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Comentarios sobre los comentarios a la crisis

Hoy publico a modo de post un e-mail largo que me envió Teo Millán a raiz de mi columna en Expansión correspondienendo al mes de marzo. TM es ya un BGB habitual de este blog y le dejo hablar extensamente y explayarse a gusto sobre los comentarios sobre la crisis a los que critica tomando el mío como víctima propiciatoria y utilizando unos argumentos cuya pertinencia espero tener la entereza de discutir. De momento ahí tienen el metacomentario de TM

Resulta imposible no mencionar algunos hechos que obligarían a revisar varias de las conclusiones aparentemente razonables de tu comentario en Expansión;

1º No se conoce ningún caso de una emisión de deuda que haya quedado a medio colocar, ni privada ni publica, por parte de las tan atribuladas sociedades e instituciones del Reino de España.

2º No se ha disparado el diferencial del coste de la deuda de las emisiones del Reino, ni sus empresas, ni incluso en los peores momentos de hace unas semanas en que la crisis griega parecía poder contaminar el caso español.

3º No es posible hacer análisis económico “estático”. (Es como observar un saltador de esquí, tomar su foto cuando está en lo más alto y concluir que será imposible que llegue a tocar suelo de nuevo puesto que está prácticamente detenido en el aire). (Tampoco parece que lo sea el hacer análisis determinista, cuando toda la modelización económica es hoy probabilista, incluidos los modelos de estimación macro).

De hecho, cuando los (macro)economistas llegan(/mos) al lugar del desastre, es como cuando lo hacen los observadores de UN o EU, resulta una buena señal de que el desastre “está ya controlado”, o no se aventurarían en tierras inciertas.

Por tanto, la lectura de columnas de opinión sobre la crisis debiera resultar reconfortante. Afortunadamente, la evolución de datos durante los últimos doce meses ratifica dicha tesis.

Los comentarios, editoriales y demás que suelen leerse estos días sobre la situación general de la crisis, están muchos veces limitados a planteamientos elaborados sobre “observaciones causales” de datos macro, confundiendo en general lo que es la contabilidad fiscal (¿cómo se va atender el déficit fiscal?) con lo que es el análisis de coyuntura (¿cómo va a evolucionar la economía agregada?) o el análisis macroeconómico (¿cómo entender y mejorar la situación económica?).

En este sentido, el mayor pecado de los (macro)economistas , al menos en nuestro país, es la falta de credibilidad en los método de análisis de que hoy disponemos en la profesión. Como bien explica Alfonso Novales en su discurso de entrada en la Academia de Ciencias Morales el pasado año, muchas veces los economistas no discrepamos en nuestras conclusiones, sino en el modelo que utilizamos de referencia. Distintos modelos conducen a distintos lugares. Por tanto, la polémica pública a que debiéramos asistir debiera centrarse en qué modelo es relevante, y qué nos dicen los distintos modelos que están ajustados a los datos macro españoles. O, al menos, en qué modelo se defiende y por qué. O, como mínimo, a ofrecer una referencia a alguna simulación que permita justificar un cierto diagnostico o un juicio sobre los problemas que se anticipan en una cierta senda de desarrollo (como el del colapso o encarecimiento del pago de la deuda). Desgraciadamente, son pocas las veces en que los técnicos detrás de los político explican cómo cuadraran ciertas cuentas agregadas. Aunque no hay duda de que tras los planteamientos de elevación del IVA, existen simulaciones elaboradas por la administración y el Banco de España, además de poderse efectuar por algunos otros analistas técnicos de coyuntura como el BIAM de A. Espasa. Es una lástima que la polémica pública de los economistas no se realice en dichos términos, lo cual no solo produciría orden y excluiría del debate a los profanos (generadores genuinos de ruido) sino que además creo que transmitiría una cierta sensación al público de que el estado de la ciencia económica no es tan malo como hoy se pueda deducir del triste espectáculo que se observa en las páginas de los periódicos.

Desgraciadamente, producir “ruido” en torno a las capacidades relativas de los países de nuestro entorno para repagar sus respectivas deudas, es una polémica que de no estar sustentada en, o bien un modelo riguroso determinado (y no conozco ninguno que prejuzgue que no es posible repagar un cierto déficit fiscal) o en una aplicación práctica de un modelo econométrico estimado concreto para un país, queda reducido a un juego de quinielas. Tales comentarios, reciben en ocasiones crédito por provenir de “expertos” a los que se les supone dotados del sexto sentido del experto, que normalmente acaba por diluirse en el dominio del slang de referencia.

Otra cosa es que los operadores financieros (a diferencia delos (macro)economistas, insistan en hacer “lecturas” varias sobre el comportamiento de los mercados. Lógicamente, dichos operadores se ganan la vida en tratar de no perder de vista la senda del mercado, y están “obligados” a operar día a día, y hacer sus propios juegos de valor que se traducen en sus diarias actuaciones en el mercado correspondiente. De dichas actuaciones resulta la “apuesta” del mercado que se puede constatar cada día al ver los precios que rigen en de dichos mercados. A dichos precios sí que les llamaría yo “opinión cualificada de expertos” sobre, por ejemplo, la capacidad del Reino de hacer frente sus obligaciones financieras futuras (lo que no significa que sea una opinión errónea). (Lo que nos devuelve al párrafo anterior sobre lo que parece pasar con el coste de la deuda y la absorción de emisiones por los inversores).

