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LXXV: Buenas maneras o sustancia

Las buenas maneras han abierto muchas puertas a la economía que ha penetrado en los entresijos de posibles explicaciones de fenómenos sociales en principio ajenos al corpus básico como son, ejemplos paradigmáticos, el matrimonio (o su ruptura) o el suicidio.

John KaySiempre compro el FT los miércoles pues me gusta ensuciarme las manos de tinta rosácea mientras leo, entre otros, a John Kay a cuya columna semanal me he referido muchas veces (como por ejemplo aquí y aquí). El miércoles de la semana pasada su columna se titulaba “Economists: there is no such thing as the «economic approach» y se destacaba en negrita lo siguiente:

Economics is not a method but a subject, one that is defined by the problems it sets out to tackle not by the techniques it uses.

Mi entusiasmo inicial se fue desvaneciendo a medida que iba leyendo el contenido del artículo y se tornó en rabia al final. De primeras me gustó que Kay me recordara el artículo académico del Premio Nobel Gary Becker en el que describe el planteamiento económico como aquel que trata de combinar los supuestos de comportamiento maximizador, equilibrio de mercado y preferencias estables. Tres supuestos que juntos conforman el llamado planteamiento económico. Lo que yo llamaría las «buenas maneras» sin duda obligatorias en los salones de esa especialidad de las ciencias sociales que denominamos Economía con mayúscula. Y estas buenas maneras han abierto muchas puertas a la economía que ha penetrado en los entresijos de posibles explicaciones de fenómenos sociales en principio ajenos al corpus básico como son, ejemplos paradigmáticos, el matrimonio (o su ruptura) o el suicidio.

Sin embargo me parece de justicia reconocer que, como el mismo Kay comenta de pasada, los resultados de estas buenas maneras en temas como los dos citados no son muy iluminadores. Esta aparente limitación del planteamiento económico junto con el deseo genuino de acercarnos al verdadero conocimiento, sobre esas dos u otras materias, ha hecho surgir formas de atacar los problemas intelectuales en las que el comportamiento maximizador no es siempre la regla a seguir y pude ser sustituido por una actitud más ambigua que llamamos optimizadora, las preferencias varían con la experiencia y, en cualquier caso no sabemos cómo se forman y el sistema social de que se trate no está siempre en equilibrio.

El surgimiento de la llamada Behavioral Economics que pretende incluir en el análisis las formas de comportamiento de los agentes individuales no ha rendido hasta ahora un corpus central de doctrina comparable al que surge del uso sistemático de lo que Becker llamó el Economic Approach. Se ha limitado más bien a examinar cuestiones específicas obteniendo explicaciones o hipótesis que deben ser cotejadas por experimentos llevados a cabo en el seno de la hermana llamada Experimental Economics. Esto es lo que Kay pensaría es lo realmente definitorio de la economía, más que el método destacado por Becker. Esto sería lo que yo llamo «sustancia» oponiéndola a las «buenas maneras». De la comparación entre buenas maneras y método surge mi discrepancia y mi desilusión final con la columna que estoy glosando.

En primer lugar no me parece necesario perder el tiempo en cuestiones de delimitación conceptual, pero si nos metemos en ese jardín, creo sinceramente que, en segundo lugar, las «buenas maneras» son más fructíferas que la adoración del realismo sustancial y eso es así porque, como decía el Kay que yo admiro, lo que atraviesa las apariencias es el pensamiento oblicuo. De ahí que el llamamiento a los economistas para que despierten si bien es oportuno en principio, dado el fracaso del planteamiento macroeconómico de equilibrio que ha desvelado la crisis, resulta contraproducente si lo tenemos que tomarlo como una crítica de las «buenas maneras».

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