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Credibilidad, Reputación y Heterodoxia

Publicado en Expansión, martes 3 de julio de 2007.

La Credibilidad ahoga la posibilidad de adquirir una Reputación y para adquirir ésta última hay que tomar caminos que parecerían poco racionales y no abandonarlos hasta que todos se convenzan de que no los vas a abandonar…

Se habla a menudo de Credibilidad de los políticos o del presidente del gobierno. Se dice desde hace tiempo que alguien, sea un político o un deportista, tiene Reputación de lo que sea, de mujeriego por ejemplo. Y aunque menos corriente, creo detectar un cierto renacer de la palabra Heterodoxia en distintos campos desde la teología a la economía pasando por la ciencia o el arte plástico. Como las cuestiones a las que se suelen referir quienes usan esas palabras no son asuntos baladíes, quizá merezca la pena examinar su enjundia conceptual en economía para ver si aprendemos algo de asuntos como los bancos centrales, la ciencia, y en particular la económica y, más en general, sobre las relaciones entre los seres humanos.

En mi última entrega a este diario (Bla, bla, bla, 5 de junio, 2007) reflexionaba sobre el intercambio de mensajes no costosos (cheap talk) emitidos por cada agente comunicativo con el objetivo de coordinarse con otros aunque con cierto deseo de conseguir objetivos propios. Distinguía allí esta forma de intercambiar mensajes de otra bien conocida que recibe el nombre de signalling y que consiste en gastar recursos en emitir una señal costosa a efectos de desvelar una información que yo solo poseo y que me interesa que se conozca por parte de todo el mundo.

Desde que el Nóbel M. Spence estudió esta situación la noción se ha hacho popular y, para ilustrarla, se utiliza continuamente el ejemplo de la educación. Se trate, en efecto, de una situación en la que solo yo conozco mi capacidad intelectual innata; pero no tengo una manera fácil de comunicarla a los demás ya que no me creerán si comunico que la mía es inmensa ya que todos creemos saber que todo el mundo dirá lo mismo puesto que su salario y otras condiciones de su trabajo dependerán de esa capacidad desconocida para los demás. En esas condiciones el adquirir un grado de educación superior, como un doctorado por ejemplo, puede ser una señal de que realmente mi capacidad es tan grande como pretendo. Será una verdadera señal en sentido técnico solo si es creíble y será creíble solo si el gasto en educación solo tiene sentido si realmente tengo esa capacidad.

Si bien este es el ejemplo estándar, y todos recordamos el consiguiente resultado de sobreinversión en educación, la noción de Credibilidad se hizo más famosa y acabó siendo utilizada con una profusión hasta desagradable, en relación con la discusión de la independencia de los bancos centrales. Estos se hacen imprescindibles porque un gobierno no será capaz de domeñar la inflación a pesar de sus promesas de hacerlo ya que estas promesas no son creíbles porque cuando llegue el momento de reducir la oferta monetaria, ese gobierno caerá en la tentación de no hacerlo para que con una mayor inflación los salarios reales sean menores y el empleo mayor.

De ahí, como decía, la conveniencia de poner al frente del banco central a un banquero con presuntas preferencias antiinflacionarias. La credibilidad del banquero está en la consistencia intertemporal de sus promesas: el objetivo del 2% digamos será creíble si cuando llegue el momento de frenar la oferta monetaria va en beneficio del banquero central hacer lo necesario para conseguirlo.

Este ejemplo estándar puede extenderse a otros ámbitos. Pensemos en la ciencia. Los proyectos para los que un científico solicita apoyo financiero pueden ayudar al descubrimiento de la verdad y/o al desarrollo de aplicaciones prácticas o pueden no ser sino una manera inteligente de rent-seeking. Como ahora ya sabemos, el proyecto será creíble solo si es intertemporalmente consistente, de forma que cuando se le conceda el apoyo financiero vaya en su propio interés el llevarlo a cabo. Ni un banquero central ni un científico son sin embargo transparentes, de forma que su Credibilidad no es inmediata u obvia. Y aquí entra la noción de Reputación.

