Desde mi sillón

Un blog de la Red de las Indias

Grupo de Cooperativas de las Indias

Como un motor, no como una cámara

Publicado en Expansión, martes 20 de abril de 2004

Acaba de aparecer el libro de Donald Mckenzie (un profesor de sociología de la Universidad de Edimburgo) con un título que inspira el de esta columna: An Engine, Not a Camera (MIT Press, Cambrige, Mass. 2006). Su subtítulo es revelador del contenido: How Financial Models Shape Makets, es decir cómo los modelos financieros conforman el mercado.

Se trata por lo tanto de un ejercicio en la performativity (horrible vocablo que renuncio a traducir) de lo que llamaría Ciencia Económica para diferenciarla de la Economía que se referiría, por tanto, al sistema económico -tal como ocurre en la realidad.

La Ciencia Económica, por lo tanto, conforma la realidad de la Economía. Esta Ciencia Económica y, en particular, la Economía Financiera, “performs“. Diríamos, jugando con las palabras, que actúa, como un actor en escena; pero también conforma la realidad en la que actúa, la construye. Es decir la Ciencia Económica, a diferencia por ejemplo de la Astronomía, funciona como un motor y no como una cámara fotográfica o como un telescopio, instrumentos ambos que se limitan a registrar fielmente o filtrar lo que hay ahí fuera

El libro es extraordinariamente rico en sugerencias que rozan e iluminan muchos temas de interés. El más obvio es el enorme desarrollo que, en los últimos treinta años, ha tenido la Economía Financiera como rama de la Ciencia Económica, y no sólo como práctica de las finanzas en las empresas.

Mckenzie ofrece a, este respecto, unos apéndices muy útiles para entender algunos puntos cruciales de este desarrollo de la Ciencia Económica y un listado de las entrevistas con teóricos de la Finanzas y con gestores de los mercados que nos garantizan que el autor sabe de lo que habla.

El segundo tema de interés es el de la performativity en sí misma. Estamos acostumbrados a pensar que la Teoría Económica es una cámara fotográfica que al hacer una instantánea de la Economía, detecta oportunidades de mejora que pone a disposición de la política económica que, al llevarlas a la práctica, cambia esa realidad económica que hay que volver a fotografiar…. y así continuamente.

Pero lo que hace el sociólogo Mckenzie es algo no exactamente idéntico. La Teoría Financiera elabora unos modelos que permiten entender no tanto el funcionamiento de los mercados financieros; sino más bien cómo podrían funcionar si los agentes gestores crearan mercados para ciertos activos financieros inexistentes hasta entonces. Estos gestores acogen las ideas, desarrollan activos que replican los inventados por los teóricos y crean nuevos mercados en los que se intercambian estos activos. Se trata de un ejemplo evidente de innovación financiera que se desenvuelve en el tiempo y que no tiene visos de parar. Pues bien en estos casos, en los que Mckenzie centra su atención, no se trata de la influencia de la política económica en la realidad económica; sino de la autogeneración de invenciones financieras gracias a la Ciencia Económica.

Las agencias reguladoras entran luego en el juego; pero no a la manera en que estamos acostumbrados cuando hablamos de política macroeconómica. Se trata más bien de política microeconómica relacionada con la supervisión de las instituciones en defensa del inversor y con la vigilancia del cumplimiento de la regulación prudencial.

El tercer tema de interés es la relación entre perfomativity y una forma extrema de reflexividad que los economistas conocen como self fulfilling prophecies o sun spots (profecías que se autocumplen o manchas solares). La explicación breve que da Mckenzie es insatisfactoria.

Afirma que este último tema tiene que ver con las creencias de los agentes económicos mientras que la perfomativity no depende de las creencias; sino de la invención y de la creación de mercados. Pero la diferencia no es tan clara. Los nuevos instrumentos y mercados financieros se instalan en la realidad económica porque los agentes económicos creen que los mercados funcionan de una cierta manera y que, por lo tanto, esos nuevos instrumentos mejoran ese funcionamiento y van a ser demandados ofreciendo una oportunidad de intermediación beneficiosa.

