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Como si siguiera en Londres

Lo más emocionante es insistir en tu porte elegante y preguntar por el precio de un cuadro determinado, identificándote como un pequeño y humilde coleccionista…

Van-Gogh-Sunflowers-National-GalleryEstar cerca de un acuchillamiento o del derribo de un edificio, acontecimientos estos a los que me refería en el último post, no es lo único que hace de Londres una ciudad interesante. De mis últimas visitas hace ya demasiados años recuerdo bien el mestizaje que se mueve por el centro, por los parques o por la City, algo que ya se ve también por aquí, pero no con la intensidad con la que se da en Londres. Se cuenta que la estrategia del Reino Unido en materia de inmigración consiste, a diferencia de la que priva en Alemania, en agregar a diferentes grupos étnicos en ghetos bien separados. Pero esta estrategia no se nota en las zonas de museos, monumentos y restaurantes por donde nosotros nos movimos como turistas veteranos.

Así que en medio de un jardín variado, paseas y te vas encontrando con museos gratis que te ofrecen exposiciones que no son gran cosa, pero que llenan tu mañana de luz. No es poca cosa, pero tampoco memorable, ver en la National Gallery, casi sin hacer cola, los dos cuadritos de la vejez de Van Gohg que se conocen como los girasoles. O una escueta información sobre el último millón de años de los habitantes de las islas británicas y los posibles cruces entre nehardentales y sapiens en el Museo de Historia Natural , a muy pocos pasos del Victoria y Albert Museum, una desorganizadísima e inmensa colección de obras de arte en las que puedes ver desde los cartoons de Rafael para unos cuadros destinados a un Papa, como casts o moldes de columnas romanas. Ambas cosas muestran algo que aprecio mucho: la labor educacional de los museos, para la que no son necesarias obras originales.

Y para abrir el apetito puedes andar hasta la zona de la LSE y perderte unos minutos en la librería que ahora es ya The Economist´s Book Shop, visitar de pasada el museo del arquitecto y coleccionista John Soane hasta hartarte de figuritas traídas del medio oriente, y ponerte las pilas para llegar a la exposición de Hamilton en la Tate Modern, tratando de no perder del todo lo que ha sido de verdad la deriva del arte plástico, y antes de que llegue al Reina Sofía de Madrid.

Pero lo más divertido, con mucha diferencia, llega al día siguiente, después de una buena cena y un desayuno tan copioso como quieras: disfrazarte de Jep Gambardella y acercarte a la Galería Gagosian en Brttania St., en la que en un espacio enorme están colgados los cuadros representativos de lo último de Baselitz. Mientras deambulas solo, te puedes hacer una idea de lo que significa ser un alemán de mi edad, seguro de nada, culpable de todo, y deseoso de hacerte amigo y colega de lo que queda del expresionismo abstracto. Pintarte a ti mismo siempre cabeza abajo no es una gracia, es una manera de decir por quién te tomas.

Sin embargo, lo más emocionante es insistir en tu porte elegante y preguntar por el precio de un cuadro determinado, identificándote como un pequeño y humilde coleccionista. Te tratan como si fueras un magnate ruso, te acompañan hasta el punto central de la galería, y en voz queda te dan una cifra tan disparatada que estás a punto de abandonar tu disfraz y echarte a reír. Pero si guardas la compostura y te das otra vueltita por entre esas pinturas inusualmente claras, acaban acercándose con una trajeta en la mano. Agradeces con un gesto cosaco, musitas que tú nunca llevas tarjetas encima, y después de echar una última mirada a la colección como la que echaría un torero hacia toda la plaza que ha visto una magnífica faena, te deslizas hacia la puerta, que te es abierta con el mayor respeto por un Boris en negro riguroso.

«Como si siguiera en Londres» recibió 0 desde que se publicó el lunes 17 de marzo de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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