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BOTH:NOT OBVIOUS, NOT TRUE

Lo que sigue es un comentario de Ramón Botas a mi post Both. Es demasiado largo para aceptarlo como mero comentario así que lo cuelgo como una entrada de un posible BGB (Blogless Guest Blogger). Por otro lado como mi router del Ampurdán me ha dado problemas no he tenido tiempo de, a mi vez, hacer los comentarios precisos a este comentario y, si ahora me demorara en hacerlos, las ideas de Ramón quedarían quizá un poco anticuadas. Sin embargo me permito la advertencia general de que no estoy necesriamente de acuerdo con las ideas que defiende lo que es fácil de captar con leer el artículo que ayer publiqué en Expansión. Pero basta de avisos y ahí tienen los párrafos que me envía Ramón Botas.

BOTH: NOT OBVIOUS, NOT TRUE

Es deprimente leer en diagonal – no merecen otra actitud – el compendio de las discusiones y medidas acordadas en las reuniones de G-20 y cumbres anexas, y detectar la pobreza o superficialidad de la capacidad de análisis económico de nuestros líderes económicos y de sus supuestos sherpas o funcionarios de segundo nivel. Me da la impresión de que casi “se sabía más economía” en los años treinta y cuarenta del pasado siglo, a pesar de los errores en el diagnóstico y tratamiento de la Gran Depresión. Y en cualquier caso los Hoover, Roosevelt, Chamberlain, Laval y Schacht se enfrentaban a una situación de crisis extrema por primera vez, y nada podía aprender del pasado.

Ochenta años más tarde nos empezamos a dar cuenta de que no sólo “in the long run we are all dead” , según parece que escribió o dijo Keynes, sino que ya estamos muertos en el corto plazo de hoy mismo. Y lógicamente sin capacidad intelectual de reacccionar y poner en marcha nuestra resurrección, a pesar de que estamos en Semana Santa y el próximo domingo se celebra justamente ese maravilloso mecanismo – claro que circunscrito a un personaje concreto. Dan ganas de simplemente rezar cuando comprobamos las obviedades, erróneas muchas de ellas, que se despliegan en el debate sobre la falsa alternativa entre política fiscal expansiva y políticas de reforma estructural de mercados concretos como el laboral – que como siempre se invoca, “hay que flexibilizar” – y el financiero, que se descubre ahora que hay que regular.

De momento el voto mayoritario es en contra de la política fiscal, que no gusta porque por una parte se supone que el sector público gasta de forma más ineficiente que el privado y porque la suma intertemporal de flujos de déficits públicos se traduce en aumentos del stock de deuda pública incompatibles con la estabilidad a largo plazo de las economías. Y ya se empieza a difundir la certidumbre que el “paquete euro” elimina la posibilidad de una política monetaria a la medida de cada país y limita seriamente el margen del diseño individual de las políticas fiscales expansivas a través de la regla del 3% del Pacto de Estabilidad. Son algunos de los costes de formar parte de una unión monetaria tan virtuosa u ortodoxa. No empiezan a salir las cuentas de la buena reputación compartida con las economías – y monedas – fuertes. Ahora parece que la mala fama de la mujer del César se contagia desde Alemania hasta Irlanda, por no hablar de Portugal y España.

Pero claro, si hay poco o ningún margen para la reactivación fiscal de las economías en recesión, no pasa nada porque tenemos a cambio la opción de las políticas estructurales. Flexibilizar los mercados, excepto los financieros, que hay que regular porque son ya tan flexibles que es difícil para los agentes económicos entender lo que compran y venden, y más imposible aún computar los riesgos implícitos que se redistribuyen en las transacciones. Otro día veremos que regular las conductas de las instituciones financieras para mejorar los mecanismos de cómputo y de intercambio de riesgo, y en definitiva penalizar un sistema de incentivos tan perverso como el actual, que favorece la explotación de las situaciones de información asimétrica y de los altos costes de evaluación del riesgo-rentabilidad de muchos activos, puede ser bastante complicado. Y es que muchos agentes – o “players” del divertido juego de los bonuses a costa de los pobres ignorantes que no los tienen – no se van a dejar regular tan fácilmente. A nadie le gusta perder sus rentas de situación. Si uno es listo y guapo y tiene MBA, por qué no va a redistribuirse hacia sí mismo un poco del dinero de los que no lo son, de los que son simplemente ahorradores despistados… Pero no son sólo los yuppies de Serrano y Castellana los que rechazan las políticas bienpensantes y virtuosas del G-20.

Vaya, tampoco los trabajadores empleados quieren que, a sensu contrario, se desregule o flexibilice el mercado de trabajo.¿ A dónde iríamos a llegar; al despido libre, a las reducciones de salarios reales, o en definitiva al libertinaje capitalista…?.Entonces, por ahí va a ser también complicado. Paciencia. Esto de las políticas estructurales, ya se sabe, es algo formidable, pero tan difícil de implementar, que siempre se recomienda – es una de las recetas favoritas del FMI y de la OCDE;estos reputados organismos internacionales saben que los gobiernos no les van a hacer caso (no llores por mí Argentina), pero se quedan tan tranquilos con su contribución a la estabilidad macroeconómica de los países con problemas – porque no cuesta nada prescribirlo y más difícil es lidiar con las políticas monetarias y fiscales, donde nadie admite que le saquen los colores.¿Influye realmente el Fondo Monetario Internacional en la performance económica de los países miembros?.Estoy sonriendo.

Por eso, por la pobreza intelectual de esa colección de obviedades de dudosa consistencia empírica de nuestro pensamiento único, ahora estamos en la falsa disyuntiva entre política fiscal expansiva, que se puede pero no se debe hacer, y reformas estructurales (regulación financiera y flexibilización en el resto de los mercados), que se deben pero no se van a hacer; al menos no en el corto plazo inmediato que requiere la pavorosa situación actual del sector real de las economías. La disyuntiva es obvia pero falsa, porque se pueden y se deben utilizar las dos opciones, cada una a su plazo y ritmo. La expansión fiscal mejor ayer que hoy, es una medida urgente y una señal ineludible a corto plazo. Las reformas estructurales también se deben anunciar y formular ahora; es otra señal necesaria. Otra cosa es el cuando y cómo se lleven a cabo. Pero lo que el G-20 nos ofrece no es nada más que ese patético anuncio de la cruzada contra los paraísos fiscales y las divergencias sobre la oportunidad de un impacto fiscal suficientemente expansivo. Aunque nos guste mucho Barack Hussein Obama, creo que estábamos técnicamente mejor dotados con Herbert Hoover. Al menos en teoría económica, que en medicina se ha progresado mucho.

Que Dios reparta suerte. Y que empecemos a resucitar a partir del próximo domingo aprovechando el tirón de la Semana Santa. Alianza de religiones, eso.

Ramón Botas Vigón

«BOTH:NOT OBVIOUS, NOT TRUE» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 9 de Abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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