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Comentarios sobre filantropía III: la forma fundacional

Tengo abandonadas mis notas sobre la filantropí­a. Recordemos cuáles eran las intenciones de esas notas. Primero era el porqué de una actividad tan rara. Luego tocaba preguntarnos por la forma fundacional y, finalmente, por la gestión de las fundaciones y por su regulación.

Entro hoy en esa segunda parte de mis notas y las retomo en ese punto porque ha llamado mi atención que el BBVA haya constituí­do una nueva fundación relativamente bien dotada para la concesión de microcréditos y la haya puesto bajo la tutela de una persona que recuerdo como un gran analista de riesgos en general. Para Manolo Mández, en efecto, el riesgo y su gestión eran más que una herramienta, eran todo un programa intelectual.

Volveré sobre esta nueva fundación; pero ahora vayamos con el fondo del asunto: ¿ para qué la forma fundacional en la filantropí­a?

La respuesta no es obvia porque algunas ventajas fiscales de las que goza no son respuesta suficiente. Tampoco me satisface la famosa R.S.C. porque ésta actividad, en la que no creo, más allá de la resposabilidad exigible a cualquier actividad, societaria o undividual, puede ejercerse en cualquier caso de cualquier otra manera desde la casa madre sin necesidad de establecer una entidad diferenciada legalmente.

La verdadera razón para la adopción de la forma fundacional es, creo, doble. Por un lado sirve como señal de buena ciudadaní­a, pues no es racional renunciar a unos fondos para siempre, a no ser que uno sepa que puede hacer algo sensato con ellos. Pero por otro lado también es cierto que si se renucia a esos fondos de manera creí­ble y para siempre al tiempo que se dedican a algo razonable y visible, se contribuye a fijar la marca de la casa.

En este contexto parece claro por lo tanto porqué y para qué se elige la forma fundacional y cabe reflexionar sobre una idea expresada por Becker y Posner en su blog hace bastante tiempo. Afirmaban, de manera me parece que retórica, si no serí­a mejor imponer la obligación de que esos fondos se acabaran gastando del todo en un periodo determinado, digamos treinta años. No cabe duda de que, si esa idea se hiciera ley, el capital fundacional serí­a menor porque aunque todaví­a una señal, la aportación a la marca serí­a menor.

Si alguien pensara que tal como decí­a hace poco lo que importa es desaprecer en el lenguaje, entonces la sugerencia de Becker y Posner podrí­a ser o no dañina dependiendo de si el tiempo fijado para acabar con los fondos fuera suficeinte o no lo fuera para hacer de mi nombre propio un nombre común.

Creo que ninguna de estas reflexiones explica la nueva fundación del BBVA. La fundación que surgió de la fusión del Bilbao y el Vizcaya sigue exixtiendo y parece gozar de buena salud y no creo que su objeto fundacional hubiera prohibido esta nueva actividad. La pregunta es porqué no asume el propio banco esa actvidad crediticia cuando parece que ya se ha mostrado que no es crediticiamente peligrosa.

Mi respuesta es que no lo sé. No encaja en mis esquemas pues parece ser una actividad realmente gratuita en el sentido de arbitraria y lejana a ningún interés societario. Seguiré el asunto con toda atención máxime desde que acabo de leer que la Caixa intoduce esta actividad entre sus negocios rutinarios.

«Comentarios sobre filantropía III: la forma fundacional» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 1 de Marzo de 2007 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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