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Confederalismo marcha atrás

Lo que podrí­amos llamar el principio confederal empieza a hacer una tí­mida aparición en el debate polí­tico español.

Hace unos meses en La Vanguardia el polí­tologo catalán Carles Boix, profesor en Chicago, se atreví­a a decir que la CE78 era mala y no era dificil entender que esta opinión estaba basada en el hecho de que la organización del Estado no era federal cuando son las constituciones federales las más estables, al menos empí­ricamente.

Ignacio Sotelo, profesor en Berlin, escribía más recientemente en El Paí­s que la CE78 no era estable y que acabarí­a siendo la Constitución de un Estado unitario o una Confederación, cuando lo bueno, decí­a él, es ser un Estado Federal.

Parecerí­a como si no les pareciera una atrocidad cambiarla.

Pero no solo los profesores que ejercen fuera se han atrevido a criticar o desacralizar la CE78. Desde dentro se ejerce una presión confederal, según nos anuncian no pocos columnistas, que no se oculta en el caso del llamado Plan Ibarreche y en el del Estatut y que no serí­a compatible con una lectura honrada de la CE, según dicen otros. Además esta especie de tratado entre estados soberanos con el que se asocia a la Confederación correponderí­a a una época pretérita, romántica y poco eficaz de organizar la convivencia ciudadana.

Sin embargo estos argumentos por muy prudentes que sean no son del todo irrefutables. En su dí­a argumenté, mal que bien, que la globalización, la sociedad del conocimiento y las TIC hací­an probable la tendencia detectada por Alasina y Spolaore hacia el aumento de l número de Estados. Y no solo eso sino que además me adelanté a pronosticar que la exposición de la tendencia se juzgarí­a poco oportuna. Así­ fue; pero ya está aquí­ otra vez.

Yo mismo he argumentado en favor de la generalización del Concierto Económico del que hoy disfrutan el Pais Vasco y Navarra y del que se acusa a Cataluña de querer disfrutar en el futuro. Lo he hecho en dos artí­culos publicados en EXPANSION y en ambas ocasiones basándome en tres razones que me parecen importantes: el principio de subsidiariedad, la compatibilidad de incentivos y la escalabilidad. Esta tres razones o principios son perfectamente compatibles con la solidaridad aunque muy peligrosas para los que disfrutan de alguna renta relacionada con el centralismo polí­tico-administrativo.

A esta especie de confederalismo financiero es posible añadir toda clase de previsiones relativas a competencias o al carácter nacional de cada autonomí­a que pretende acercarse a la soberaní­a propia, de forma que lo que se vislumbra al final de esta especie de regresión “infantil” serí­a un centro cuyas competencias varí­an y dependen de la voluntad colectiva de los pueblos soberanos que deciden centralizar o descentralizar unas u otras competencias. Un centro que ya no es un jugador independiente del juego polí­tico.

Aunque suene a viejo, todo esto está en el aire y no es dificil imaginarse un confederalismo que, en lugar de representar, como hasta ahora, los primeros estadios en la formación de un estado moderno, represente el horizonte de un mundo globalizado: un confederalismo marcha atrás. De hecho esta especie de nuevo confederalismo parecerí­a estar muy a tono con las ideas recientes sobre redes sociales en un mundo en el que florecen las TIC. La falta de centro de estas redes las hace menos vulnerables.

Lo que ocurre es que nada vuelve al punto de partida y no serí­a sensato imginar aquí­ entre nosotros el “Nacimiento de una Nación ” sea ésta la de los EE.UU. de América o la de Suiza. Ellos se dejaron de lí­os y se deslizaron hacia una Federación en la que la soberaní­a reside en el Estado central o en el total de la ciudadaní­a. Sin embargo su origen confederal se nota, lo mismo que en España también se nota su origen centralista francés y el olvido de la muy lejana unión de diferentes Reinos. En Suiza utilizan el plebiscito a menudo y para casi cualquier cosa. En los EE.UU. de América hay (según leo en The Economist) 13.000 distritos escolares y cada uno decide lo que le da la gana en materias constitucinales como la de rezar en la escuela, exhibir sí­mbolos religiosos en las aulas o felicitar a los padres el solsticio de invierno con nombres que recuerdan a algún personaje religioso (Christmas).

Es esta una tendencia general? Es en todo caso una buena idea? Acabará abriédose paso? No hace falta contestar todo ahora. Ya veremos por donde va la discusión más allá de los anatemas de siempre.

«Confederalismo marcha atrás» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 11 de Enero de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. […] organizan. Un tema complejo que no tengo personalmente claro pero en el que me han ido calando los argumentos confederalistas de Juan Urrutia, partidario de extender el actual sistema de concierto navarro a todas las comunidades […]

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