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Bailando con la incertidumbre

No es bailar con lobos, es mucho peor pues no sabemos con quien bailamos. Es, más bien, como bailar en la oscuridad. Consideremos tres acontecimientos más o menos recientes. La explosión de la burbuja inmobiliaria, le revolución de la juventud árabe y el terremoto/maremoto de Japón con los probelmas nucleares asociados. En los tres casos, y con independencia de que alguien los haya predicho o no, existía una forma estándar y creible de calcular la probabilidad de ciertos estados de la naturaleza, pero no existía algo similar para prever ciertos acontecimientos más allá del límite fijado para las consideraciones probabilísticas. El riesgo está domado, pero la incertidumbre parece irreductible y, a la vez, cada día más relevante. ¿Con quién estoy obligado a bailar? ¿En qué condiciones voy a bailar?

Mis posibles parejas de baile van a ir variando y escorándose hacia lo que Taleb llamó Cisnes Negros, es decir acontecimientos puros incomprensibles en el listado pasado de estados de la naturaleza, acontecimiintos diferenciados por el mero hecho de ser imaginados u observados por unos o por otros. Utilizando el título de una pélícula de éxito, Black Swan – no the Black Swan – podríamos decir, como medecía mi amigo JC, que Apolo se ha dado cuenta de que su coraza delimitadora del mundo tiene fisuras por donde se oyen las risas de Dionisos. Risas que no pueden ser caracterizadas unívocamente.

Podemos y debemos continuar usando los modelos más sofisticados de predicción en forma de supuesto mecanismo estocástico generador de datos que se actualiza marginalmente con cada nuevo dato, pero debemos ser conscientes de que esto no nos sirve para domar la incertidumbre salvaje que nos asuta cuando la asociamos, no con cisnes negros, sino con lobos que nos pueden desgarrar las carnes.

Sabemos o creemos saber que domar la incertidumbre exige una forma de pensar distinta de las más sofisticadas maquinarias inductivas. Algo deberemos imaginar respecto a esa forma de pensar, pero mientras tanto lo más sensato es renunciar a calcular nada y concentranos en manejar, gestionar, lo que seguiremos llamando riesgos – quizá ya con comillas – pero que son verdaderos acontecimientos que deben ir pasando de inconcebibles a imaginables para más tarde quizás ser calculables en algún sentido que yo no imagino.

Cómo imaginar los acontecimientos se me escapa, pero puedo arriesgar alguna idea al respecto. Condición necesaria es no olvidar la reflexividad de los acontecimientos. Nuestra opinión sobre ellos influye en su realización por lo que va a ser necesario controlar las opiniones no en el sentido de censurarlas, tal como a veces parece insinuarse por el autoritarismo ambiental, sino en el sentido de clasificar y medir las opiniones de forma inteligente y flexible. Y a la luz de esa clasificacion o catalogación ser capaces de ampliar el abanico de nuestra imaginación propia mediante la imaginación dispersa que hay en un mundo demasiado parcelado hoy. Deberíamos ser capaces de amasar juntas las literaturas locales, las filosofías académicas, míticas o de autoayuda, incluyendo sus relaciones entre ellas, las intuiciones psicológicas y las descripciones sociológicas más todo aquello que se nos vaya ocurriendo.

Con todos estos prejuicios deberíamos preguntarnos por las formas de manejar esa información. La gran diferencia es que ahora no estamos intentando utilizar las ideas para maximizar un aspecto de la realidad sino para procurar el mantenimiento del sistema. Podríamos decir, utilizando una terminología que me aclaraba JA el otro día en la Panadería, que no nos preocuparemos tanto por la resistencia sino por la resiliencia o capacidad de renacer, de reinventarse, de durar. Aquí la ecología en cualquiera de sus ramas puede ayudarnos mucho, pero permitiéndome una terminología un tanto casera la actitud intelectual que nos interesa es una forma poco intuitiva de defenderse de las “aguadillas” no tratando de elevar la cabeza contra la presión de quien nos la hunde en el agua, sino sumergiéndonos aun más y desplazándonos lateralmente para poder emerger por otro lado insospechado.

Esto es algo dificil para los economistas que no logramos entender la diferenciación que muchos otros hacen entre eficiencia y eficacia. Esta eficacia podría ser el correlato de la resiliencia. Puede no ser un óptimo paretaino, lo único eficiente para un economista,pero permite una mayor solidez de un sistema que no necesariamente persigue el bien social quizá porque no sabe muy bien qué cosa sea eso del bien social.

Pero no nos olvidemos a la hora de domar la incertidumbre de otras muchas ramas del saber respetables o no. La filosofía parece imprescindible aunque solo fuera para identificar lo que entendemos por acontecimiento y la física nos puede servir para acercarnos a los secretos de la mecánica cuántica que, me dicen, podría hacernos vislumbrar la naturalezade lo que entendemos por acontecimiento.

Pero no olvidemos la literatura. Es nuestro único instrumento para lograr integrar en nuestra capacidad de resiliencia los acontecimientos secretos. Pensemos en el paseo por el jardín del viejo Niels Bohr en Copenhagen acompañado del jóven Heisenberg. De haberlo podido observar y escuchar el destino bélico de la energía nuclear podría haber sido distinto. Y ya que no lo observamos en su momento todavía podemos imaginarlo con la ayuda de la inspiración literaria ayudada en este caso por los conocimientos de sus correspondientes psicologías y de la posición de uno y otro en sus correspondientes sociedades de su tiempo.

No puedo terminar sin afirmar que esta propuesta de actuación exige una redefinición de los think tanks y, sobre todo, un aprendizaje del baile como instrumento de conocimiento. No tenemos más remedio que bailar con la incertidumbre aunque a veces los acontecimientos, que son su contenido ineludible, se disfracen de lobos. Aquí parecería encajar el final del discurso nobel de Vargas Llosa: “Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando,leyendo y escribendo, la más eficaz manera que hayamo encontrado de alivar nuestra condición perecedera, de derrotar la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible”. ¡Bailemos!

«Bailando con la incertidumbre» recibió 3 desde que se publicó el viernes 18 de marzo de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Hablando de incertidumbre y recogiendo lo que hablábamos el otro día ¿te gustó la relectura indiana de Lawrence al servicio de las empresas en la red?

    «Las empresas piensan en términos de riesgos, pero un mundo en red, un mundo complejo, es un mundo de incertidumbres. Los riesgos nos cuentan qué necesitamos para resistir. Pero las incertidumbres nos señalan qué caminos nos obligarán a reinventarnos. Las estrategias de defensa en red para una marca son estrategias de resistencia. Pero hay que pensar también en términos de resiliencia.

    No es un simple juego de palabras: puede que en algún momento el swarming sea incontenible, que resistir sólo genere más daños. Entoces hay que dispersarse, cambiar de lógica y asumir que Lawrence cabalga con nosotros, liderando la dispersión, la difuminación en el desierto… sólo para volver a concentrarnos en otro punto, en otro lugar, sobre otro debate… en el que los antagonistas no nos esperen.»

  2. juan urrutia dice:

    Mi post no es independiente de esas ideas y de la buena conversación en la panadería.

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  1. […] este post dedicado a la incertidumbre radical que enfrentamos, trataba , como de paso, de distinguir entre […]

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