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Competitividad jesuítica

El jueves 25 asistí a una jornada empresarial inaugurada por el Rey y que tuvo lugar en el Palacio de Congresos del Campo de las Naciones. Se planteó el problema de un “nuevo nuevo modelo económico para España” en dos mesas redondas. Los 7 ponentes eran antiguos alumnos de alguna esuela de negocios o similar regentada por los jesuitas. Es decir Deusto, ICADE y ESADE, instituciones que pretenden cooperar de alguna forma para lograr la mejora de la formación empresarial desde la universidad privada.

Se trata de una magníca iniciativa que pone en juego la Coopetencia pues, si bien pretenden cooperar entre sí, no pueden dejar de competir entre ellas. Este pensamiento soso y vulgar me evocó mi educación jesuítica y la competitividad que ese ideario dejó en mí. Había que ser el númro uno en devoción mariana, deportes y estudios, por ese orden.

Pero, por lo que ví y oí, esta impronta no solo fue gravada en mis carnes . La competitividad jesuítica, en efecto, ha calado hondo;se nota enseguida y y se detecta muy fácilmente en las formas del discurso.

A ninguno de los ponentes de las dos mesas redondas, todos ellos excelentes presentadores, se le pasa por la cabeza que podría ser suplente de un buen equipo de futbol. Todos son, y solo pueden ser, titulares.

Por lo que entendí a ninguno se le ocurre que quizá no se trata de pensar para transferir conocimiento y añadir más valor que el de al lado, sino que lo que queremos realmente es ser ricos para poder pensar, es decir consumir conocimiento, tener ideas brillantes que igual solo sirven para relativizar la importancia de la creación de valor y, en definitiva, poder entonar alguna vez un eureka exultante.

No de añadir valor, sino de no perder los valores, habló el Rector de Deusto y me sonó como si los jesuítas se replantearan para qué están llevando a cabo la labor formativa que dicen está en su ADN. Ojalá lo hagan en serio.

Sirva este comentario para animarar ese pensamiento crítico consigo mismos al que podemos y debemos colaborar los antiguos alumnos.

«Competitividad jesuítica» recibió 7 desde que se publicó el Domingo 28 de Febrero de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Urrutia dice:

    No, no lo conocía. Gracias Carlos por traerlo a mi atención.

  2. Guillermo Quijano dice:

    Estudie en una universidad jesuítica y fue una de las experiencias mas influyentes que tuve. Es cierto que hay una importante exhortación a la superación, pero desde mi punto de vista, es siempre un llamado a la superación por la competencia contra uno mismo. Mucho mas cerca de un “cuidado de sí” foucaltiano que de la competencia capitalista que describes.
    Los programas de responsabilidad social que se llevan adelante tienen un fuerte eje de compartir conocimiento con las comunidades postergadas para que se empoderen a sí mismas.
    Con todos sus defectos de verticalismos, y teocracias las experiencias comunitarias utópicas de america latina se caracterizaron por generar valor para otros: traducir obras a los idiomas de los nativos, difundirles los instrumentos de cultura (imprenta, instrumentos musicales, escritura), desarrollos en ingenieria, incluso en tácticas militares de defensa.
    Durantes las décadas del 60 y 70 fueron impulsoras del pensamiento de los “curas del tercer mundo” que promovían un modelo económico socialista de autogestion comunitaria cooperativa.
    Quizás en Europa son diferentes, pero en América Latina son lo mas progresista desde el lado del catolicismo.

    Un saludo desde Argentina.

  3. Joan dice:

    Ya lo decian en mi pseudo MBA en Edelweiss en San Diego, EEUU, que las unicas empresas que habian durado mas de 100 años eran las basadas en valores, y se olvidaban de esta claro, y de alguna otra de cuyo nombre no quiero acordarme.
    Si se han basado en un concepto de liderazgo que se ha sostenido y trascendido mas alla de la muerte de sus fundadores, las podriamos llamar en terminologia moderna empresas de liderazgo sostenible. Especialmente la del nombre que no me acuerdo.

  4. Juan Urrutia dice:

    ¿Qué òdría añadir yo? en primer lugar que hay que distinguir entre el liderazgo y la labor creativa. En cuanto al primero me parece que ya no toca según dije en una vieja columna de la antigua Actualidad Económica que se puede ver en el archivo de publicaciones y que continuaba la línea de razonamiento de “Lider, autor maestro” que apareció en economía en Porciones. En cuanto a la actividad creativa quizá no dependa de la educación empresarial recibida y sí mucho más de las circunstancias de cada país o teritorio, pero hecho en falta un poco de rebeldía en la administración de empresas y una pérdida de perspectiva de para qué queremos añadoir valor.

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