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Compraventa de libertades

En el boletí­n de FEDEA, una institución de investigación económica que respeto, me entero de la existencia de un documento de trabajo reciente en el que sus autores abogan, según parece desprenderse de una breve reseña, por establecer un mercado de derechos civiles a efectos de luchar contra el terrorismo o sus apoyos.

La propuesta es coherente con su diagnosis sobre la posibilidad del terorismo. Este es posible porque faltan mercados.Si uno pudiera vender tu privacidad (fiscal, de cominicaciones o del tipo que sea) a cambio de una rebaja impositiva, podrí­a ser posible desenmascarar a los terroristas que, ciértamente, no usarí­an esa oportunidad.

En efecto, digamos que permito al fisco urgar en todas mis cuentas a cambio de que me rebajen el tipo marginal en 5 puntos.
Parece sensato pensar que los terroristas estarí­an entre los que no hacen uso de esa venta de la privacidad, fiscal en este caso.

Esto es lo que colijo de la lectura de la breve reseña y me suena mal. Mi conciencia de scholar me dice a la oreja: léelo antes de escribir nada. Pero mi descaro de bloger me apremia a anotar lo que se me ocurre de primeras sobre este esquema incentivador que, al menos a este nivel de descripción, no se puede llamar un mercado.

Lo primero que se me ocurre es que hay derechos a los que no se puede renunciar. No se puede, por ejemplo,entregar tu libertad mediante un contrato de esclavitud. Y tampoco puedes renunciar a tus derechos de autor según tengo entendido.

No sé cual es la razón. Seguramente que esa renuncia deblita el mismo derecho de los demás en algún sentido, como en el caso de la esclavitud, o que puede desnaturalizar la (falsa) competencia en el caso de la propiedad intelectual. Pero sea cual sea esa razón, no parece sencillo que nuestra sociedad pueda asumir el esquema incentivador que se propone.

Pero lo más serio es la segunda reflexión que me viene a las mientes. Para transformar el esquema incentivador en un verdadero mercado tendrí­amos que admitir que el fisco pueda vender la contraparte de ese derecho a un tercero que a cambio de que no miren sus comunicacines o sus cuentas está dispuesto a pagar un incrementeo en el tipo marginal del IRPF.

Esto tedrí­a la ventaja de que el fisco puede incluso hacer dinero; pero me parece que no serí­a muy eficaz a la hora de aislar al terrorista que financia armas o el mantenimiento durante años de terroristas suicidas o paga el impuesto revolucionario de manera “alegre y combativa”

La razón de mi escepticismo está en que comprarí­an la seguridad de su privacidad no solo los terroristas, sino también los adúlteros, los pornógrafos y los pederastas, por mencionar solo algunos de los que prefieren que no se conozcan sus actividades.

Puestos a elucubrar, el fisco, asesorado por algún brillante ingeniero social, podrí­a discriminar precios a efectos de separar las categorí­as de malvados; pero si empezamos con esas sutilezas, dejamos la puerta abierta a comportamientos oportunistas de todos ellos, incluyendo los terroristas.

Por ejemplo, si yo fuera un terrorista, en lugar de no utilizar este nuevo mercado en el que se compran y se venden derechos civiles, entrarí­a en él, de acuerdo con mi esposa, al precio que identifica a los adúlteros, poniendo a la policí­a sobre la pista falsa y, de paso, ganándome una cohartada ante mi señora para aventuras non-sanctas.

Seguro que no he entendido bien el documento de FEDEA.

«Compraventa de libertades» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 10 de Agosto de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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