Uno adquiere Reputación ciertamente cuando aquello por lo que desea ser reputado no es creíble. Si lo fuera el agente que busca la reputación se limitaría a aparecer como alguien creíble que simplemente hace lo que le conviene. Un banquero central que tiene un inmenso sueldo o una inmensa satisfacción si controla la inflación no adquiere reputación de nada si lo consigue, se le reconoce simplemente que hace lo que quiere o le conviene

Un científico que se limita a proponer un proyecto que es tal que, si va obteniendo los resultados previstos va en su beneficio como tal científico seguir desarrollando el proyecto, no adquiere reputación de nada sino que simplemente aparece como alguien racional que persigue inteligentemente su propio beneficio. Beneficio que puede ser epistémico o incluso monetario si este científico espera desarrollar una patente o es el propietario de una empresa tecnológica.

Cuando un banquero central se declara por primera vez independiente, como fue el caso del Banco de España hace unos años, o cuando surge uno nuevo, como es el caso del BCE, no tiene más remedio que adquirir una Reputación pues no es en principio racional enfrentarse a un gobierno que procurará forzarle a que, según nuestro ejemplo, contribuya a la recuperación o el sostenimiento del empleo mediante la reducción de los salarios reales. La adquisición de una reputación antiinflacionaria seria puede exigir que durante muchos períodos el nuevo banco central independiente de hecho sea el causante de un empeoramiento del empleo y de la situación económica general.

De la misma forma cuando un científico decide labrarse una reputación de original o realmente seminal, digamos, lo que no puede hacer es atacar problemas que todo el mundo sabe que solo requiere un poco de trabajo, pero que no parecen tener ninguna dificultad especial ni que vayan a abrir nuevos caminos hasta ahora inimaginados. Alguien que hoy continúe enfrascado en el problema de las supercuerdas es un ejemplo de alguien que está decido a adquirir una reputación de terco y quizá de “genio”.

Y aquí se acaban las analogías entre los científicos y los banqueros centrales (o los jugadores de póker o los políticos o los teólogos o los deportistas). La Credibilidad ahoga la posibilidad de adquirir una Reputación y para adquirir ésta última hay que tomar caminos que parecerían poco racionales y no abandonarlos hasta que todos se convenzan de que no los vas a abandonar.

Pero mientras un banquero central adquiere una reputación de ortodoxo para poder hacer su trabajo, un científico, para hacer el trabajo que quiere hacer, posiblemente necesite labrarse una reputación de Heterodoxia y para adquirirla no tiene más remedio que hacer ciencia heterodoxa lo que, sea dicho de paso, no significa necesariamente ciencia estúpida. Más bien parecería que la Heterodoxia es la plasmación de esa diversidad que tanto parece apreciarse hoy.

Para adquirir una reputación de teórico seminal es necesario atreverse a atacar problemas que se alejan del proyecto neoclásico. Pensemos en neuroeconomía o en psicoeconomía aunque, incidentalmente. Concentrémonos ahora en la ciencia económica y pensemos en los tres conceptos aquí examinados. El proyecto neoclásico es creíble porque obteniendo un doctorado sobre esas bases es mucho más fácil encontrar trabajo bien remunerado. e, estas nuevas direcciones no rompen con esa tradición sino que pretenden examinar sus fundamentos.

Si un joven doctorando en economía pretende realmente hacerse famoso en el buen sentido de la palabra, lo que quizá necesita es dar un paso más y comenzar a trabajar en ámbitos realmente heterodoxos como podrían ser hoy, además del marxismo de siempre, el neokeynesianismo , en cierta medida, la economía neoinstitucional, o para algunos la tradición austríaca.

Es arriesgado, pero si lo consigues te garantizas una reputación de enormemente inteligente y original de forma que seguramente te acabarán llamando si se plantean problemas realmente serios. Los heterodoxos son una reserva de seguridad para cuando falla lo rutinario. Si no existieran habrían que inventarlos.

Para terminar como he empezado cierro diciendo que no sería malo que nos preguntáramos sobre la Crediblidad, Reputación y Heterodoxia del presidente Zapatero. Si le juzgáramos de acuerdo con la interpretación aquí ofrecida quizás no todas las cosas que se dicen de él podría afirmarse simultáneamente. Pero quede este ejercicio para el lector con ganas de pensar.

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