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Bolsas, transparencia y diversidad

Se habla de los Mercados como unas fuerzas telúricas que obligan a los Estados a comportarse de ciertas maneras no necesariamente aprobadas por sus ciudadanos. ¿Qué diría Hegel? ¿Sería para él el Mercado como una encarnación del Espíritu Universal alternativa al Estado? Antes de contestar a esta pregunta filosófica debemos recordar que cuando últimamente se menciona palabra Mercados, nos estamos refiriendo a los Excahanges (Bolsas) o, lo que es equivalente, a los Mercados organizados en los que se intercambian títulos valores de diverso tipo y todos ellos relacionados directa o indirectamente con las posibilidades de un Estado de financiar sus déficits y conservar su independencia. Si queremos contestar siquiera mínimamente la posición de Hegel en su Fenomenología del Espíritu es imprescindible problematizar previamente la aportación de estos Mercados a la transparencia y al mantenimiento de las ventajas derivadas de la diversidad como garantía de resiliencia de este sistema complejo que es hoy la economía global.

Dejemos pues de pensar en mercadillos domingueros y pensemos en los mercados organizados de materias primas o de futuros sobre ellas y, especialmente, en el Mercado de Valores (Bolsa) en el que compradores y vendedores, a través de agentes especializados, contratan con el denominado Mercado que es el artefacto intelectual y ya digital que garantiza que los títulos valores comprados serán declarados propiedad de dicho comprador, apuntados como tales en los almacenes de datos del artefacto, al tiempo que el dinero contante y sonante es entregado al vendedor o depositado en su cuenta con el intermediario que está capacitado para intermediar en este Mercado que, a su vez y como tal, mantiene una cámara de compensación y genera información ordenada y transparentes de cantidades intercambiadas y de los precios a los que se han efectuado las transacciones .

Teniendo en cuenta esas características no es de extrañar que una Bolsa, Mercado de Valores o Stock Exchange, cotice a su vez en esa misma Bolsa, algo que tiene algo de mágico pues parece filosóficamente imposible, pero que es muy útil pues permite la especialización o su contrario, la diferenciación de costes, las eventuales fusiones entre Bolsas e incluso la competencia entre ellas basada en la calidad de los servicios. A pesar de este milagro resulta que las Bolsas en general están perdiendo transacciones ya que muchas de éstas se han empezado a realizar a través de otras instituciones distintas que, sin contar con todas las características que hemos mencionado, sí cuentan con un hacedor de mercado ( market maker) que juega el papel de intermediario y garante de una clearing house (cámara de compensación) en algún producto financiero novedoso (generalmente derivado de productos más básicos) y que no es un pool ciego sino que cruza demandas y ofertas concretas de demandantes y oferentes bien identificados que se ponen de acuerdo over the counter.

En estas circunstancias cabe pensar de manera natural en fusiones entre ellas como la que dio resultado en España a Bolsas y Mercados Españoles (BME). El fenómeno es, desde luego, general tal como muestran las últimas noticias sobre la oferta de la Deutsche Börse sobre el NY Stock Exchange (y su rama Euronext que actúa en productos distintos que las acciones) y de la de Londres sobre la de Toronto, pendientes ambas de aprobación administrativa. Estas ofertas de compra y las posibles fusiones inmediatas nos hacen pensar en dos temas básicos y necesarios para contestar a nuestra pregunta filosófica: la transparencia y la diversidad.

Con relación a la transparencia preguntémonos sobre las posibles y paradójicas ventajas asociadas a la falta de transparencia, es decir sobre las ventajas que mercados over the counter, o suficientemente dispersos, pueden tener sobre lo que he llamado Exchanges. Como explican M.A de Frutos y C. Manzano en un artículo del 2002 en el Journal of Finance nº 57, en este segundo caso las ofertas de precios, de compra y de venta, son públicas de forma que los intermediarios con acceso al mercado conocen los precios ofrecidos por sus competidores. En el primer caso los acuerdos son bilaterales de manera que los intermediarios no saben si están en línea o no con sus competidores. Desde el punto de vista del inversor es más ventajoso este segundo caso porque los intermediarios que necesitan alcanzar un cierto nivel de transacciones para mantener su negocio no pueden arriesgarse a ofrecer solamente diferenciales marginales para atraer clientes sino que es inteligente por su parte ofrecer condiciones agresivamente mejores para el inversor.

En cuanto a la diversidad cabe preguntarse sobre la relación existente entre la resiliencia de los Exchanges y la diversidad que pueda existir entre ellos especialmente a la luz de las tendencias a fusionarse para luchar contra la competencia de los pequeños cuasi-mercados que emergen al compás de la invención de nuevos productos financieros. Estudios bien conocidos (por ejemplo Ulanowicz et al. en el nº 14 del Journal of Future Studies, 2010 ) sobre problemas análogos nos hacen sospechar que la diversidad de Mercados ayudaría a la resiliencia del sistema económico por una razón que, de manera intuitiva, podríamos asimilar al efecto de los cortafuegos que impiden el contagio generalizado. Ventaja, notémoslo, que se acrecienta con las ventajas mencionadas de una cierta opacidad.

No entonemos loas a la concentración de Mercados por presuntos argumentos de igualdad de oportunidades para la diversificación de carteras en los distintos lugares o posiciones sociales desde los que se actúe como inversor. Defendamos más bien la diversidad y una cierta opacidad como formas de evitar crisis como la financiera del 2008. La opacidad adecuada anima a los inversores lo que hace de los Exchanges lo que nunca han debido dejar de ser, el motor de la creación de riqueza a través de la canalización productiva del ahorro, y la diversidad en general colabora a la resiliencia del sistema. En estas condiciones creo que hemos puesto en un brete a Hegel. La encarnación que daría sentido a los anhelos del Espíritu no sería el Estado con sus sesgos homogeneizadores, sino los Mercados con sus posibilidades de diversidad y de aprovechamiento de todas las oportunidades.

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