necesidad de sus demandas de liquidez a ese Banco Central. Si, como ha hecho Bernake, la FED se adelanta a ofrecer esa liquidez, o rebaja los requisitos para obtenerla, no tendremos ni idea de la situación.

He ahí un ejemplo de los peer effects que los expertos en Teoría de Redes quisieron examinar en el simposio in memoriam de Toni pero del que no hablaron. Quizá por esto mismo me ha parecido que es lo que yo hubiera deseado contarle como forma de homenaje privado a su inteligencia.

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