Sin embargo, no podemos decir que es su creencia la que ha creado realidad sino que son la corrección y precisión del análisis las que permiten la creación y mantenimiento de las innovaciones financieras, algo que no importa para nada en los modelos de manchas solares que muestran que es teóricamente posible que la realidad dependa, no de una buena descripción de lo que hay, sino de una inexplicada incertidumbre extrínseca, de una creencias arbitrarias como sería creer que los ciclos económicos se deben a los ciclos de las manchas solares. Estos modelos son entonces como una especie de metaperformativity que justifica la performativity.

Una vez mencionados estos asuntos sugeridos por el libro de Mackenzie es hora de abordar el tema que a mí me parece central. Se trata de una descripción de las innovaciones financieras que explica porqué este libro está catalogado en una colección que se denomina Inside Technology y que comprende libros, incluidos otros del propio Mckenzie, que parecen querer describir con la minuciosidad del antropólogo los tipos de las innovaciones y, en general, los detalles de la tecnología.

La descripción de cómo las innovaciones en la Economía surgen como interacción entre las teorías y su puesta en práctica en el tiempo es, creo, su aportación fundamental que me parece muy de agradecer.

Sin embargo, el lector echa de menos la narración de cómo surgen las ideas en la Economía Financiera a partir de los Fundamentos mismos, pero aun así la lectura de la interacción a la que aludía es fascinante en dos aspectos.

El primero es explícito en el libro. La proliferación de mercados a una velocidad tal que no permite ponerse al día a los supervisores, produce simultáneamente la dinamización de la Economía (aunque no siempre una mejora para todo el mundo); y la siembra de la semilla de su propia destrucción. Esto es lo que pasó en los dos casos estudiados en el libro: la caída de la Bolsa en 1978 y el extraño caso de LTCM en 1998.

El segundo elemento fascinante del libro es que nos hace ver cómo, al final, la supervisión o el control tiene su base más firme no en su inteligente diseño; sino en la confianza mutua entre las personas que manejan las agencias regulatorias pertinentes. No se limitan a cumplir con la ley; sino que, dentro de ella (o en sus márgenes) toman riesgos y se coordinan para apagar un fuego que amenaza acabar en catástrofe.

El lector aprende mucho examinando los pormenores de ambos casos. El de 1987 es de especial interés porque ocurrió en una situación análoga a la actual, tanto aquí como en USA. La descoordinación entre la Bolsa de NY y el mercado de derivados de Chicago permitió que las reacciones ante una situación macroeconómica desequilibrada pusieran la economía americana y mundial al borde de una depresión. Una amenaza solo evitada en el último momento por las mencionadas relaciones personales basadas en la confianza.

La inesperada intensidad de las dificultades de 1998 propiciadas por la crisis financieras de Asia, Latinoamérica y de Rusia, hizo que instituciones como el LTCM, una compañía privada inteligentemente creada y honestamente manejada, se encontrara fuera de los límites de seguridad establecidos, como si un terremoto fuera de tal intensidad que hiciera temblar los pilares antiterremotos mejor diseñados.

Solo las gestiones personales que llevó a cabo Greenspan ante los propios bancos de inversiones envueltos en la financiación del LTCM y ante el FMI, salvó la Economía Mundial de un colapso que pudo ser letal. Una vez más esas relaciones personales se mostraron cruciales.

He aquí la moraleja del libro de Mckenzie. Aunque los sistemas de supervisión y regulación mejoren (tal como se demanda entre nosotros a raíz de los casos del FF y de AFINSA) la calidad personal de los reguladores o supervisores es un asunto de máxima importancia. En Europa deberíamos ser más diligentes en el diseño de un sistema de supervisión financiera y en España habríamos de ser muy cuidadosos en los nombramientos que se efectúan en instituciones como el Banco de España y la CNMV.

No se trata de registrar como una cámara los movimientos interesados de los partidos como los que acabamos de observar con el nombramiento de Gobernador y Subgobernador del Banco de España, sino de llamarles la atención desde la Ciencia Económica sobre la necesidad de no excederse en sus intereses partidarios y sobre la conveniencia de asegurar que los nombrados sepan de su oficio supervisor y puedan coordinar sus esfuerzos tanto entre sí como con los supervisados del sector privado.

«Como un motor, no como una cámara» recibió 0 desde que se publicó el Martes 20 de Abril de 2004 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.