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Churchill y el autoritarismo

Hací­ ­a años que no visitaba Londres, así­ ­ que, además de visitar la exposición sobre el surrealismo, representado por una muestra del trabajo de Picabia, Man Ray y Duchamps en la Tate Modern, también descubrí­ las War Rooms del gobierno de Churchil durante la IIWW (en las que se reuní­a bajo tierra el gabinete de guerra del Gobierno de su Majestad) así­ como el museo adyacente dedicado a su persona antes y después de ser primer ministro.

Era este hombre un verdadero conservador autoritario y agresivo con extrañas proclividades procaces tal como esperarí­ ­amos hoy de cualquiera de los conservadores que rigen nuestros destinos.

Se inflamaba contra la self-rule para la India y, muy actual su posición, aborrecí­a del apaciguamento ejemplificado a la sazón por el pacto de Munich que, bien cierto es, él supo denunciar desde el principio en contra de los apciguadores que no supieron vislumbrar lo que vení­a.

Sus argumentos todaví­ ­a valdrí­an para cualquier intolerante y especialmente para nuestros obispos o para denigrar la estrategia antiterrorista de Zapatero. A nadie puede extrañar por lo tanto que este museo no haya sido financiado por el gobierno laborista.

¿Era una personalidad así­ ­ necesaria para ganar la guerra? JO, con quien comparto esta visita, cree que sí­ ­, que el conocimiento común por parte de todos, de una figura única y simbólica hace mucho más fácil la coordinación de los diferentes esfuerzos bélicos. Lo que, dicho sea de paso y entre economistas, se traduce tanbién en una especie de canto al capitalismo autoritario como, por ejemplo, el de Singapore. Un corolario que me hace defender lo prescindible de figuras como la de Churchil.

En efecto, yo creo que no, que para ganar la guerra hubiera bastado con una buena red de gente mediocre y respetuosa con los demás tal como seguramente eran aquellos militares que se pasaron media guerra en la topera. Y que no quiero vivir en Sigapore aunque la autoridad haya diseñaado un manojo de reglas inteligentes y haya provisto los incentivos adecuados para la creación de riqueza.

«Churchill y el autoritarismo» recibió 0 desde que se publicó el Martes 18 de Marzo de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. kueli dice:

    Querido Juan:

    Por favor, sáltate tu absurda norma de los tres días y publica esto donde corresponde. Feliz semana ampurdanesa. K.

    Querido Juan:

    Me gusta tu ejemplo porque combina los tres conceptos de coste más
    escurridizos y más difíciles de entender en economía: coste de oportunidad, valor opción y coste hundido. Recuérdame que una tarde de estas, cuando acabe mi novela, les dediquemos una cuantas horas, porque creo que merecen la pena.

    En realidad, Jo aflojó las sesenta esterlinas a cambio de una opción: la de
    poder trabajar en cualquier momento durante esos tres días. Concentrado en
    sus asuntos y con la tranquilidad que te da saber que estás debidamente
    conectado y que nadie te minutea. Si interpretamos su compra de esta
    manera, no tiene sentido hablar de pérdida. El pagó las sesenta por una
    opción y no la ejercitó porque surgió otra mejor: pasear contigo por las
    calles de Londres. Como en la canción. Que hubiera otra tarifa de tres
    peniques por minuto es irrelevante. A Jo nunca le interesó porque desde el
    primer momento decidió no conectarse de esa manera.

    Una vez pagadas, las sesenta libras se convirtieron en un coste hundido y Jo hizo lo correcto al tratarlo como tal. Si se hubiera quedado a trabajar con la única intención de “amortizar” su compra, la conexión le habría salido todavía más cara. Habría pagado, además, su coste de oportunidad. O sea, el valor del paseo contigo que se habría perdido. Que tu usaras su conexión y que de paso disfrutaras del privilegio de tocar el mejor portátil del mercado no cambió sus costes en ningún sentido. Si hubiera querido, te habría podido vender ese servicio en el mercado secundario. Pero Jo es un caballero y eso no se le hace a un amigo.

  2. El argumento de Jo da por implícito que existen identidades únicas y homogéneas amplias, por tanto que existe un cuerpo político unánime. Es la idea de que el dictador, cuando representa una opinión unánime no es tal y es más eficiente.

    La cuestión es que es dudoso que en el territorio del cuerpo político, de cualquier cuerpo político, todos quieran “ganar la guerra” que sea. Esto se ve más claro si en vez de aplicarlo a la Gran Bretaña del 39 o a la política económica del Singapur de hoy lo aplicamos a la identidad musulmana o a la vasco-independentista. ¿Realmente necesitamos un Bin Laden o un Pakito? Ah! Claro… ahí, cuando se toca el identitarismo de otros nos acordamos de que el coste de la “eficacia” autoritaria es la diversidad… porque ahí los diversos, las víctimas potenciales, somos nosotros.

    También tiene un fondo paralelo al debate sobre las rentas y las economías de escala. En ese caso, el argumento de Jo, como diría Bujarin, es “economía política del rentista” 🙂

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