Lo que no se debe perder de vista es el hecho de que dichos mercados fueron incapaces de anticipar el shock que supuso el colapso de los mercados privados de deuda en USA y EU en 2008. Y que por muchas lecturas que en su momento se realizaron para tratar de racionalizar el comportamiento que entonces ocurrió, sigue faltando una explicación consistente de la crisis a nivel económico. Aunque es fácil sospechar, que efectivamente mucho de lo que ocurrió tuvo que ver con que los agentes económicos no prestaron mucha atención a los modelos macro, y a las señales emitidas por las instituciones encargadas de realizar seguimiento de la coyuntura, esto es, a que los economistas tampoco entonces se tomaron muy en serio la capacidad de análisis que brindan los modelos económicos y sus estimaciones macroeconómicas. En particular, existe un elemento incómodo y de difícil tratamiento en los que respecta al carácter probabilístico de los modelos y estimaciones que podemos hacer los (macro)economistas. En efecto; una cosa es afirmar que un agente tenga una cierta probabilidad de realizar un impago, y otra es tratarlo como un “valor esperado” de recobro de dicho agente. Desgraciadamente, el valor esperado de recobro, nuca se produce. O bien se paga, o no se paga. O se suspende pagos, o no se hace. Lo que nunca ocurre es que salga canto al lanzar la moneda (valor estimado entre cara y cruz). Muchas veces los economistas barajamos la incertidumbre de dicha forma, transformándola en términos presentes y desarticulando su “carácter de discontinuidad”. Parece que mucho de ello hay en el origen de la crisis. Conceder una hipoteca a un agente con una probabilidad x de impago (de caer en el paro) parecía quedar diluido en el tratamiento probabilístico del conjunto de agentes que recibían hipotecas, de forma que el valor esperado de cobro de la hipoteca, se asimilaba al valor esperado del recobro del conjunto de hipotecas concedidas por una institución. Desgraciadamente, un cambio en el estado de la economía puso de manifiesto la alta correlación entre todos los beneficiarios de hipotecas, de manera que en su conjunto se comportaron como si fuesen un solo agente y, al caer un alto porcentaje en el paro, dieron lugar a que el recobro de hipotecas entre ellos fuese cero, en lugar de ajustarse a su valor esperado (positivo). (En este sentido es apasionante la lectura de Ian Hacking, El surgimiento de la probabilidad).

Lo que indudablemente falló fue la componente macro de las modelizaciones de riegos de carteras hipotecarias. Los agentes involucrados en la concesión de hipotecas se comportaron como agentes primarios sin expectativas sobre la evolución de la economía. Analizar a un demandante de hipotecas sobre la base “estática” de la economía, un buen vendedor de coches en una empresa importante de automóviles, parecería un buen riesgo por el que apostar “caeteris paribus”. Apostar por él, tendría un riesgo y una distribución polarizada de probabilidad de cobro (o se recobraba la hipoteca, o si el vendedor perdía su empleo, no se recobraba. Pero al apostar por un conjunto de vendedores de coches, la dicotomía del resultado parecía transformarse en una distribución continua, unos perderían el trabajo y otros no, por lo que bastaba para tomar una decisión sobre la concesión y coste de las hipotecas con operar sobre la base del valor esperado de recobro de las mismas. Salvo, claro está, por la variable de estado de la economía. El cambio en la situación general dio lugar a que un muy alto porcentaje perdiesen el empleo, con la consecuencia de que el susodicho valor esperado se pareciese más a la distribución polarizada de un solo agente que a la del conjunto de agentes bajo el supuesto caeteris paribus).

Lo que no debiéramos de hacer los (macro)economistas es repetir el error de efectuar análisis “estáticos”. Loa economía es “muy” dinámica. Es más, sabemos que su ciclicidad es fuente de la dificultad de efectuar análisis económico y es la razón de ser que el mismo tenga que ser probabilista y no determinista. Dicha dificultad solo se puede superar mediante la utilización de complicados modelos que acarrean una alta dosis de modelización teórica y permiten efectuar aplicaciones econométricas sofisticadas en economías reales. Tales modelos no permiten predicciones exactas, y no están exentos de carencias. Pero si los economistas no creemos en ellos, quién lo hará.

«Comentarios sobre los comentarios a la crisis» recibió 3 desde que se publicó el Miércoles 10 de Marzo de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. a dice:

    A MEDIO PLAZO: Nadie renuncia a sus propiedades por fantasiosas que sean (dinero) y a las muletas adquiridas para funcionar en el mundo, así que no hay salida salvo una. Una gran guerra que de mucho trabajo de reconstrucción. Si no es esto será un megaterremoto.
    La avaricia humana no tiene límites.

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