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Ceret, ser y vivir

Pensar en la manera de trabajar de este hombre mallorquín me hace reflexionar sobre la posibilidad de que hay quien puede superar la brecha entre ser y vivir.

ceretEl 17 de agosto fuimos a Ceret. En mala hora elgimos ese día. Miles de automóviles de mátrícula francesa abarrotaban la autopista AP7 a la Junquera y durante dos horas estuvimos encerrados en los últimos 20 kms de esta ruta. Aparte de lo orgulloso que estoy por la conversación dentro de nuestro vehículo, que nunca se vió alterada por lo que hubiera sido una taque de nervios perfectamente comprensible, llegar a Ceret fue un acontecimiento festivo para mí. Es un pueblecito catalán ubicado en Francia. Ceret ES Cataluña pero VIVE en Francia.

No hay más que mirar a la gente por el centro de este pueblecito para darse cuenta de que desde los camareros a las trabajadoras del maravilloso museo de arte contemporáneo son catalanes, se parecen como dos gotas de agua a sus vecinos de veinte kms. al sur y hablan catalán. Pero siglos de pertenecer administrativamente a un Departamento de Francia se notan en muchos detalles, desde los plátanos que bordean la calle principal hasta el mercadillo de los sábados a dos pasos de esa calle principal.

Los plátanos son enormes, como los de la Dehesa de Girona capital, una similitud nada rara porque unos y otros fueron plantados por las tropas de Napoleón hace dos siglos. O sea que Girona debe a Francia su amable forma de vida que le hace una de las capitales de Cataluña y de España de mayor nivel de vida. Y los plátanos me recuerdan a mi infancia cuando pasaba a menudo por una calle del barrio del Carmen de Neguri bordeada de estos árboles que para mí siguen siendo el árbol por antonomasia. O cuando volvía casa por la Avenida de Basagoiti, en Algorta, siempre preguntándome como se podían unir dos árboles por su copa.

Una muestra de buen nivel de vida es justamente el mercadillo de los sábados. Es difícil encontrar libros en un mercadillo a esta lado de la frontera, pero en Ceret había un jóven señor que exhibía unos libros bien interesantes. No pude resistirme y me compré dos libros de los años 80 sobre Nietzsche. Uno, de un tal Éric Blondel, con un título bien sugerente: Nietzsche, le corps el la culture. Y un segundo de Safranski, Nietzsche, biografía de su pensamiento, un título que también permite recordar que no hay filosofía sin bio.

Y a otros dos pasos del mercadillo, de vuelta a la calle principal visitamos por fin el museo y especialmente la exposicón temporal de Miquel Barceló quien me sorprende una vez más elaborando con la arcilla cocida verdaderas joyas de alfarero. Pensar en la manera de trabajar de este hombre mallorquín me hace reflexionar sobre la posibilidad de que hay quien puede superar la brecha entre ser y vivir.

«Ceret, ser y vivir» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 4 de Septiembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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