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Avispas y adelfas

El ruido se despierta con el sol. Oigo ruidos sospechosos que provienen de la bodega, justo al lado del pabellón de invitados. Algo que ver con los ruiditos de Madrid a raíz de la llamada de alarma. Justamente, pienso ahora, es la bodega lo que no investigué en Madrid.

Pero mi oído mejora de manera preocupante. Ayer por ejemplo me embuché, al tratar de respirar en mi crawl improvisado, un buen bocado de avispas que parecían ahogadas en el agua de la piscina. Pensé o temí que no lo estuvieran del todo y que podían picarme en el esófago por ejemplo. Salté del agua y me comí un par de pétalos de adelfa, una flor conocidamente venenosa, pensando que esos escasos pétalos solo me producirían un pequeño mareo a añadir al que siento normalmente con estos niveles de azúcar en sangre que tengo y matarían a las avispas vivas y aterrorizadas de encontrarse a oscuras y rodeadas de materia viscosa. En un par de minutos comencé a escuchar por vía intravenosa un escándaloso sonido de batalla campal dentro de mi cuerpo.

No sé cómo acabó la batalla, pero les aseguro que no creo que la furia que Tolstoi describe en Guerra y Paz sonara más estruendosa que esa batalla de venenos que se libró en mi interior y que, supongo, yo soy el único que pudo oírla.

Sí, gracias, pero estoy muy bien. Físicamente quiero decir porque en cuanto al terror no hago sino pensar en posibles intrusos

«Avispas y adelfas» recibió 0 desde que se publicó el sábado 6 de agosto de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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