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LXV: Big Data

Tenemos pues nuevos mercados para tres mercancías en principio diferenciadas, el de datos, el de información y el de conocimiento. En cada uno de ellos se intercambia un bien y cabe preguntarse si se trata de un bien privado cuyo uso es rival (más para ti, menos para mí) y excluyente (si lo uso yo tu ya no puedes utilizarlo) o se trata de un bien público en cuyo consumo no hay ni rivalidad ni exclusión.

digitalcityDe repente y casi sin aviso previo, como la cosa más natural del mundo, ha surgido en las conversaciones cultas o en diarios nada especializados, este animal lingüístico:Big Data. Incluso está ya traducido el libro de este mismo año titulado Big data. La revolución de los datos masivos. Es algo que tenía que llegar como última y previsible manifestación de las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). Se trata de una herramienta o familia de herramientas en permanente evolución que permite almacenar, ordenar y gestionar la inmensidad de datos acumulados por empresas y organizaciones de todo tipo: supermercados, bancos, seguros, empresas eléctricas administraciones etc. pero que, claramente, también pueden ser utilizados por otros a quienes se les pueden vender.

Como un ejemplo tonto pensemos en los datos sobre clientes que puede almacenar un banco a través del uso de la tarjeta de crédito sobre las posibilidades financieras de un cliente así como sobre sus gustos, por ejemplo culturales, en materia de viajes, ópera, teatro o cine. Es posible que yo, que me dedico a manejar una web de contactos entre viudos maduritos, esté dispuesto a pagar por esos datos más o menos agregados y mejor o peor identificados a fin de mejorar el servicio que ofrezco a una clientela muy especial. Y también es posible que no solo esté interesado en esos datos brutos sino también en la herramienta que me permita optimizar su uso convirtiendo los simples datos en información estructurada con la que no podría contar en principio cualquier competidor mío que no tenga acceso a una herramienta similar.

Una cuestión interesante que el ejemplo pone de manifiesto es que no solo hay aquí un mercado de datos crudos, sino también un mercado complementario de herramientas para que el cliente de datos pueda generar la información que le interesa. Lo normal, además, es que cada empresa en su sector quiera los datos y la herramienta para organizarlos, pero que prefiera elaborar sus propias aplicaciones pues solo ella sabe lo que quiere hacer con los datos que genera o compra. Dicho de otra manera, una vez los datos se transforman en información intercambiable, cada posible usuario tiene que trasformar esa información en conocimiento útil para aquellos aspectos que solo ella sabe que le interesan. Informacion y conocimiento no son lo mismo aunque el primero exija, en general la segunda.

Tenemos pues nuevos mercados para tres mercancías en principio diferenciadas, el de datos, el de información y el de conocimiento. En cada uno de ellos se intercambia un bien y cabe preguntarse si se trata de un bien privado cuyo uso es rival (más para ti, menos para mí) y excluyente (si lo uso yo tu ya no puedes utilizarlo) o se trata de un bien público en cuyo consumo no hay ni rivalidad ni exclusión. No parecería haber duda sobre los datos: se trataría de un bien privado de quien los genera y almacena aunque podríamos discutir sobre la conveniencia de su propiedad privada intelectual. Tampoco cabe duda sobre lo que he llamado conocimiento: vuelve a tratarse de un bien privado de aquel que lo ha elaborado cuya propiedad no tendría porqué ser ambicionada por nadie.

Pero ¿qué decir de la información o sistematización de los datos mediante una herramienta determinada? Puede ser un bien privado que el mercado suministra en cantidades adecuadas pero también pude tratarse de un bien público que el mercado infraproduciría sistemáticamente. En este caso nos enfrentamos a un pequeño rompecabezas pues cabría que la propiedad no fuera, como en los bienes públicos, propiedad el Estado que los debe producir a fin de no caer en el infraproducción, sino cabría que todos los generadores de datos se pusieran de acuerdo para compartir y hacer públicos todos los datos y todas las herramientas poniéndolos por ejemplo en una nube conformada por la integración de todas las nubes, una por cada generador de información. Como ya nos contó Ronald Coase un faro, típico ejemplo de bien público, puede producirse en la cantidad óptima de forma privada.

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