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Atonement

No he leí­do Atonement de Ian Mac Ewan aunque, como el libro de Coetze del que hablaba hace unos dí­as en un minipost, Diary of a bad year, ha seguido su camino secreto por los vericuetos de mi casa. Pero acabo de ver la pelí­cula (Atonement) y mis quejas se refieren justamente a algo que está en la novela.

No me quejo de la hollywoodiense retirada de Dunkerke recreada con la precisión a la que el cine británico nos tiene acostumbrados. Es más de la tercera parte de la pelí­cula y aburre a las ovejas por lo previsible que resulta. Tampoco dejo de admirar ciertos manierismos expositivos con vueltas atrás de la cámara y otras mañas interesantes. Debo confesar que estoy un poco aburrido de la obsesión británica con la versión doméstica de la lucha de clases. Bien sabido es que la sociedad británica es muy clasista; pero es ciertamente pesado que siempre tengamos que ver con unción las terribles tribulaciones que acarrea a los protagonistas el amor interclasista entre la señorita y el hijo del ama de llaves.

Pero no encuentro nada en el relato de lo que la jóven escritora tenga que arrepentirse ni por lo que deba sentir culpa y deba expiar. Se me hace inverosimil lo que parece ser el eje de la narración. Ocurre que un ataque de celos adolescentes desencadena unos acontecimientos terribles en la medida que la frustración amorosa puede ser terrible y no un tanto risible.

Para el espectador esos acontecimientos resultan estúpidos e increí­bles a la luz de lo que se ve pues lo que se ve, en relación a una violación, es una muestra de la estupidez de la policí­a inglesa. Quizá nos quieren hacer creer que también la policí­a y la subsiguiente justicia están condicionadas por la clase social. Esta declaración no hubiera estado mal; pero no es este el camino que escritor de la novela o el director de la pelí­cula parecen haber elegido.

En consecuencia más que un drama, la presunta tragedia de los dos amantes se me aparece como una tonterí­a, máxime cuando su destino hubiera sido el mismo con o sin delación de la precoz escritora.

Por eso la aparición final de Vanessa Redgrave, aunque emiciona al espectador que, como yo, le ha sido fiel desde Blow-up al menos, pero lo hace por razones inadecuadas. Emociona la excelencia de su actuación; pero es casi un delito que esta aparición no sea más que un toque efectista que, en ningún caso se hace imprescindible y sigue sin justificar la culpa de esta mujer que se atormenta, yo dirí­a, por el placer de hacerlo.

Vayan a verla y disfruten de esos jardines ingleses de interminables parterres y de la espalda de su protagonista femenina en su traje de noche verde. Pero no se les ocurra comparar esta muestra tramposa de cine de calidad con The Go-between, una obra maestra de Joseph Losey quien, con los mismos elementos localistas, desmenuza un mito de nuestro tiempo.

«Atonement» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 23 de Enero de 2008 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Juan Urrutia.

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  1. Rafa dice:

    El sabado pasado adquiri, por una mezcla de casualidad y razones parecidas a las tuyas, la misma novela de Goetze. Anado que sin haber leido tu minipost.
    Tu hijo

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