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Constant

Hoy, una vez más cabe pensar que podemos ser los autores de todo.

Juan Urrutia y Juan Pop
Quizá la impresión más nítida con la que regresé de Gijón, en donde se celebró el Somero 2015, fue esa sensación que creí era compartida por muchos participantes y que consistía en el subidón que genera el haber encontrado claves para cambiar el mundo.

Con ese trasfondo volví a mi blog en un intento de ir analizando los componentes de esa sensación entusiasmante y escribí sobre el aspecto teatral de cualquier intento de enseñar algo a una audiencia cualquiera, un aspecto éste que no podrá faltar en el club de la abundancia. Pretendía ser el inicio de algo, pero desde entonces, hace ya más de diez días, he sufrido un verdadero suplicio a causa de la obsolecencia de algunos arreglos dentales ya muy antiguos y las consecuencias de dicha obsolescencia que, como mínimo, han dificultado mi alimentación justamente en unos días llenos de cenas y comidas con amigos muy queridos que se apiadaban de mí aunque esa fraternidad no les impedía ponerse ciegos de suculentos manjares mientras yo me limitaba a alimentarme de «potitos» por así decirlo.

laberinto de escaleras móviles constantPero este malestar no me ha privado de alguna visita cultural propiciada justamente por las obligaciones del buen anfitrión que me llevaron a visitar el Museo Reina Sofía y disfrutar de la exposición de Constant, un personaje holandés muy complejo (arquitecto, pintor y pensador utópico) que a personas de mi edad nos trae recuerdos de acontecimientos ya lejanos en el tiempo pero que remueven el pozo de los deseos exhuberantes que una día llenaron nuestra capacidad de entusiasmo y que hoy parecen volver con característica novedosas asociadas a la noción de Abundancia y de sus diversos matices.

Desde un marxismo civilizado propio de la posguerra, y que alimentó nuestra juventud de niños aburguesado, hasta el situacionismo pasando por la actitud de los provos y otras connotaciones del mayo del 68 han contribuído a que nuestra sed de absoluto no haya podido ser saciada del todo quizá porque está en su naturaleza el no poderse saciar. Y quizá por eso mismo el impacto de Constant sea grande y hagan de esta exposición algo obligatorio para los buscadores de la Abundacia.

Además de su obra pictórica, encuadrada al principio en el grupo CoBrA y, en mi opinión admirable, o de su faceta panfletera nos encontramos con que en la parte más intelectual de La Nueva Babilonia, nombre bajo el que se exhibe en el Reina muchas de sus obras más originales, aparecen muchas ideas que hoy me parecen actuales y que, aparte de su obra pictórica, sorprende al visitante. Y, en este sentido, merece la pena recomendar que el posible visitante atienda a las explicaciones del curador escritas en la en la pared de cada sala y que incluyen citas del mismo Constant quien en su arquitectura trató de imaginar cómo podría ser la ciudad de un futuro en el que la Abundacia sería la «nueva normalidad» tal como ahora se dice sin saber muy bien lo que esta expresión significa.

Hace ya una docena de años escribí sobre el amigo de Constant que asociamos al situacionismo (Guy Debord) y sobre su obra «La Sociedad del Espectáculo» que, creo, merece la pena revisitar.

Tal como se lee hoy, la Sociedad del Espectáculo es una profecía clarividente que nos augura que acabaremos siendo lo que no somos, idea no muy brillante, pero que se complementa con la afirmación implícita realmente sorprendente de que ese no ser lo que somos es la condición necesaria de nuestra existencia, o si se quiere, nuestra verdadera esencia.

Y continuaba después diciendo que:

… para entender lo que Guy Debord creía entrever en el núcleo mismo del capitalismo que apuntaba ya hace casi cuarenta años tenemos que dar un rodeo para llegar a aceptar que no hay un ser debajo de las apariencias observables. No tiene, en efecto, sentido afirmar que soy un actor frustrado si llevo treinta años enseñando contabilidad como profesor asociado y practicándola en la empresa. Lo que soy es un contable y si me niego a que esa profesión agote mi pretendido ser podré efectuar toda clase de aspavientos para dramatizar mi angustia.

Un comentario este que nos acerca a la distinción que quería hacer yo:

Un banco hace hoy muchas cosas que no parecen pertenecer a su esencia como, por ejemplo, administrar patrimonios. Una concesionaria de autopistas puede doblarse en restauradora; una constructora en bodega y un portal vertical en el equivalente virtual de un panel publicitario. En estos ejemplos …. no acaba de diluirse el soporte último de cada negocio. El banco sigue intermediando plazos y riesgos, una concesionaria de autopistas sigue proporcionando transporte en ciertas condiciones de seguridad, una constructora no deja de hacer obra civil y un portal vertical consigue, tal como pretende, reducir algunos costos de transacción.

Pero en estos ejemplos observamos que, aunque se difumine el ser este sigue ahí como soporte de todos los demás avatares. Por eso precisamente no hay nada de espectacular en los ejemplos económicos manejados.

Para que cualquier actividad devenga espectacular tienen que darse, en efecto, otras circunstancias adicionales. La primera consiste precisamente en que desaparezca el soporte de lo accidental, en que el ser se diluya y no quede más que lo que parecían accidentes de un ser subyacente. La segunda circunstancia necesaria para que una actitud sea espectacular es que constituye un acontecimiento que congregue a un público numeroso y específico.

Debord no sabía la razón que llegaría tener porque

… no llegó a vislumbrar que llegaría un momento en el desarrollo del capitalismo en el que ya sólo hay espectáculo, que no hay nada por debajo de lo que congrega a multitudes. Lo que representa una mala noticia en esta constatación es que quizá los individuos no somos más que vehículos de los memes (o genes sociales) que persiguen su finalidad autónoma. La pésima noticia será que esos memes igual no saben a dónde van. Pero todo tiene su parte buena. Al saber que no hay ninguna realidad subyacente, sabemos con toda seguridad y por primera vez que podemos construir el mundo como queramos siempre que seamos capaces de domesticar a los memes..

Esta es finalmente la idea a la que quería llegar después de un largo rodeo. En La Nueva Babilonia se nos muestra con nitidez que en algún momento vislumbramos, la idea de Abundancia, aunque no supimos explotarla. Los tiempos que corren son hoy propicios para recuperar el entusiasmo que en aquellos años pretéritos despertaron las posibilidades del final de la guerra y las alterantivas sociopolíticas que parecían posibles.

Hoy, una vez más cabe pensar que podemos ser los autores de todo.

«Constant» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 1 de Noviembre de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. @juan Qué precioso post y qué cantidad de temas abre… desde la financiarización como espectáculo terminal de unas escalas ineficientes hasta ese «podemos ser autores de todo» que recuerda tanto a Blake… http://lasindias.com/una-historia-de-la-abundancia

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